Miranda Saavedra. Un nombre que en los círculos financieros es sinónimo de respeto, fortuna y un orgullo inquebrantable. Como presidenta de uno de los conglomerados más influyentes del país, su presencia intimida a los tiburones de la industria y su mirada es capaz de desmantelar cualquier defensa antes de que se pronuncie la primera palabra en una junta.
Pero esa armadura de seda y acero fue forjada en el fuego.
Hubo un tiempo en que Miranda era otra mujer: una esposa dedicada que creía en la paciencia y en el refugio de un hogar, soñando con una familia que nunca llegó. Esa vida "perfecta" se desintegró en un solo instante, convirtiéndose en un infierno de sombras cuando el mundo que conocía la traicionó, siendo secuestrada para ser vendida al mejor postor.
NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El pasado atormenta
Mientras tanto en la mansión Saavedra Lissandro y Miranda se encontraban discutiendo sobre el pasado.
—Es hora de que me cuentes que fue lo que pasó entre tú y Andrés para que lo quieras ver destruido — las palabras de Miranda salieron con determinación.
—Sabes que no quiero hablar de eso, ahora solo quiero mantenerlas a ti y a nuestra hija segura —, respondió Lissandro queriendo desviar la conversación.
Sin embargo, Miranda no aceptaría esa respuesta.
—Ya no es cuestión solo tuya, alguien más poderoso que el cobarde de Andrés está detrás de nosotros y quiero saber quién o quiénes son —. La voz de Miranda salió mucho más dura de lo que esperaba.
La luz de la luna se filtraba por las persianas, dibujando rayas de sombra sobre el rostro de Lissandro, haciéndolo parecer una estatua de piedra. Miranda se mantuvo firme, con la mirada clavada en él, sin parpadear. Había aprendido a leer los mercados financieros, pero ahora estaba tratando de leer el alma del hombre con el que compartía su vida, y lo que encontraba era un laberinto de secretos.
—Fueron decisiones que tomé antes de conocerte, nada tienen que ver con nosotros —aclaró Lissandro, su voz era un murmullo ronco que apenas rompía el silencio de la mansión.
—¡Todo tiene que ver con nosotros! —estalló Miranda, dando un paso hacia él—. Si ese pasado tiene el poder de poner un coche en mi puerta y rastrear a mi hija, entonces me pertenece tanto como a ti. No puedes pedirme que confíe en un fantasma, Lissandro. ¿Quién es Helios? ¿Y por qué Andrés parece ser su juguete favorito?
Lissandro suspiró, un sonido cargado de una fatiga que no era física, sino del alma. Caminó hacia el mueble bar y se sirvió un whisky, el hielo chocando contra el cristal con un sonido seco. Se quedó de espaldas a ella por un largo momento antes de hablar.
—Hace doce años, antes de que el apellido Saavedra fuera sinónimo de banca y filantropía, yo era el arquitecto financiero de personas que no querían que el mundo supiera sus nombres. "Sombras de Helios" no es una fundación, Miranda. Es un consejo de viejos linajes que creen que Nueva York es su tablero privado. Yo era su favorito, el que movía su capital por debajo del radar.
Lissandro se giró, y Miranda vio en sus ojos una oscuridad que nunca antes había percibido.
—Pero cometí el error de querer mi propia libertad. Cuando decidí independizarme y llevarme conmigo la información de sus redes de lavado de dinero, ellos enviaron a alguien para darme una lección. Y ese alguien... fue... —Hubo silencio antes de continuar con el nombre del mensajero —.El padre de Andrés Lara.
Miranda sintió que el suelo se movía. La conexión era mucho más antigua de lo que ella imaginaba.
—El padre de Andrés era el ejecutor de Helios —continuó Lissandro, su voz volviéndose gélida—. Él intentó destruirme, pero yo fui más rápido. Orquesté su caída, lo dejé en la ruina y lo envié a una tumba prematura por el estrés y la vergüenza. Andrés se enteró de lo sucedido y quiso vengarse de mí, pero era demasiado débil para enfrentarme solo. Por eso fraguó un atentado en el que murió mi esposa.
Miranda retrocedió, procesando la información. Ella nunca imagino que Andrés hubiera hecho algo así.
—Entonces, tú te acercaste a mí solo para destruir a Andrés —. afirmó Miranda dando un paso atrás.
—Sí —admitió Lissandro, bajando la mirada—. No te niego que cuando te vi al lado de Lara sentí una irá incontrolable sabiendo que el si estaba con la mujer que "amaba" — hubo silencio —. Mi plan era destruirte y así vengar a la que era mi esposa... —la voz de Lissandro se quebró al final, dejando que el silencio de la oficina se volviera asfixiante.
Miranda sintió como si el aire se hubiera convertido en cristal en sus pulmones, cortándola por dentro. Retrocedió un paso más, chocando contra el borde del escritorio. El hombre frente a ella, el que la había rescatado de las cenizas, el que le había dado una identidad y una hija, acababa de confesar que ella fue concebida originalmente como un daño colateral.
—Me usaste —susurró Miranda, y su voz no tembló, pero sonó más muerta que nunca—. Me salvaste de los Lara no por compasión, ni porque viste mi valor... sino porque yo era la pieza que te faltaba para terminar de destruir a Andrés. Me convertiste en tu esposa para que él sufriera al verme en tu cama.
—¡Al principio sí! —rugió Lissandro, dejando el vaso de whisky sobre la mesa con una violencia que hizo que el cristal crujiera—. Pero después todo cambió, Miranda. En el momento en que te conocí de verdad, cuando vi tu fuerza y el infierno por el que estabas pasando, la venganza dejó de tener sentido. Te juro que lo que siento por ti y por Lía es real.
Miranda soltó una carcajada amarga, una que nació de la herida más profunda de su ser.
—¿Real? ¿Cómo puede ser algo real si nació de una mentira tan oscura? —Miranda se llevó una mano al pecho, sintiendo que su armadura se desmoronaba—. Andrés me vendió por ambición, y tú me compraste por odio. Ninguno de los dos me vio como una mujer. Para ambos, solo fui un arma para herir al otro.
Lissandro intentó acercarse, pero Miranda levantó una mano, deteniéndolo en seco. Sus ojos, antes llenos de complicidad, ahora eran dos icebergs.
—No me toques —sentenció ella—. Ahora entiendo por qué "Sombras de Helios" ha vuelto. Ellos no vienen solo por Andrés. Vienen a terminar lo que empezaron contigo porque tú no te detuviste con el padre. Querías borrar el linaje Lara usando a la mujer que Andrés "amaba".
—Miranda, escúchame —suplicó Lissandro, y por primera vez, el poderoso hombre de negocios parecía pequeño—. Andrés mató a Diana, yo solo quería venganza... quería que ella tuviera justicia para mí primera esposa.
—¡Lo que tú querías era venganza! —le gritó ella—. Y para obtenerla, me envolviste en tu mundo, me diste una hija y me hiciste creer que éramos un equipo. ¿Qué pasará cuando Lía sepa que su existencia es el resultado de un plan de guerra?
Lissandro no respondió. El peso de su secreto lo estaba aplastando. En ese momento, la puerta del despacho se abrió lentamente. Lía estaba allí, de pie en la penumbra del pasillo, con su tablet en la mano y los ojos muy abiertos. No estaba claro cuánto había escuchado, pero su rostro reflejaba una seriedad impropia de su edad.
—Papá... —dijo la niña con voz pequeña—, el hombre del video volvió a llamar. Dice que si no respondes ahora, enviará un "regalo" a la casa de la tía Alexa.
Ambos miraron hacia su pequeña hija, el caos de hace unos segundos se disipó dejando pasar una preocupación genuina.