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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5 — Un peligro para mi estabilidad

Esa noche estaba terminando unas planeaciones cuando mi celular vibró sobre la cama.

Pensé que sería Isa.

Pero no.

Era Alejandro.

“Buenas noches, profesora. Samuel quería mostrarte algo”.

Mi corazón empezó a latir más rápido.

Segundos después llegó una foto.

Samuel aparecía sonriente, sosteniendo una torre horrible hecha con bloques de colores.

No pude evitar reír.

“Le quedó muy bonita la construcción”.

Alejandro respondió casi enseguida.

“La hizo diciendo que era el castillo de la profe”.

Me mordí el labio intentando contener la sonrisa.

“Entonces tendré que felicitarlo mañana”.

Pasaron unos segundos.

Y luego llegó otro mensaje.

“Aunque creo que a él le gusta mucho su profesora”.

Tragué saliva.

No sabía si estaba hablando del niño… o de él mismo.

Miré la pantalla demasiado tiempo antes de responder.

“Samuel es un niño muy cariñoso”.

Tres puntos.

Alejandro estaba escribiendo.

“Sí… definitivamente salió al papá”.

Sentí un vuelco en el estómago.

Dios mío.

Apagué el celular sobre la cama y me cubrí la cara con las manos.

Ese hombre iba a acabar conmigo.

Alejandro

No debía estar haciendo eso.

Lo sabía perfectamente.

Pero desde que había visto a María José en la entrada del colegio, algo dentro de mí se había desordenado por completo.

Y mientras más intentaba mantener distancia… más quería acercarme.

Guardé el celular y me dejé caer en el sofá.

Samuel estaba dormido en su habitación y la casa volvía a sentirse demasiado silenciosa.

Antes no me molestaba.

Después de la muerte de Laura aprendí a convivir con el vacío.

Pero ahora era distinto.

Ahora había una mujer apareciendo constantemente en mis pensamientos.

Una mujer con uniforme de profesora, sonrisa tímida y ojos peligrosamente dulces.

Cerré los ojos, frustrado.

Aquello estaba mal.

Muy mal.

Ella trabajaba con mi hijo.

Y además parecía demasiado buena para meterse en problemas con alguien como yo.

Porque yo ya no era el mismo hombre de antes.

La muerte de Laura me había cambiado muchas cosas.

Me había vuelto más frío.

Más distante.

Más desconfiado.

Aunque, curiosamente, María José parecía atravesar todas esas barreras sin darse cuenta.

Y eso era exactamente lo que más me preocupaba.

María José

Al día siguiente llegué más temprano de lo normal al colegio.

Necesitaba convencerme de que todo estaba bajo control.

Pero claramente el destino seguía jugando conmigo.

Porque apenas iba entrando al salón, una de las profesoras sonrió de forma sospechosa.

—María José… ¿el papá de Samuel siempre ha sido tan atento contigo?

Abrí los ojos, nerviosa.

—¿Qué?

—Ay, por favor. Medio colegio notó cómo te miraba ayer.

Sentí el corazón acelerarse.

—Estás imaginando cosas.

Ella soltó una risa.

—Si tú lo dices.

Entré rápido al salón intentando ignorarla.

Pero sus palabras me dejaron inquieta.

¿De verdad alguien más lo había notado?

Eso era justamente lo que no debía pasar.

La mañana transcurrió entre canciones, colores y tareas.

Intenté mantener mi mente ocupada.

Hasta que, cerca del mediodía, mi celular vibró discretamente sobre el escritorio.

Era un mensaje de Alejandro.

“Samuel olvidó su termo azul. ¿Podrías guardarlo?”

Respiré profundo antes de responder.

“Claro, mañana se lo entrego”.

Pensé que ahí terminaría la conversación.

Pero no.

“Gracias. Y, por cierto… hoy te ves muy linda”.

Mi corazón casi se detuvo.

Miré alrededor, nerviosa, como si alguien pudiera leer mi pantalla.

Ese hombre definitivamente estaba cruzando límites.

Y lo peor…

era que me gustaba demasiado que lo hiciera.

Intenté no responder.

De verdad lo intenté.

Pero después de varios minutos terminé escribiendo:

“Está prohibido coquetear con la profesora de su hijo, señor Alejandro”.

Cuando envié el mensaje quise morir de inmediato.

¿Qué acababa de hacer?

Tardó menos de un minuto en responder.

“Entonces voy a tener que portarme mal”.

Me quedé mirando la pantalla completamente sonrojada.

Ese hombre era un peligro para mi estabilidad mental.

Y apenas estábamos comenzando.

Alejandro

Estaba en mi oficina descansando un poco, ya que por trabajo no alcancé a ir a almorzar a casa, cuando Valentina, mi cuñada, entró sin siquiera tocar la puerta.

—Hola, Alejandro. ¿Cómo estás?

La miré serio.

—Hola, Valentina. ¿Por qué no tocas antes de entrar?

Ella soltó una pequeña risa.

—Ay, pero qué formalidad. Disculpa.

Ignoré su sarcasmo y me acomodé en la silla.

—¿Qué deseas? ¿Qué te trae por acá?

—Pues vine por ti. Quería saber qué está pasando.

Fruncí el ceño.

—¿De qué hablas?

—El conductor de la ruta de Samuel me dijo que ya no ha vuelto a recoger al niño porque muchas veces tú dices que lo llevarás personalmente.

La miré sin entender el problema.

—Sí… ¿y qué tiene eso de raro?

—Pues contrataste la ruta porque no tenías tiempo de llevarlo ni recogerlo.

—Bueno, ahora sí tengo tiempo. Yo mismo lo hago y ya. ¿Eso era lo que venías a decir?

Valentina me observó con atención.

—También quería decirte que te he notado diferente… como más feliz.

Tomé aire con calma.

—No es nada. Solo que las cosas van bien con el lanzamiento de la empresa.

Ella sonrió, aunque claramente no parecía convencida.

Y la conocía lo suficiente para saber que estaba sospechando algo.

—Bueno, me alegra. Ojalá esta noche podamos cenar en familia.

Se acercó, besó mi mejilla y salió de la oficina.

En cuanto la puerta se cerró, suspiré cansado.

A los pocos segundos entró Gabriel un enbestigadora que cintrete con una carpeta en la mano.

—Hola, Alejandro. Aquí está toda la información de María José.

Levanté la mirada de inmediato.

—Vaya… qué eficiente. Así me gusta.

Tomé la carpeta y la abrí sin perder tiempo.

Lo primero que encontré fue una fotografía de ella.

Y, al lado, su edad: 32 años.

Pensé que era más joven.

No demostraba su edad en absoluto.

Seguí leyendo.

Fecha de nacimiento.

Lugar de origen.

Nombres y profesiones de sus padres.

Un hermano menor.

Años trabajando como docente.

También decía que trabajaba como influencer y creadora de contenido.

Eso ya lo sabía.

Había visto algunos de sus TikToks bailando.

Y, aunque intentaba convencerme de lo contrario, me gustaba verla.

Demasiado.

Continué revisando los documentos.

Dirección.

Barrio de clase media.

Estado civil: soltera.

Aunque hubo algo que llamó especialmente mi atención.

Había tenido una relación de diez años.

Diez años.

Eso era muchísimo tiempo.

¿Qué habría pasado para que terminara?

La idea me incomodó más de lo que debería.

Y fue ahí cuando me di cuenta de algo.

Estaba pensando demasiado en ella.

Muchísimo más de lo conveniente.

Cerré la carpeta de golpe y la dejé sobre el escritorio.

Necesitaba concentrarme en el trabajo.

Pero era imposible.

Porque, por más que lo intentara, esa hermosa y tierna profesora no dejaba de aparecer en mi mente.

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Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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