●Secuela De La Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Separados por el engaño, la ambición y los hilos de poder de la poderosa dinastía Courteney, el tierno omega puro Cyrus se ve obligado a huir a los Hamptons para proteger el futuro de su alfa, llevando en su vientre el fruto de su amor en solitario. Durante tres largos años, Cyrus sufre la agonía de un nido vacío, consumido por la melancolía y el aislamiento de su jaula de oro, con su pequeño cachorro Cassian como único ancla para seguir adelante.
Mientras tanto, en Suiza, el desamparado alfa huérfano del pasado se ha transformado en Ethan Blackburn: un colosal, implacable y sádico magnate corporativo que ha levantado un imperio de acero para llenar el vacío de su ausencia. Armado con informes confidenciales y movido por un instinto territorial indomable, Ethan descubre la verdad sobre el sacrificio de su omega y planea una emboscada quirúrgica en Manhattan. No va a negociar.
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Capítulo 1: Clavelinas en los Alpes
Capítulo 1: Clavelinas en los Alpes
Novela: El Secreto De La Golondrina.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
El invierno en Suiza poseía una elegancia gélida y silenciosa, un contraste absoluto con la calidez marina de los Hamptons que Cyrus Courteney había dejado atrás. A sus veinte años, el segundo hijo de la dinastía Courteney caminaba por los senderos empedrados de la prestigiosa universidad alpina con la gracia innata de un omega puro. Vestía un abrigo largo de cachemira en tono marfil que acentuaba la delicadeza de su porte y la palidez de su piel de porcelana, una viva estampa de su papá Bahir.
Para el mundo exterior, él no era el heredero de un imperio inexpugnable, ni el centro de la paranoia territorial de su padre Louie. En los registros escolares, figuraba simplemente como Cyrus Bernard, un discreto estudiante extranjero de intercambio dedicado por completo a su más grande pasión: la botánica. Su familia había accedido a dejarlo volar lejos del nido con la condición de mantener un perfil estrictamente bajo y bajo la discreta vigilancia de una red de seguridad perimetral que Marisol, su hermana mayor alfa pura, supervisaba desde la distancia.
Esa tarde, la ventisca invernal golpeaba con fuerza los majestuosos vitrales de la academia, pero dentro del gran invernadero botánico del campus, el ambiente era un oasis de serenidad. El lugar estaba inundado de luz cenital y del sutil, fresco y floral aroma de Cyrus: una fragancia a clavelinas de mar que parecía desafiar el frío de los Alpes, flotando entre los helechos y las orquídeas exóticas.
Cyrus se encontraba concentrado frente a una mesa de madera, anotando con caligrafía perfecta el comportamiento de unos brotes alpinos en su libreta de cuero. Estaba tan sumergido en su burbuja de paz que no percibió el sutil cambio en las corrientes de aire del lugar.
De pronto, las puertas acristaladas se abrieron, dejando entrar una ráfaga de viento helado junto a un aroma biológico de un impacto devastador.
No era un olor común. Era una marea densa y magnética de pino negro y lluvia de tormenta, un perfume rústico, poderoso y abrumador que entumeció los instintos del joven omega puro al instante. Cyrus contuvo el aliento, sintiendo cómo un escalofrío eléctrico recorría su columna vertebral. Su glándula aromática en el cuello reaccionó instintivamente, liberando una nota más intensa de clavelinas, como una flor que se abre ante la llegada de la tempestad.
Giró la cabeza con lentitud y sus ojos grandes y claros se toparon de frente con la silueta que avanzaba por el pasillo central de los arreglos florales.
Era Ethan.
El alfa, de veintidós años, vestía una chaqueta de cuero oscura sobre un suéter de punto grueso, cargando unos pesados libros de leyes y administración bajo el brazo. Poseía una presencia física imponente, de espaldas anchas y facciones afiladas, pero lo que realmente dominaba el espacio era su mirada: unos ojos oscuros, intensos y desbordantes de una luz carismática y amable que atraía inevitablemente a cualquiera a su alrededor. Ethan era conocido en el campus por ser un estudiante brillante, un chico huérfano que dependía de becas y de un esfuerzo triple para construirse un futuro desde cero, caminando por la vida con una sonrisa cálida y una caballerosidad magnética.
Ethan detuvo sus pasos a escasos metros de la mesa de trabajo. Sus pupilas se dilataron al inhalar el perfume de las clavelinas de mar, un aroma tan puro y libre de malicia que golpeó sus instintos de alfa con la fuerza de un reclamo ancestral. El carismático estudiante se quedó helado, atrapado por la belleza casi angelical del omega que lo miraba con timidez desde detrás de los brotes de plantas.
Una sonrisa lenta y genuinamente encantadora se dibujó en los labios de Ethan, rompiendo la tensión del aire húmedo del invernadero.
—Disculpa si te asusté —dijo Ethan con una voz grave, aterciopelada y profunda, dando un paso adelante con total cortesía—. Buscaba un lugar tranquilo para repasar los códigos civiles antes del examen... pero creo que acabo de interrumpir el rincón más hermoso de toda Suiza.
Cyrus sintió que sus mejillas se encendían con un sutil color carmín, un tierno sonrojo idéntico al que su papá Bahir mostraba ante Louie en sus años de juventud. Bajó la mirada hacia su libreta, apretando los dedos alrededor de su bolígrafo para disimular el temblor de sus manos ante la magnética cercanía del alfa.
—No... no interrumpes nada —respondió Cyrus con una voz suave, musical y tímida, que hizo que el instinto protector de Ethan rugiera en su pecho—. Solo... estaba clasificando algunas especies de la temporada. El invernadero está abierto para todos.
Ethan avanzó un poco más, acortando la distancia hasta quedar al lado de la mesa. Al estar cerca, el aroma a pino negro y tormenta envolvió por completo a las clavelinas de mar, creando una simbiosis perfecta, una atmósfera reconfortante y cálida que hizo que el asustadizo corazón del omega se relajara de inmediato. El alfa observó las notas de Cyrus con genuino interés, fijando esos ojos intensos llenos de admiración en el rostro del joven Courteney.
—Clavelinas de mar... —leyó Ethan en voz baja, mirando los bocetos botánicos del cuaderno y luego alzando la vista para conectar directamente con los ojos de Cyrus—. Un aroma muy fino. Es extraño encontrarlas tan lejos de la costa, floreciendo en mitad de la nieve de las montañas. Son flores fuertes, resistentes.
Cyrus alzó la mirada, perdiéndose en el carisma sincero de aquel alfa que creía un humilde estudiante desamparado. En ese preciso segundo, bajo el techo de cristal inundado por la luz del invierno suizo, un hilo invisible, trágico y eterno comenzó a tejerse entre ellos. Ninguno de los dos sabía que esa primera y perfecta coincidencia aromática sería el inicio de una promesa inquebrantable, una huida desesperada y una obsesión que, años más tarde, arrastraría el peso de toda una dinastía.