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Reencarné Como Omega… Y El Enigma Escuchó Mi Corazón

Reencarné Como Omega… Y El Enigma Escuchó Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Despertar ajeno

El primer respiro fue doloroso.

No un dolor físico exactamente, sino uno que nacía desde el pecho, como si el aire no perteneciera a esos pulmones.

Arion abrió los ojos de golpe.

La luz era suave, filtrada por telas translúcidas que se mecían apenas con una brisa inexistente. El techo, alto y trabajado en madera clara, no era el de su habitación. Tampoco era un hospital. Ni nada que reconociera. El aroma que lo envolvía era desconocido: una mezcla de hierbas dulces, lino limpio y algo más… algo cálido que le erizó la piel sin razón aparente.

—¿Dónde estoy…? —murmuró.

El sonido de su propia voz lo paralizó.

Era distinta.

Más baja de lo que recordaba, pero también más suave, casi aterciopelada. No era la voz que había escuchado durante toda su vida. Un escalofrío le recorrió la espalda mientras incorporaba lentamente el cuerpo, sintiendo el peso extraño de cada movimiento, como si no dominara del todo sus extremidades.

Al alzar las manos, el pánico lo golpeó sin previo aviso.

Eran delicadas.

Demasiado blancas.

Los dedos largos y finos, las uñas cuidadas, la piel sin una sola marca conocida.

—No… —susurró—. No puede ser.

Saltó de la cama con torpeza, el corazón martillándole las costillas. El suelo estaba frío bajo sus pies desnudos. Cada paso se sentía ajeno, mal calibrado, como si su mente y su cuerpo no hablaran el mismo idioma.

Vio el espejo.

El mundo se detuvo.

Un rostro andrógino lo observaba desde el otro lado del cristal. Ojos grandes, de un color que no era el suyo, brillaban cargados de miedo. Las facciones eran suaves pero definidas, bellas de una forma inquietante. El cabello, largo y claro, caía en ondas desordenadas sobre los hombros.

—No… esto no soy yo… —dijo, apoyando las manos en el marco del espejo.

La imagen lo imitó.

Sintió náuseas. El reflejo no era un disfraz, no era un sueño borroso. Parpadeó varias veces, se pellizcó el brazo con fuerza. El dolor fue real. Demasiado real.

Los recuerdos comenzaron a emerger, fragmentados, como piezas que no terminaban de encajar.

Palabras que no deberían tener sentido.

Omegas.

Alfas.

Enigmas.

Una presión extraña se instaló en su pecho, más abajo, como una conciencia nueva que latía al ritmo de su pulso. Algo dentro de él… o de ese cuerpo… estaba despierto. Sensible. Vulnerable.

—No… —repitió, esta vez con un hilo de voz—. No puede ser eso…

Pero lo era.

Había leído historias. Novelas absurdas que jamás pensó tomar en serio. Mundos regidos por jerarquías biológicas, destinos marcados por instintos, vínculos imposibles de romper. Siempre le parecieron exageraciones. Fantasías.

Ahora estaba allí.

—¿Reencarné… en un mundo Omegaverse? —preguntó al vacío.

El temblor recorrió todo su cuerpo, de pies a cabeza. No solo por el miedo, sino por algo más profundo: la certeza de que nada volvería a ser simple. Que ese cuerpo no era solo diferente, sino frágil en formas que aún no comprendía.

Se abrazó a sí mismo, buscando una estabilidad que no encontraba.

No sabía quién era ahora.

No sabía qué se esperaba de él.

Ni cuánto tiempo tenía antes de que ese mundo reclamara lo que creía suyo.

Una cosa, sin embargo, quedó clara en medio del caos:

Ese despertar no era un comienzo.

Era una advertencia.

Y Arion, atrapado en un cuerpo que no le pertenecía, apenas estaba empezando a entenderlo.

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karina ochoa
Así es! 👏👏
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