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Bajo La Piel Del Látigo

Bajo La Piel Del Látigo

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Romance
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Catrina no nació cruel; la forjaron a golpes de desprecio y una traición devastadora de su tío, quien le arrebató las tierras de su padre y su inocencia. Hoy, es "La Generala", la mujer que gobierna el pueblo con puño de hierro y cuyo corazón parece de piedra volcánica.

​La paz armada de su mundo se altera con la llegada de Máximo, un joven heredero acostumbrado a los lujos de la capital y a que el mundo gire a sus pies. Castigado por su abuelo para "hacerse hombre" en la hacienda vecina, Máximo llega con arrogancia, pero se estrella contra la realidad de un pueblo que no le teme a su apellido. El destino los obliga a convivir cuando una amenaza externa pone en riesgo las tierras de ambos. Mientras Máximo descubre que la vida es más que fiestas, Catrina se enfrenta a un dilema: ¿puede el amor de un "niño mimado" sanar las cicatrices de una traición familiar, o terminará él siendo una víctima más de su sed de venganza?

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capitulo 1

El sol sobre el pueblo de "Las Cruces" no calentaba; quemaba con una saña casi personal. Pero para Catrina, ese calor era un viejo conocido, una capa más de la armadura que se ponía cada mañana al calzarse las botas de cuero gastado.

​Frente a ella, la hacienda "El Olvido" crujía bajo el peso del abandono. Don Julián, un hombre que en su juventud había sido fuerte, ahora temblaba mientras sostenía un fajo de papeles arrugados. Intentaba explicar una mentira que Catrina ya conocía de memoria: ganado fantasma, firmas falsificadas y un préstamo que nunca llegó a sus manos, sino a una mesa de juego en el pueblo vecino.

​Catrina no parpadeó. Sus ojos, del color de la tierra seca antes de la tormenta, recorrieron el porche de la casa con una frialdad clínica. No había en ella rastro de la niña que alguna vez lloró por una muñeca rota. Esa niña había muerto el día que su tío Elías le arrebató el apellido y la dignidad.

​—No me mires así, Julián —su voz era un susurro rasposo, como el filo de una navaja sobre seda—. Los números no tienen sentimientos, y yo tampoco. Me diste tu palabra y luego intentaste venderme espejismos. En este pueblo, la palabra es lo único que nos separa de las bestias. Tú elegiste ser una bestia.

​—¡Catrina, por favor! —suplicó el hombre, cayendo de rodillas. El sudor le resbalaba por las sienes, mezclándose con el polvo—. Mis hijos no tienen a dónde ir.

​Ella ajustó el cinturón de su pantalón con un gesto mecánico. La piedad era un lujo que los pobres no podían permitirse y que los poderosos usaban para engañar.

​—Tus hijos tienen salud y manos. Que trabajen, como trabajé yo cuando tú y mi tío se reían de mi desgracia hace quince años —sentenció. Hizo una seña con la mano a sus capataces. —Saquen lo que quede de valor. Mañana a primera hora, esta tierra cambia de nombre en el registro. No quiero ver ni el rastro de su sombra en mis dominios.

​Catrina se dio la vuelta mientras los lamentos de Julián se perdían en el viento. No sentía placer, pero tampoco remordimiento. El vacío en su pecho era un espacio ordenado donde solo habitaba la justicia de los fuertes. Se subió a su camioneta, el motor rugió como una fiera despertando, y dejó tras de sí una nube de polvo que ocultó por un momento la miseria de los que intentan estafar al destino.

​Mientras tanto, a ochocientos kilómetros de distancia, el aire no olía a tierra, sino a perfume caro y ginebra importada.

​El club "Neón" en la capital era el epicentro de la vacuidad que Máximo llamaba vida. En el centro de la pista, el caos se desataba. Máximo, con la camisa de lino desabrochada y el cabello perfectamente despeinado, acababa de aterrizar un puñetazo en la mandíbula de un heredero de bancos cuyo único pecado había sido tropezar con él.

​—¡¿Sabes quién soy yo?! —gritaba Máximo, mientras dos guardias de seguridad del tamaño de armarios lo levantaban en vilo—. ¡Mi abuelo puede comprar este antro y convertirlo en un estacionamiento para mis perros!

​La euforia de la pelea le recorría las venas como una droga. Máximo no peleaba por honor, ni por odio; peleaba porque necesitaba sentir que algo en su mundo de algodón y cuentas bancarias era real. El impacto del nudillo contra el hueso era lo único que le recordaba que estaba vivo.

​Minutos después, fue arrojado a la acera con la misma ceremonia con la que se saca la basura. Se limpió un hilo de sangre de la comisura de los labios y soltó una carcajada arrogante, ignorando que, a pocos metros, un Rolls-Royce negro lo esperaba en silencio.

​La puerta se abrió. Dentro, la penumbra olía a tabaco de pipa y a una autoridad que no necesitaba gritar para ser escuchada. Don Vicente, el abuelo de Máximo, permanecía sentado con las manos apoyadas en un bastón de empuñadura de plata. Sus ojos, cansados pero afilados como cristales, observaron el desastre que era su nieto.

​—Sube, Máximo —fue lo único que dijo. El tono era tan gélido que el joven perdió la sonrisa al instante.

​El trayecto a la mansión fue un silencio sepulcral que pesaba más que cualquier reprimenda. Una vez en el despacho, rodeado de retratos de antepasados que habían construido imperios con sudor y astucia, Don Vicente lanzó un fajo de informes sobre el escritorio de caoba.

​—Cárcel por conducción temeraria, tres peleas en locales públicos este mes, medio millón de dólares en deudas de juego "amigables"... —el anciano suspiró, un sonido cargado de una decepción infinita—. Eres un parásito, Máximo. Un niño mimado que consume el oxígeno de hombres que sí valen la pena.

​—Abuelo, no es para tanto... es solo una mala racha —intentó decir Máximo, recuperando su tono de galán despreocupado.

​—Se acabó la racha —Don Vicente se puso en pie, su figura encorvada emanaba una fuerza que Máximo nunca tendría—. Mañana sale un transporte hacia el pueblo de tu tía. "Las Cruces".

​Máximo sintió un escalofrío. Ese nombre sonaba a olvido, a moscas y a aburrimiento mortal.

​—¿El pueblo? ¡No puedes hablar en serio! Allí no hay nada. Ni señal de internet decente, abuelo.

​—Allí hay tierra, Máximo. Y hombres que se ganan el pan con la espalda doblada. Tu tía aceptó recibirte con una condición: no eres mi nieto, eres un peón más. Si aguantas seis meses trabajando, recuperaré tu fideicomiso. Si te vas, si huyes, o si me llamas llorando... te quedas en la calle. Sin apellido, sin tarjetas, sin nada.

​Máximo buscó una grieta en la mirada del anciano, pero solo encontró un muro de hormigón.

​—Es el pueblo o la calle —repitió Don Vicente—. Elige ahora.

​Máximo miró sus manos, suaves y cuidadas, y pensó en el lodo del que su abuelo hablaba con tanto respeto. Un impulso de rebeldía lo hizo apretar los dientes.

​—Iré. Solo para demostrarte que puedo con ese basurero y que volveré antes de lo que crees.

​Don Vicente asintió lentamente, una chispa de tristeza cruzando sus ojos. Sabía lo que le esperaba a su nieto en "Las Cruces". Sabía que allí gobernaba una mujer que no conocía la palabra perdón.

​Esa noche, Catrina se encontraba en el balcón de su hacienda, observando las luces distantes del pueblo. En su mano derecha sostenía un vaso de agua fría; nunca bebía alcohol, no quería que nada nublara sus sentidos. Un presentimiento extraño, un cambio en la dirección del viento, le erizó el vello de los brazos.

​En la capital, Máximo terminaba de empacar tres maletas de diseñador, llenas de ropa que no le serviría para nada donde iba. Miró por la ventana los rascacielos iluminados, convencido de que su estancia en el campo sería unas vacaciones rústicas.

​Dos polos opuestos, separados por kilómetros de asfalto y siglos de resentimiento, acababan de iniciar su curso de colisión. El destino, ese viejo arquitecto de tragedias y milagros, ya tenía las cartas sobre la mesa. En "Las Cruces", la Jefa no sabía que un niño rico estaba por desafiar su ley. Y Máximo no tenía idea de que estaba a punto de conocer al único ser capaz de romperlo... para luego, quizás, volver a armarlo.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔👀
Silvia Chena
ES BUENÍSIMA LA NOVELA
Lobelia ❣️
👍👏
Silvia Chena
Algún problema va a traer, esa mina
Lobelia ❣️
muy bueno 👍👍
Lobelia ❣️
☺️👍👍🥰
Lobelia ❣️
me gusta sigues 👍👍
Celina Espinoza
gracias por compartir tu historia 🥰
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