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El Vínculo De Escarlata

El Vínculo De Escarlata

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Vampiro / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda

​El sacrificio es solo el comienzo.
​Para salvar a su hermana de una muerte segura, Elisabeth toma una decisión irrevocable: entregar su libertad y su sangre a la realeza de las sombras. Como la nueva sierva de sangre personal del príncipe Damián, su vida ahora se mide en gotas y se consume tras los muros de un palacio donde la luz del sol es un recuerdo lejano.
​Damián es todo lo que las leyendas advierten: frío, letal y poseedor de una belleza tan peligrosa como su linaje. Sin embargo, tras la máscara de heredero implacable, Elisabeth descubre a un hombre atrapado en su propia inmortalidad. Lo que comienza como un contrato de supervivencia se transforma en una atracción magnética y prohibida que desafía las leyes de la naturaleza y los prejuicios de siglos de guerra.
​Pero en el mundo de los inmortales, el amor es una debilidad que los enemigos no perdonan. Mientras su conexión crece, el destino comienza a tejer una red de traiciónes, secretos y una profecía antigua

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capítulo 10: La trampa del cuervo

El rastro de calor que Damián había dejado en mi piel se desvaneció apenas la puerta de mi alcoba se cerró tras él. El silencio que quedó era distinto; ya no era asfixiante, sino expectante. No sabía que, del otro lado de la pared, en el pasadizo de servicio que conectaba con la sala del trono, unos ojos rojos como brasas habían seguido cada una de nuestras palabras a través de las rejillas de ventilación.

​Silas, el hermano de Damián, se alejó de la pared con una sonrisa depredadora. Lo que había escuchado era mejor que cualquier tesoro: la sangre de Solaris había vuelto, y su hermano, cegado por algo parecido al amor, pretendía ocultarla.

​A la mañana siguiente, Damián no apareció. En su lugar, cuando salí al jardín interior buscando un poco de aire, fue Silas quien me interceptó. Su elegancia era más afilada que la de Damián, carente de cualquier rastro de humanidad.

​—Mi hermano es un pésimo mentiroso, ¿verdad, Elisabeth? —dijo, apareciendo de entre los rosales negros.

​Me tensé, sintiendo un escalofrío que no logré calentar con mi nueva luz.

—No sé de qué hablas, Silas.

​—Hablo de que el Consejo ya sabe lo que eres —mintió con una naturalidad aterradora—. Damián está en este momento intentando negociar tu entrega para salvar su estatus. Cree que si te entrega voluntariamente, le permitirán conservar tu cabeza como trofeo.

​El corazón me dio un vuelco. La duda es el veneno más efectivo. ¿Y si Damián, al verse acorralado por las leyes de su especie, había decidido que yo era un sacrificio necesario?

​—Si quieres vivir, tienes diez minutos —continuó Silas, acercándose un paso más—. Conozco un túnel bajo las catacumbas que lleva más allá del muro del este. Es la única salida que los guardias no vigilan. Ven conmigo ahora, o espera a que el Consejo venga por ti al anochecer.

​El pánico nubló mi juicio. La desconfianza que había nacido tras leer los documentos de Solaris hizo el resto. Asentí, y Silas me guió hacia las profundidades del castillo, bajando escaleras de caracol que olían a moho y a muerte antigua.

​Bajamos tanto que el aire se volvió denso. Las antorchas en las paredes eran escasas, y pronto me di cuenta de que no íbamos hacia una salida. Íbamos hacia la Cámara de los Lamentos, el lugar donde los vampiros llevaban a sus presas para que nadie oyera sus gritos.

​—Aquí termina el viaje —dijo Silas, soltando mi brazo bruscamente.

​Se giró hacia mí, y su rostro se transformó. Sus rasgos se volvieron más cadavéricos, y una daga de obsidiana brilló en su mano.

​—Damián es un tonto. Él ve en ti una reina a la que adorar; yo solo veo un motor, una fuente de energía solar que me permitirá caminar bajo el mediodía mientras el resto de mi raza se oculta en los sótanos. Tu sangre me hará un dios, Elisabeth.

​Traté de invocar el calor, de hacer que mis manos brillaran como la noche anterior, pero el terror me bloqueaba. La oscuridad del lugar parecía absorber mi luz antes de que pudiera nacer. Silas me sujetó del cuello, alzando la daga.

​—Grita todo lo que quieras. Aquí abajo, ni siquiera Dios te oye.

​Justo cuando la punta de la obsidiana rozaba mi pecho, un silbido metálico cortó el aire. Un proyectil negro, con forma de cruz, se clavó con una fuerza brutal en el hombro de Silas. El vampiro soltó un alarido de dolor puro, soltándome mientras una estela de humo salía de su herida.

​—¡¿Quién se atreve?! —rugió Silas, arrancándose el proyectil que parecía quemarle la carne.

​De las sombras de una celda abierta, emergió una figura que no debería estar allí. No vestía las sedas del palacio, sino una capa raída de cuero oscuro y una máscara que cubría la mitad de su rostro. No se movía con la elegancia fluida de los vampiros, sino con la brusquedad eficiente de un cazador.

​—El sol ha tardado mucho en salir en este nido de ratas —dijo el desconocido. Su voz era áspera, como piedra rozando piedra—. Pero ha llegado la hora de la cosecha.

​Antes de que Silas pudiera lanzarse sobre él, el encapuchado lanzó una esfera al suelo que estalló en una nube de polvo blanco: sal y plata pulverizada. El aire se volvió irrespirable para el vampiro, que comenzó a toser sangre mientras su piel se irritaba violentamente.

​El desconocido me tomó del brazo con una fuerza que no aceptaba un "no" por respuesta.

​—Si quieres vivir para entender quién eres, camina. Y no mires atrás —me ordenó.

​Mientras me arrastraba por un pasadizo oculto, pude ver un detalle en su muñeca que me detuvo el aliento: tenía tatuado el mismo símbolo del sol que yo había visto en el libro de Solaris.

1
Eliana
👏👏👏
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