Akiro llevaba una vida aburrida, refugiándose en novelas BL e isekai… hasta que es invocado por error a un mundo de magia, dragones y aventureros.
Sin habilidades especiales ni destino heroico, deberá sobrevivir usando su ingenio y conocimientos de su antiguo mundo.
Mientras se adapta a esta nueva realidad y conoce el fascinante funcionamiento de la magia y la alquimia, Akiro empieza a notar algo inquietante: Kael, un aventurero experimentado, parece prestarle demasiada atención.
Entre batallas, malentendidos y momentos incómodamente cercanos, Akiro intentará negar unos sentimientos que jamás pensó vivir.
Después de todo… esto solo debía ser una historia, no su realidad.
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Capítulo 2: Demasiado Cerca
Akiro tardó varios segundos en darse cuenta de que seguía sosteniendo la mano de Kael.
No era una mano especialmente delicada. Era cálida, firme, con pequeñas marcas que hablaban de batallas pasadas. Justamente por eso, cuando cayó en cuenta, se sobresaltó y la soltó de inmediato.
—L-lo siento —dijo, torpemente—. Fue reflejo.
Kael lo miró con curiosidad, como si ese gesto le hubiera parecido… interesante.
—No te preocupes —respondió—. A la mayoría le cuesta reaccionar después de una invocación. Más aún si fue fallida.
Fallida.
Otra vez esa palabra.
Akiro apretó la capa que le habían puesto encima. Todo en ese mundo parecía demasiado grande, demasiado ruidoso, demasiado real. Y él… demasiado fuera de lugar.
—Ven —repitió Kael, esta vez sin tocarlo—. No es buena idea quedarse aquí parado.
Caminaron por calles de piedra llenas de vida. Akiro giraba la cabeza a todos lados, incapaz de ocultar su asombro. Cada detalle parecía sacado de una ilustración: puestos de comida con aromas desconocidos, armas colgadas como si fueran adornos, personas que no se molestaban en ocultar su magia.
—¿Eso… es normal? —preguntó, señalando a una niña que hacía flotar pequeñas luces sobre su palma.
—Magia básica —respondió Kael—. Los niños suelen aprender antes a controlar el maná que las emociones.
—Eso explica muchas cosas —murmuró Akiro.
Kael soltó una risa corta.
—Hablas raro.
—¿Raro?
—Como si vinieras de muy lejos.
Si supieras cuán lejos…
Akiro se mordió el labio, dudando.
—Kael… ¿qué pasa ahora conmigo?
El aventurero disminuyó el paso. No se detuvo, pero su expresión se volvió más seria.
—Eso dependerá de ti.
—¿De mí?
—Fuiste invocado por error —explicó—. No hay profecía, ni rol asignado. Puedes irte… o quedarte.
—¿Irme a dónde?
Kael lo miró de reojo.
—Exacto.
Akiro soltó una risa nerviosa.
—Genial. Fantástico. Otro mundo y sin manual de instrucciones.
Kael lo observó en silencio durante unos segundos.
—No estás tan alterado como esperaba.
—¿Debería estar gritando?
—Algunos lo hacen. Otros lloran. Tú solo pareces… procesarlo.
Akiro bajó la mirada.
—Si entro en pánico ahora, no cambiará nada.
Esa respuesta hizo que Kael lo mirara con un interés renovado.
El Gremio de Aventureros era incluso más intimidante por dentro.
Akiro sintió cómo todas las miradas se posaban en él apenas cruzaron la puerta. No necesitaba magia para notar la curiosidad, el juicio, el interés.
—Quédate cerca —le dijo Kael, casi en un susurro—. Aquí no todos son amables.
—¿Y tú lo eres?
Kael sonrió, ladeado.
—Depende.
Se acercaron al mostrador. Una mujer de cabello plateado y orejas largas los observó con una sonrisa divertida.
—Así que este es el invocado —dijo la elfa—. Es más… normal de lo que esperaba.
—Oye —protestó Akiro.
—Soy Lyren —continuó ella—. Y tú estás fuera de lugar.
—Eso ya lo sé —respondió Akiro, suspirando.
Lyren rió suavemente.
—Me agradas.
Kael carraspeó.
—¿Podemos registrarlo como protegido temporal?
Lyren alzó una ceja.
—¿Desde cuándo haces favores personales?
—Desde ahora.
Akiro los miró, confundido.
—¿Protegido… de qué?
—De todo —respondieron ambos al mismo tiempo.
Lyren sonrió aún más.
—Oh, esto será interesante.
Antes de que Akiro pudiera preguntar algo más, dos aventureros se acercaron. Sus miradas se detuvieron en él con un interés que lo hizo encogerse ligeramente.
—¿Eres el invocado? —preguntó uno—. Dicen que no tienes magia.
—Eso creo…
—Podríamos enseñarte algunas cosas.
Akiro no supo cómo responder. Estaba a punto de hacerlo cuando sintió una presencia firme a su lado.
Kael.
—No —dijo, con voz tranquila pero firme—. Él ya tiene guía.
El ambiente se tensó un segundo.
—¿Desde cuándo decides eso? —replicó el otro.
Kael no levantó la voz.
—Desde que lo traje aquí.
Los aventureros se retiraron, murmurando algo entre dientes.
Akiro levantó la vista, sorprendido.
—Gracias.
Kael lo miró.
—Te lo dije. Este mundo no perdona a los despistados.
—¿Y tú? —preguntó Akiro, sin pensarlo—. ¿Por qué me ayudas?
Kael dudó.
Solo un segundo.
Pero Akiro lo notó.
—Porque… —empezó— alguien debería hacerlo.
Akiro sintió un nudo extraño en el pecho.
Esto no es parte de la historia.
No debería importarme tanto.
Pero importaba.
Y mucho.
Mientras salían del gremio, Akiro se dio cuenta de algo inquietante.
Kael caminaba un poco más lento…
solo para asegurarse de que él pudiera seguirle el paso.
Y esa cercanía constante, esa atención silenciosa…
—Oye, Kael —dijo, nervioso—. ¿Siempre miras así a las personas?
Kael parpadeó.
—¿Así cómo?
Akiro desvió la mirada, incómodo.
—Como si… estuvieras evaluando algo importante.
Kael lo observó unos segundos más.
—No.
Luego añadió, sin apartar la vista:
—Solo a ti.
El corazón de Akiro dio un salto peligroso.
Esto es muy malo.
Definitivamente muy malo.