Seis meses después de renunciar al poder de los Sellos para recuperar su vida, Min‑jun y Seo‑jun por fin viven en paz: son dos chicos normales, van al instituto, comparten meriendas de leche de plátano y disfrutan de un amor que sobrevivió a mentiras, olvidos y batallas contra la oscuridad. Los Sellos brillan ahora solo como una cicatriz tenue en sus muñecas, un recuerdo bonito, no un arma.
Pero la paz se rompe cuando la mitad rota del Ónix Negro —la que quedó perdida en las ruinas del Santuario Viejo— empieza a vibrar con una energía antigua, abriendo grietas entre universos. Gente ve dobles de sí mismos en las calles, recuerdos que no les pertenecen invaden sus mentes, y una figura enmascarada aparece de la nada: **el Guardián Olvidado**, un antiguo compañero de Dae‑ho y Yeo‑wol que fue traicionado hace veinte años y atrapado entre realidades. Su objetivo: demostrar que el sistema de los Sellos es injusto en cualquier mundo, y destruirlo en todas las realidades existentes… aunque es
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PRÓLOGO Los mundos que no elegimos
Hay una teoría antigua, guardada en los pergaminos más profundos del Santuario Viejo, que dice que cada decisión que tomamos abre un camino nuevo. Que por cada “sí” que dijimos, existe un mundo donde dijimos “no”. Por cada vida que salvamos, existe otra donde llegamos tarde. Por cada amor que encontramos, existe una realidad donde nunca nos cruzamos.
Durante mucho tiempo, Min‑jun creyó que esa teoría era solo un cuento para asustar a los guardianes jóvenes.
Se equivocaba.
En un universo, él nunca renunció al poder. Los siete Sellos corren por sus venas como fuego frío, su corazón se convirtió en piedra hace años, y gobierna Seúl desde un trono de mármol oscuro sin recordar el nombre de la persona que una vez amó. Allí, Seo‑jun es un rebelde que lo caza con odio en los ojos, jurando derrocar al tirano que alguna vez prometió proteger.
En otro, los Sellos nunca lo eligieron a él. Min‑jun es un chico asustado que se esconde de las sombras en los callejones, que no sabe que existe un poder dentro de él que podría cambiar el mundo. Allí, Seo‑jun carga solo con el peso de todas las gemas, amargado y solo, convencido de que nadie estará a su altura para luchar a su lado.
En otro más, Dae‑ho no fue traicionado. Destruyó los Sellos hace veinte años creyendo que salvaría a todos… y dejó el mundo indefenso ante la Sombra Original. Ahora camina por un páramo gris y sin luz, intentando proteger a los pocos que quedan, preguntándose cada día si tomó la decisión correcta.
Todos estos mundos existían en silencio, separados por un velo delgado que nadie podía cruzar. Hasta que la mitad rota del Ónix Negro despertó.
La gema que Dae‑ho usó para destruir la Sombra Residual, la que quedó perdida entre las ruinas, ha empezado a vibrar con una energía antigua. Es la llave. Es la puerta. Y quien la encontró no tiene intenciones de dejarla cerrada.
El Guardián Olvidado, el hombre que Yeo‑wol y Dae traicionaron hace veinte años y quedó atrapado entre realidades, ha vuelto. Ha visto todos estos mundos. Ha visto el dolor. Ha visto las injusticias del sistema de los Sellos que se repite en cada realidad. Y ha decidido que es hora de terminarlo todo… incluso si eso significa borrar millones de vidas en el proceso.
En su universo original, Min‑jun y Seo‑jun aún no saben nada. Comparten una botella de leche de plátano en el tejado de su casa, riendo de tonterías, creyendo que por fin han ganado la paz. Pero la cicatriz de jade en la muñeca de Min ya empieza a latir con fuerza. El aire huele a mundos lejanos y a recuerdos que no les pertenecen.
Algo viene. Algo que cruzará los límites de lo que creían posible. Algo que les mostrará todas las versiones de sí mismos que nunca llegaron a ser.
Y solo hay una cosa segura:
Su amor sobrevivió a las mentiras, al olvido y a la oscuridad.
Ahora tendrá que sobrevivir a los mundos.
FIN DEL PRÓLOGO