Ella nunca imaginó que el peor día de su vida terminaría con un anillo en el dedo.
Él juró no volver a amar… hasta que la obligación lo ató a una mujer que se convirtió en su debilidad.
Un matrimonio por contrato para salvar el honor, los negocios y una familia en ruinas.
Mentiras, secretos y enemigos ocultos pondrán a prueba un vínculo que nació de la conveniencia, pero que pronto se vuelve demasiado real.
En un mundo donde nada es lo que parece, ¿el amor será suficiente para sobrevivir?
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Capítulo 1 – El día del escándalo
El eco de los tacones de Valeria resonaba en el pasillo de mármol del lujoso hotel donde se había celebrado lo que debía ser el evento del año. Ahora, en lugar de aplausos y felicitaciones, lo único que recibía eran miradas inquisitivas, murmullos venenosos y el destello cruel de los flashes de las cámaras que habían logrado colarse hasta allí.
La novia abandonada en el altar. Así la llamaban ya en las redes sociales. Un título que la perseguiría por mucho tiempo.
Con la respiración entrecortada, Valeria apretó las manos contra su vestido de novia arruinado, intentando conservar algo de dignidad mientras avanzaba. El maquillaje corrido dibujaba surcos oscuros en su rostro, delatando cada lágrima que había intentado ocultar. Sentía que todo su mundo se desmoronaba frente a los ojos de desconocidos que se alimentaban de su desgracia.
—Valeria, no bajes la cabeza —murmuró su madre, Isabel, cubriéndola con un abrigo elegante para protegerla de las miradas—. Si lo haces, ellos ganan.
Pero las palabras sonaban huecas. ¿Quién había ganado realmente? ¿El hombre que la dejó plantada sin explicación? ¿La prensa, que ya devoraba el escándalo? ¿O su propio padre, que seguro vería esto como una mancha imborrable en la familia Aranda?
No tardó en descubrirlo. La puerta del salón privado se abrió de golpe y Julián Aranda apareció con el rostro encendido por la furia. Su porte rígido, el traje impecable y el bigote perfectamente recortado contrastaban con la violencia de su mirada.
—¡Esto es una vergüenza! —tronó, sin importarle que varias personas escucharan—. ¿Tienes idea de lo que acabas de hacerle a esta familia?
Valeria parpadeó, incrédula.
—¿Yo? ¡Fui yo la que quedó plantada!
—Cállate —la interrumpió con un gesto autoritario—. No me importa si fue él quien huyó, tú llevas este apellido. Y ese apellido no se arrastra en la basura.
Isabel intentó intervenir, pero Julián levantó la mano y ella retrocedió, temblorosa. Valeria sintió cómo su pecho se llenaba de una mezcla de rabia e impotencia. ¿Acaso nadie pensaba en cómo se sentía ella?
—Ya encontré la solución —dijo su padre, bajando la voz hasta convertirla en un susurro helado—. No permitiré que el nombre Aranda quede destrozado.
Valeria lo observó con cautela. Cada palabra de su padre escondía una amenaza.
—¿Qué… solución?
La respuesta llegó como una sentencia.
—Adrián Montenegro.
El nombre cayó entre ellos como un peso muerto. Valeria sintió que el aire le abandonaba los pulmones. Había escuchado ese apellido demasiadas veces en las noticias, siempre acompañado de rumores turbios: contratos millonarios, alianzas peligrosas, la misteriosa muerte de su hermano mayor. Un hombre frío, implacable, al que todos temían enfrentar.
—No… —balbuceó, retrocediendo un paso—. No puedes estar hablando en serio.
Julián esbozó una sonrisa satisfecha.
—Es el único hombre capaz de limpiar lo que pasó hoy. Te casarás con él.
El corazón de Valeria dio un vuelco. Un nudo en la garganta le impidió hablar. Entre los murmullos de la prensa que aún rondaba el pasillo, creyó escuchar risas burlonas. Como si el mundo entero se divirtiera con su desgracia.
Ese día había perdido algo más que su boda. Había perdido su libertad.
Y el precio de recuperarla tenía un nombre: Adrián Montenegro.