Ciento veintitrés años después de que la Inquisición del Primer Mandato silenciara un ritual prohibido, extraños acontecimientos comienzan a extenderse por todo el Imperio.
Enkyo, un joven de la ciudad de Newline, sueña con seguir los pasos de los soldados imperiales a pesar de la oposición de su padre. Sin embargo, cuando una expedición de caza termina en tragedia, presencia algo que no debería existir.
Bajo la superficie del mundo, antiguas fuerzas olvidadas desde hace mucho tiempo comienzan a despertar. Mientras verdades ocultas vuelven a emerger y las sombras de una era perdida regresan, Enkyo se verá atrapado entre el Imperio, el conocimiento prohibido y un legado más antiguo que la propia humanidad.
Algunos heredan reinos. Otros heredan pesadillas.
NovelToon tiene autorización de Lugo Alex para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 1 — La Grieta
Año 187
El mundo todavía creía que lo desconocido podía mantenerse a distancia… siempre que nadie intentara buscarlo.
Pero algunos hombres no nacen para aceptar límites.
En una extensión fría y desolada, donde la nieve caía como si quisiera borrar la historia antes de que pudiera suceder, cinco figuras permanecían arrodilladas: cuatro hombres y una mujer.
Sus cuerpos habían sido desgastados por el paso del tiempo, pero sus miradas… no pertenecían a ancianos.
Eran miradas que habían visto demasiado… y que aun así deseaban descubrir más.
En medio de ellos, un niño observaba.
No hablaba.
No intervenía.
Solo observaba.
Sus ojos recorrían a los ancianos mientras estos recitaban palabras en un idioma que no pertenecía a ningún registro humano. No era latín, ni griego, ni ninguna lengua conocida.
Era algo… más antiguo.
Algo que jamás debía pronunciarse.
Sus voces no eran fuertes, pero hacían vibrar el aire, como si cada palabra tuviera un peso propio. No estaban rezándole a un dios.
Intentaban obligar a algo a responder.
—La verdad… —susurró uno de ellos— no debe buscarse… debe ser traída ante nosotros.
El niño no lo comprendía por completo… pero podía sentir algo.
El suelo.
Había algo en el suelo.
Un crujido débil, casi imperceptible, comenzó a formarse bajo el círculo. No era un sonido natural. Era como si la propia tierra estuviera… cediendo.
Pero ellos no lo notaron.
O, peor aún… decidieron ignorarlo.
El ritual continuó.
Las palabras se volvieron más rápidas.
Más intensas.
Más peligrosas.
Y entonces…
Un sonido.
No procedía del suelo.
Procedía del hierro.
Pasos.
Su llegada no fue anunciada… fue impuesta.
Hombres revestidos de autoridad y muerte irrumpieron en el lugar. No traían dudas.
No traían preguntas.
Solo juicio.
La Inquisición del Primer Mandato.
—¡Detengan esto ahora mismo! —ordenó una voz firme que atravesó el aire como una espada.
Los ancianos no respondieron.
No podían.
O no querían hacerlo.
Porque estaban demasiado cerca.
Demasiado cerca de algo que ningún ser humano debía alcanzar.
El primero cayó antes de terminar sus palabras.
Después cayó otro.
Y otro más.
No hubo una verdadera resistencia. No porque fueran incapaces de defenderse… sino porque se negaron a detenerse.
Incluso mientras morían, continuaron intentando completar la invocación.
El niño no gritó.
No huyó.
No hizo nada.
Solo observó.
La nieve comenzó a teñirse de rojo mientras los cuerpos caían uno tras otro.
Cuatro hombres.
Una mujer.
Silencio.
Pero no era un silencio vacío.
Era un silencio contenido.
Porque bajo la tierra…
La grieta había comenzado a formarse.
Una línea delgada.
Oscura.
Casi invisible.
Como una herida que todavía no había decidido abrirse por completo.
—Que esto sirva de ejemplo —declaró uno de los inquisidores del Primer Mandato, contemplando a la multitud que comenzaba a reunirse.
Los cuerpos no fueron enterrados.
Fueron utilizados.
Sus extremidades… separadas.
Sus cabezas… exhibidas.
Las empalaron sobre estructuras de hierro levantadas como lanzas, a varios metros de altura.
Lo suficiente para que nadie pudiera ignorarlas.
Lo suficiente para que el miedo aprendiera a mirar hacia arriba.
—La humanidad no necesita verdades prohibidas —continuó aquella voz—. Necesita orden.
El niño seguía allí.
Nadie se había percatado de su presencia.
O quizá…
Nadie quería hacerlo.
La multitud contemplaba la escena con horror. Algunos sentían miedo.
Otros… aceptación.
Porque el miedo también puede convertirse en costumbre.
Entonces…
Todo se detuvo.
Como si el propio mundo hubiera decidido concentrarse en algo más importante.
La atención se aproximó lentamente hacia uno de los cuerpos.
Una cabeza.
Sus ojos se abrieron.
Vacíos.
Sin vida.
La nieve comenzó a cubrirlo todo, suavizando la brutalidad… ocultando la verdad.
La oscuridad ocupó toda la visión.
Silencio.
Y entonces…
La imagen volvió a alejarse.
El lugar apareció una vez más.
Pero ahora… algo era distinto.
La nieve todavía no había cubierto completamente el suelo.
Porque allí…
Marcada débilmente, pero aún presente…
La grieta continuaba existiendo.
La nieve terminó de cubrir lentamente el lugar.
Los cuerpos.
La sangre.
La grieta.
Todo desapareció bajo el blanco congelado… como si el mundo hubiera decidido ocultar aquel acontecimiento de la propia historia.
Y así…
Transcurrieron ciento veintitrés años.
Año 310
Conocido por muchos como el Año de la Reconquista.
Después de décadas de guerra, destrucción y fragmentación política, el Imperio finalmente había logrado recuperar la ciudad de Newline.
Las calles destruidas fueron reconstruidas piedra por piedra y, poco a poco, los ciudadanos comenzaron a regresar al lugar que alguna vez habían llamado hogar.
El poder del Imperio continuaba dividido entre varias autoridades:
La Asamblea Occidental de los Ocho Lords de la Corte.
Los Cinco Generales Imperiales.
La Inquisición del Primer Mandato.
Y los Tres Mandos responsables de salvaguardar las cuatro secciones principales de la ciudad bajo el poder del pueblo.
La guerra contra la Teocracia de los Trece Zodíacos parecía haber terminado.
O, al menos…
Eso era lo que la gente deseaba creer.
El mundo parece estar recuperándose después de la guerra del Imperio contra la Teocracia de los Trece Zodíacos…
La ciudad despertaba lentamente.
Personas caminaban entre los mercados.
Los guardias patrullaban calles que todavía conservaban las marcas de la guerra.
Los edificios reconstruidos se mezclaban con ruinas que permanecían en pie como recuerdos imposibles de borrar.
La guerra parecía haber terminado… o, al menos, eso era lo que creíamos.
Una pequeña ráfaga de viento recorrió las calles de Newline.
Nunca pensé que regresar a la ciudad me provocaría tanta nostalgia… pero, después de todo, este es mi hogar.
Yo nací aquí.
Dentro de una modesta casa situada en uno de los distritos residenciales, un joven dormía profundamente sobre su cama, apenas cubierto por una manta desordenada.
Su respiración era pesada.
Estaba exhausto.
La noche anterior había trabajado más horas de las habituales, y el cansancio todavía se reflejaba en su cuerpo.
Entonces…
—¡Enkyo! ¡Es hora de que bajes! ¡Tu padre está esperándote otra vez!
La voz de su madre resonó por toda la casa.
Los ojos del joven se abrieron lentamente.
Enkyo se incorporó con dificultad mientras se frotaba el rostro.
—Un momento, ya voy a bajar… Maldición… volví a quedarme dormido.
Se levantó rápidamente de la cama e intentó terminar de arreglarse.
—Si esto sigue ocurriendo, papá definitivamente se molestará…
Bajó apresuradamente las escaleras mientras acomodaba su ropa con torpeza.
Pero apenas llegó al piso inferior…
—Enkyo.
Su madre lo observaba con los brazos cruzados.
Raelia dejó escapar un pequeño suspiro antes de acercarse.
—Te abotonaste mal la camisa.
La acomodó con cuidado mientras él evitaba mirarla directamente, algo avergonzado por su prisa.
—Deberías apresurarte y comer —dijo ella—, o tu hermano no dejará nada.
Enkyo esbozó una pequeña sonrisa.
—No permitiré que eso ocurra.
Ambos rieron suavemente.
Y justo en ese momento…
—Los escuché…
Una voz adormecida llegó desde las escaleras.
Un niño con el cabello desordenado, todavía vestido con su ropa de dormir, descendía lentamente mientras se frotaba los ojos.
Enkyo sonrió levemente al verlo.
—Bueno… debería marcharme. Ya es tarde.
Raelia lo observó con cierta preocupación antes de volver a hablar.
—Ten cuidado. Últimamente muchos hombres han informado haber visto lobos… y varias personas han resultado heridas.
Su voz descendió ligeramente.
—Estoy preocupada, hijo.
Enkyo recogió sus cosas con tranquilidad.
—No te preocupes, mamá. Tendré cuidado. Además, estaré con papá.
Luego dirigió la mirada hacia su hermano menor.
—Bueno, ya me voy.
El pequeño levantó la cabeza para observarlo.
—Ten cuidado, hermano.
Enkyo sonrió.
—Prometo regresar lo antes posible. Cuida de mamá mientras no estoy.
Kyomuro asintió con orgullo infantil.
Antes de salir, Enkyo pasó suavemente una mano por el cabello desordenado de su hermano.
Luego abrió la puerta.
Y salió.
El aire frío de Newline golpeó inmediatamente su rostro.
La ciudad seguía viva.
Enkyo se apresuró por las calles de Newline.
Sus pasos resonaban sobre los caminos de piedra mientras esquivaba personas, carretas y trabajadores que continuaban reconstruyendo varias partes de la ciudad.
—Tengo que apresurarme…
El frío aire de la mañana golpeaba su rostro mientras continuaba corriendo hacia el centro de la capital.
A su alrededor, Newline intentaba levantarse nuevamente.
Algunas zonas todavía conservaban grietas, muros destruidos y cicatrices dejadas por la guerra. Otras ya mostraban edificios renovados, mercados en funcionamiento y calles llenas de vida.
Era como contemplar dos mundos coexistiendo al mismo tiempo.
Las heridas del pasado…
Y el intento desesperado por construir algo mejor.
Después de varios minutos, Enkyo finalmente redujo la velocidad.
Se detuvo por un momento, apoyó las manos sobre las rodillas e intentó recuperar el aliento.
—Haa… haa… Llegué…
No muy lejos de allí, un hombre alto y de cabello oscuro lo observaba con tranquilidad.
Thalion.
Su padre se acercó a él con una expresión desconcertada.
—¿Por qué llegaste con tanta prisa?
Enkyo levantó la cabeza, todavía jadeando.
—¿Es una broma…?
Thalion frunció ligeramente el ceño antes de cruzarse de brazos.
—A veces no comprendo por qué eres tan distraído. ¿No viste la carta que dejé?
Enkyo parpadeó, confundido.
—Mamá no me dijo nada acerca de una carta… Además, ayer dijiste que debíamos estar aquí temprano.
Thalion guardó silencio durante algunos segundos.
—Qué extraño… Estaba seguro de haber dejado esa carta.
Después negó suavemente con la cabeza.
—Bueno, ya no importa. El trabajo será después del almuerzo. Es mejor no perder el tiempo pensando en eso.
Su tono cambió ligeramente.
—Necesito tu ayuda. El mercader de alimentos llegará hoy y debemos apresurarnos si no queremos perder las mejores ofertas.
Enkyo lo miró con incredulidad.
—¿Hablas en serio…?
Mientras lo decía, no pudo evitar pensar:
Supongo que corrí para nada…
Thalion dejó escapar una pequeña risa.
—Por supuesto que hablo en serio. El transporte se ha vuelto más limitado últimamente. El invierno está a punto de comenzar.
—S-sí, tienes razón —respondió Enkyo con cierta inseguridad—. Será mejor que nos apresuremos.
Los dos comenzaron a caminar por las concurridas calles de la ciudad hasta llegar a un distrito comercial donde varias carretas descargaban mercancía.
Vegetales.
Legumbres.
Sacos de grano.
El aroma de los alimentos frescos llenaba el aire.
En cuanto llegaron, un hombre de aspecto robusto levantó una mano al reconocerlos.
—¡Oooh! Ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo se encuentra, señor Thalion?
Thalion sonrió ligeramente.
—No es necesaria tanta formalidad. Nunca pensé que terminarías convirtiéndote en mercader.
El hombre comenzó a reír con fuerza.
—Es bueno pasar la página. Además, el tiempo que pasé en las trincheras fue más que suficiente para mí. Después de todo, tú siempre eras el primero en quejarte de los suministros.
Thalion terminó riendo junto a él.
—Eso es cierto. Ya veremos qué tan bien te desempeñas en tu nuevo oficio.
—Entonces permitiré que seas el primero en escoger. Después de todo, eres un antiguo compañero… y un amigo.
Mientras hablaban, el mercader finalmente reparó en la presencia de Enkyo.
—Así que tú debes ser el hijo del señor Thalion.
Enkyo inclinó ligeramente la cabeza.
—Ah… sí. Es un placer. No pensé que conociera tan bien a mi padre. Mi nombre es Enkyo.
El hombre extendió la mano.
—El placer es mío. Mi nombre es Ruberius Aethelgard.
Ambos se estrecharon las manos.
Después comenzaron a examinar los productos mientras Ruberius les mostraba varios vegetales y legumbres de gran calidad, traídos desde otros sectores del Imperio.
Más tarde, mientras regresaban a casa cargando parte de las provisiones, Enkyo caminaba en silencio junto a su padre.
El viento frío recorría lentamente las calles.
Supongo que el mundo es lo suficientemente grande… y, al mismo tiempo, pequeño.
Quién habría pensado que conocería a uno de los compañeros de guerra de papá…
Una pregunta comenzó a crecer lentamente dentro de él.
Quería formularla.
Pero desconocía cómo reaccionaría su padre.
Finalmente, dejó escapar un pequeño suspiro.
Supongo que no hay nada malo en preguntar…
—Padre… tengo una pregunta.
Thalion apenas volvió la mirada hacia él.
—¿Qué ocurre?
Enkyo vaciló durante algunos segundos antes de hablar.
—Para ti… y para el señor Ruberius… ¿cómo fue la guerra?
La expresión de Thalion cambió ligeramente.
No era tristeza.
Tampoco era ira.
Era algo más difícil de explicar.
Mientras continuaba caminando con tranquilidad, inclinó levemente la cabeza antes de responder.
—Fue un proceso difícil.
El viento sopló entre ambos.
—La guerra no solo me enseñó muchas cosas, hijo… También me dio una razón para regresar a casa.
Enkyo escuchaba con atención.
—Pero ver a Ruberius viviendo de esta manera… abandonando el campo de batalla y dejando atrás su puesto…
Una pequeña sonrisa cansada apareció en el rostro de Thalion.
—Me da esperanza.
Enkyo lo contempló con confusión.
—¿Esperanza? ¿A qué te refieres?
Thalion guardó silencio durante unos instantes.
Después respondió con tranquilidad.
—Supongo que todavía no podrías comprenderlo.
Dirigió la mirada hacia el camino mientras continuaba avanzando.
—Pero este… todavía no es el momento adecuado para hablar de ello.
Después de regresar a casa y dejar las provisiones en el interior, el ambiente volvió a sentirse tranquilo.
El aroma de la comida comenzó a extenderse lentamente por la vivienda mientras Raelia terminaba de preparar el almuerzo.
Afuera, el frío continuaba recorriendo las calles de Newline.
Enkyo jugaba con su hermano menor frente a la casa.
Ambos sostenían palos de madera e imitaban cuidadosamente el estilo de combate utilizado por la Guardia Imperial.
Sus movimientos eran torpes.
Descoordinados.
Pero estaban llenos de entusiasmo infantil.
Kyomuro atacaba con emoción mientras Enkyo bloqueaba cada golpe con facilidad, aunque dejaba pequeñas aberturas de manera discreta para permitirle ganar algunos intercambios.
—¡Te tengo! —gritó el pequeño mientras levantaba orgullosamente su palo.
Enkyo retrocedió de forma exagerada.
—¿Qué? ¡Eso fue trampa!
Kyomuro comenzó a reír con satisfacción.
—¡Volví a ganar!
Enkyo sonrió mientras lo observaba.
—Supongo que pronto tendré que empezar a tomármelo en serio…
Mientras los hermanos continuaban practicando afuera, el ambiente dentro de la casa era diferente.
Mucho más silencioso.
Thalion permanecía cerca de la mesa mientras observaba a sus hijos a través de la ventana.
Raelia se acercó lentamente.
—¿Todavía estás pensando en lo que ocurrió antes?
Thalion tardó unos segundos en responder.
—Sí…
Su mirada permaneció fija en Enkyo.
—La manera en que habló acerca del Imperio…
Raelia bajó ligeramente la mirada antes de preguntar:
—¿Crees que todavía desea unirse?
Thalion permaneció en silencio durante un momento.
Después respondió con firmeza.
—No permitiré que eso ocurra.
Sus palabras fueron contundentes.
—Todavía es joven. De alguna manera, conseguiré quitarle esa idea de la cabeza.
Raelia lo observó con preocupación.
—¿Y si no podemos detenerlo?
El viento golpeó suavemente las ventanas.
—No quiero que nuestro hijo pierda su juventud sirviendo a un Imperio que nos arrebató tantos años de tu vida…
Su voz se debilitó.
—Ni siquiera quiero imaginar a nuestro hijo atravesando lo mismo que tú.
Los ojos de Raelia descendieron lentamente.
—Me costó demasiado recuperar a mi esposo…
Thalion se acercó con calma.
Luego la rodeó con sus brazos.
—Te prometo que nada volverá a separarnos.
Raelia cerró lentamente los ojos y se apoyó contra él.
—Permaneceremos juntos… todavía comiendo ese estofado de pato completamente salado que tanto nos gusta.
Raelia dejó escapar una pequeña risa.
—No bromees en un momento como este…
Thalion sonrió.
—Especialmente cuando todavía no veo al pobre pato sufriendo.
Ambos terminaron riendo suavemente.
Por un momento…
La guerra pareció convertirse en algo lejano.
Poco después, la comida finalmente estuvo lista.
La familia se reunió alrededor de la mesa mientras el cálido vapor del almuerzo llenaba la habitación.
Antes de comer, todos unieron sus manos para rezar.
Después comenzaron a disfrutar tranquilamente de la comida.
El ambiente parecía haber recuperado cierta calma.
Thalion terminó de beber un poco de vino mientras Raelia volvía a llenar su copa.
Entonces, repentinamente…
—Enkyo.
El joven levantó la mirada.
—¿Sí?
Thalion dejó lentamente la copa sobre la mesa.
—¿Qué te parece quedarte esta noche aquí con tu madre?
Enkyo frunció ligeramente el ceño.
—¿A qué se debe un cambio tan repentino, padre?
—Pensé que sería bueno para tu hermano y para tu madre que permanecieras aquí esta noche.
Enkyo lo observó durante algunos segundos.
—Pero tú también te quedarás, ¿verdad?
Thalion apartó ligeramente la mirada.
—Desearía poder hacerlo, hijo… pero es deber de un hombre trabajar.
Enkyo respondió casi inmediatamente.
—Entonces iré contigo.
Thalion levantó la mirada.
—No sería justo que hicieras todo el trabajo solo, padre.
El silencio cayó sobre la mesa durante algunos segundos.
Entonces Thalion volvió a hablar.
—Pensé que aceptarías mi propuesta.
Enkyo cerró ligeramente las manos.
—Padre… quiero aprender.
Su voz ya no sonaba infantil.
—Permíteme ayudarte. Déjame demostrarte que también puedo hacerlo.
Mantuvo los ojos fijos en él.
—Si no puedo soportar esto… ¿cómo podría resistir al unirme al Imperio, como hiciste tú?
Las expresiones de Thalion y Raelia cambiaron inmediatamente.
Thalion dejó escapar un suspiro lento y pesado.
—Existen otras formas de demostrarte quién eres, hijo.
Su mirada se endureció ligeramente.
—Y el Imperio no es una de ellas.
Enkyo frunció el ceño.
—¿Por qué?
El ambiente comenzó a volverse tenso.
—No comprendo por qué siempre limitas mi entrenamiento.
Su voz se elevó ligeramente.
—Pensé que, al pasar más tiempo en casa, me ayudarías con la espada… o con el entrenamiento militar…
La frustración se reflejaba en los ojos de Enkyo.
—Pero siento que no quieres que me una.
Thalion cerró lentamente los ojos antes de responder.
—La verdad es…
Volvió a mirarlo.
—No quiero que te unas.
El silencio se volvió pesado.
—Esa es mi decisión.
Enkyo apretó los dientes.
—Padre, sé que puedo hacerlo. Solo déjame demos—
—¡Olvídalo!
La voz de Thalion resonó con dureza por toda la habitación.
—¡Y no quiero volver a hablar de esto!
Kyomuro se estremeció inmediatamente.
Raelia cubrió rápidamente los oídos del pequeño para evitar que continuara escuchando la discusión, mientras una expresión de angustia cruzaba su rostro.
El silencio que siguió fue peor que el grito.
Enkyo permaneció inmóvil durante algunos segundos.
Después se levantó lentamente de la mesa.
Sin terminar su comida.
Sin pronunciar una palabra más.
Se dirigió hacia su habitación.
también me gusta que cada uno tenga una persona la diferente a pesar de que todavía no hay un desarrollo completo de personajes, también puedo notar que en este tipo de trabajo mejor dicho obra, veo una forma expresiva y un léxico muy notable, la manera en Cómo surge una batalla y cómo se logra entender es algo que pocos autores logran describir
estoy muy ansioso de seguir con este tipo de obra la verdad, no muchas veces se ve algo con bastante potencial y de verdad me enamoro de las relaciones que tiene los personajes y el conflicto que hay🩷🩷
I'm truly surprised; the story is increasingly drawing me in and captivating me. And I really don't know how to explain the feeling of how all of this is unfolding at a spectacular pace../Drool//Drool/