Cuando Isabel muere debido a una enfermedad, su alma se transporta al mundo de la última novela que leyó: "La Duquesa Libertina". Ahora, con una segunda oportunidad, Isabel decide tomar control de su destino y cambiar el curso de la historia. Pero lo que no esperaba era que sus padres la obligaran a casarse con un duque sanguinario, misterioso y posesivo. Sin embargo, ella tratará de hacer la suya y no molestarlo, pero él desea otra cosa...
¿Podrá Isabel equilibrar su deseo de libertad con la pasión que la consume?
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Capítulo 6 Maratón (2/4)
—El conde Chatham – musitó la criada asustada.
—¿Ya ha llegado? – preguntó preocupada Eliza.
La sirvienta negó con la cabeza fuertemente.
—Ha sido brutalmente asesinado... – dijo por fin.
Eliza e Isabel se miraron de repente y una gran sonrisa apareció en los labios de ambas.
—¡Gracias a los cielos! – exclamó Eliza sin pensar.
—No creo que haya sido mi angel de la guarda – comentó riéndose entre lágrimas de alivio Isabel – pero, quién haya sido... le debo la vida.
Las mujeres se abrazaron contentas aún frente a la sirvienta, que las observaba incrédula, no podía creer que estuvieran festejando el asesinato de su prometido.
La sirvienta sin pensarlo dos veces, fue corriendo el rumor de que Isabel festejaba el asesinato de su prometido con gran emoción, pronto todos se enteraron, viéndolo de muy mal gusto.
En el marquesado esa noticia le había caído con gran malestar, pues el conde había prometido una gran suma a cambio de la joven.
—¿Qué vamos a hacer ahora con esa chiquilla? – pregunto con gesto agrio la concubina Clara.
—Tendré que buscarle otro partido cuánto antes – respondió Edmund mientras acariciaba el cuerpo de su segunda esposa.
—Pero hazlo rápido mi amor – pidió ella entre gemidos.
—Todo lo que mi esposa deseé – aseguró él.
Mientras esperaban para conseguirle un buen marido, uno que beneficiará a la familia, Isabel se la pasaba haciendo los quehaceres de la casa.
Ella lo hacía todo sin quejarse, lo hacía lo más rápido que podía para luego poder ir a jugar con su hermanito Theo.
Poco a poco fueron excluyendo a Isabel de la familia, para ellos no tenía ningún valor como individuo, sólo el que podrían sacarle al conseguir un buen prospecto de matrimonio.
Rosalind como era la mayor, tenía la oportunidad de esperar un poco más por un mejor partido, además, su hermano era el heredero del marquesado y su madre, la concubina que más pasaba por la cama del Marqués.
—¡Isabel! – exclamó su progenitor llamándola.
—¿Qué desea Marqués? – preguntó ella solemne.
—Te he conseguido un nuevo esposo – anunció de pronto ella – vendrá por ti hoy mismo, más te vale que seas una buena chica para él.
Sin más, se marchó. Dejándola parada ahí mismo sin saber qué hacer, con un regusto desagradable en la boca.
Aunque Isabel no tuvo mucho de que preocuparse, pues su nuevo prometido también fue asesinado en el trayecto al marquesado. Al parecer, con quién se iba a casar esta vez, era el Marqués Loxley; conocido por su mal trato hacía las mujeres y sus gustos peculiares en la cama.
Nuevamente, Isabel y Eliza festejaron juntas, se había librado una vez más de otro enfermo.
Y así la lista fue continuando, cada vez que el Marqués la prometía con alguien, esa persona moría trágicamente. Ya estaban buscando en el reino quién podría ser el asesino, pero no lograban dar con nadie.
Con la ayuda de la sirvienta del marquesado, el rumor de que la azabache estaba maldita corrió cómo la pólvora, aunque muchos decían que en realidad era ella quién los mandaba a matar, otros decían que ella los maldecía para que murieran.
El debate de esto duró bastante tiempo en reino, y absolutamente todos lo creyeron. De ese modo, ningún hombre se volvió a atrever a pedir su mano.
Algunos padres incluso amenazaban a sus hijos a casarse con la esposa que ellos querían o entregarlos a la azabache.
El rencor de la familia Everly fue creciendo hacía Isabel, al punto que ahora literalmente la tenían como sirvienta, no la dejaban portar ropa cara o linda, comía junto a las sirvientas y dormía con ellas.
Los únicos buenos momentos era cuando podía pasar tiempo con Eliza o Theo, ellos siempre que podían le llevaban abundantes comidas deliciosas y otras cositas para ella.
—¿Por qué mi hermana está aquí? – preguntaba inocentemente Theo.
—Porque me he portado mal – respondía Isabel, sin querer revelarle la verdad.
—Si yo me portó mal, ¿me mandarán contigo? – preguntaba él esperanzado.
Isabel y Eliza se miraron con ternura, Theo tenía un gran corazón.
—No, mi amor – Isabel negó suavemente – Theo tiene que cuidar a mamá allá – señaló a la casa del marquesado, ya que ella dormía fuera, en una casa desvencijada junto a las demás.
—¿Pero quién te cuidará a ti? – volvió a preguntar él, triste.
—Yo estoy bien – sonrío ella, conteniendo las lágrimas – además, tú siempre me cuidas y me haces feliz.
A Theo se le formó una enorme sonrisa en el rostro, estaba emocionado por tener que cuidar a su mamá y hermana.
Nadie más en el marquesado lo quería o trataba bien. Sus hermanas, hijas de Eliza, le tenían envidia porque él nació varón, con privilegios desde el nacimiento. Rosalind lo odiaba, y al igual que Vincent, lo veían como a un futuro rival por la herencia.
Tan pronto como ellos se fueron, Isabel siguió con lo suyo.
Dos años después...
Isabel ya tenía dieciocho años, era legítimamente mayor de edad y toda una señorita, pese a que había tenido que vivir siendo una sirvienta.
Ella estaba cociendo un vestido que se le había roto de tanto usarlo cuando entró el Marqués raudo, sin tocar la puerta o pedir permiso.
—¡Ya, ven conmigo! – exclamó tomándola del brazo y llevándola a rastras.
Isabel no entendía nada, ella no había hecho nada malo.
—¿Qué sucede? – preguntaba ella nerviosa.
—Ha llegado una propuesta de matrimonio – mencionó el Marqués sonriente.
—¿Qué? – balbuceo ella insegura – ¿para mí? – preguntó, aún sin poder creerlo.
—¡Por eso te he buscado! – gritó el Marqués volviéndose hacía ella – y vaya que está vez si te casarás – rió cínicamente.
—¿Por qué lo dice Marqués? – preguntó temerosa.
—Por qué quién me ha pedido tu mano esta vez, es nada más y nada menos que el Duque más despiadado y sanguinario del reino – declaró él triunfante.