La primera vez que se encontraron, murieron.
La segunda vez, también.
Y aun así volvieron a buscarse.
A lo largo de tres vidas, tres épocas y tres historias distintas, dos almas destinadas a amarse desafiarán al tiempo, a la muerte y al destino para volver a encontrarse.
No recuerdan quiénes fueron.
No recuerdan cómo se perdieron.
Pero sus corazones sí.
Porque algunas conexiones son más fuertes que el olvido.
Más fuertes que la distancia.
Más fuertes incluso que la muerte.
ETERNOS es una historia sobre almas gemelas, segundas oportunidades y un amor capaz de atravesar siglos enteros.
Porque hay amores que terminan.
Y hay otros que duran para siempre.
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Tormenta
Abigail Crane
Salem, Massachusetts, noviembre 1692.
La oscuridad se siente como una segunda piel mientras lucho por deslizarme del suelo y alejarme de ellos.
Sus risas erizan mi piel.
Un sonido ensordecedor resuena por todo el bosque y luego la luz ilumina el cielo por unos segundos.
Ha comenzado la tormenta.
Gimo de dolor cuando intento incorporarme para correr. Todo mi cuerpo duele.
Paso mi mano por mis muslos y jadeo. El siguiente relámpago me deja ver la sangre que sale de mi interior.
Tanta sangre…
–Tenías razón, Hale –dice una de las voces–. Saben más deliciosas a una tierna edad.
–Sí, tierna y suave, como un cordero joven –responde otra voz y luego todos ríen.
–Me la quiero follar de nuevo –masculla la tercera voz–. Pero mi esposa me matará si llego tarde de nuevo.
–Fóllate a tu esposa –responde alguien.
–No. No sabe tan delicioso… Y sus gritos… Maldita sea, sus gritos me excitarán todos los putos días.
Sigo arrastrándome, intentando alejarme de ellos, pero mis piernas se sienten entumecidas por el dolor y no puedo hacerlo.
Quisiera gritar, pero sé que nadie me escuchará. Estamos en medio del bosque… en la nada. Y aunque hubiera alguien en los alrededores no podría escucharme.
El ruido de la lluvia y los truenos consume todo.
Nadie puede escuchar mi llanto… ni mis gritos… y tampoco pudieron escuchar el lamento de mi inocencia cuando fue robada.
Lo único importante que tiene una mujer es la virtud.
Es lo que mis padres me han enseñado toda mi vida… Todo mi valor, todo lo que soy, y todo lo que pude haber sido, acaba de ser arrancado de la peor forma posible.
No lo pedí. Solo estaba siguiendo las ordenes de mi padre. Me pidió que fuera al pueblo a comprar grasa animal para encender las lámparas de sebo. Mamá ha estado enferma y mis hermanos son muy pequeños.
–¿Qué haremos con ella, Reverendo?
–Yo no la he visto en el pueblo antes. No debe ser de aquí.
–No podemos arriesgarnos, Hale.
–Lo sé, lo sé. Dios sabrá perdonar. No somos más que víctimas del instinto animal que recorre nuestras venas.
–¿Van a matarla?
–Vamos a matarla –responde la voz que responde al nombre de Hale–. No puedes disfrutar de la yegua y después no querer matarla cuando sea necesario. Dios la puso en nuestro camino.
Todos ríen y yo aterrada comienzo a gatear.
El agua cae sobre mi cuerpo haciendo que mi ropa, hecha jirones, pese más de lo que puedo sostener.
Miro el cielo y pido piedad al mismo Dios que me puso en el camino de esos hombres y lo único que recibo es otro trueno que me quita mis últimas ganas de luchar.
Ya no valgo ni para la sociedad ni para mis padres.
Lo mejor es dejar que terminen su trabajo.
Pienso en mi corta vida. Tengo once años. Sé que he vivido más que muchas personas que conozco, contando a mi hermana pequeña que murió antes de cumplir el año por una tos que no se fue con nada. Pero pensé que podría vivir más… pensé que podría ayudar a mi familia si me casaba con un hombre adinerado que quisiera desposarme… pero ahora todos esos sueños han muerto.
–Tomen piedras y golpéenla –ordena Hale.
–Ya que la vamos a matar podríamos follarla de nuevo –dice una voz y quisiera gritar, pero de mi garganta ya no sale ningún sonido.
–Te dije que no. Mi esposa me va a matar.
Las piedras golpean mi espalda, piernas y cabeza. Pienso en rezar una vez más, pero no lo hago.
El Dios que puso a esos monstruos a caminar por la tierra no es un Dios en el que puedo creer.
Cierro los ojos y acepto mi destino.
Solo espero que mis padres nunca sepan lo que me pasó, porque sé que esta mancha será peor que mi muerte.
Un alarido animal resuena a lo lejos, deteniendo el lanzamiento de piedras.
Ni siquiera abro los ojos. Si un animal terminará lo que otros animales empezaron… lo acepto.
Los alaridos siguen llegando y luego un coro de risas femeninas recorre el bosque.
–¡Brujas! –exclaman aterrados los hombres.
–Les dije que este lugar estaba plagado de esas horribles criaturas –gruñe Hale–. ¡Vamos, vamos! –grita aterrado.
El sonido de las risas se acerca cada vez más.
Trato de incorporarme para ver a esas criaturas, pero todo se vuelve negro.