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Enamorada De Un Zorro

Enamorada De Un Zorro

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Demonios / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marceth S.S

Lolo siempre ha creído que los mitos pertenecen a los libros… hasta que regresa al valle de su infancia y descubre que el bosque esconde secretos que nadie quiere nombrar.

Entre leyendas de kitsune, advertencias silenciosas y una familia que parece saber más de lo que dice, Lolo se adentra en un mundo donde lo sobrenatural no solo existe, sino que observa, espera… y recuerda.

Cuando conoce a un ser tan hermoso como peligroso, Lolo deberá decidir si está dispuesta a confiar en alguien que no pertenece al mundo humano. Porque amar a un zorro no es solo un riesgo para el corazón, sino una amenaza para todo lo que cree conocer.

NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1: ¿Que carajos?

El aire me faltaba. Mis pulmones ardían como si hubiera tragado brasas, pero no podía detenerme. Si lo hacía, aunque fuera un segundo, él me alcanzaría.

Corría por un bosque que parecía no tener fin, donde las ramas de los árboles se estiraban como dedos esqueléticos que intentaban frenarme. En mi mente se proyectaba un catálogo de horrores

 ¿Cómo terminaría todo? ¿Despedazada? ¿Devorada? ¿Desgarrada?

Justo cuando mis piernas flaquearon, creyendo que la distancia era suficiente, la oscuridad se materializó sobre mí.

El impacto me lanzó contra el suelo. Un peso gélido y letal me inmovilizó. Sus ojos, dos pozos de un rojo carmesí cargados de un odio ancestral, se clavaron en los míos. Eran los ojos que habían colonizado mis pesadillas durante semanas.

—Deliciosa… —siseó.

Sentí su lengua húmeda y áspera recorrer mi mejilla. El asco me revolvió el estómago, pero el miedo era un ancla que me impedía incluso gritar.

¡¿Cómo demonios había terminado así?!

Mis fuerzas se esfumaron justo cuando sus garras se hundieron en mi carne. No fue solo el dolor físico, sentí cómo el frío llegaba hasta mi propia alma.

Antes de que la oscuridad me tragara por completo, vi algo, un medallón que colgaba de su cuello, con inscripciones antiguas que brillaban con una luz mortecina. Solo una palabra cobró sentido en mi mente antes de soltar mi último aliento.

—Kitsune…

Me incorporé de golpe, ahogando un grito. El aire entró en mis pulmones de forma violenta, quemando mi garganta. Me quedé allí, sentada en la cama, con el corazón martilleando contra mis costillas como un pájaro enjaulado. El techo de mi habitación, con sus grietas familiares, me devolvió a la realidad.

La alarma comenzó a chillar en la mesa de noche. Era un ruido irritante, mundano, pero benditamente normal.

—¡Lolo! ¡Arriba! ¡Vas a llegar tarde! —El grito de mi madre desde la cocina terminó de romper el hechizo del sueño.

—Maldición… —resoplé, dejándome caer de nuevo sobre la almohada.

Me sentía físicamente agotada, como si de verdad hubiera estado corriendo por aquel bosque toda la noche. Las pesadillas eran constantes, pero lo de hoy había sido distinto. Ese medallón… eso era nuevo.

—Una cosa más para la lista de problemas —mascullé entre dientes.

Me obligué a salir de las sábanas. Me arrastré hasta el baño, ignorando las ojeras que me devolvía el espejo. Con el calor sofocante del verano, opté por un short y una blusa de tirantes sencilla, aquí el calor no perdonaba.

Me miré una última vez. Mi nombre es Loraine Romo, aunque todos me llaman Lolo. Mi árbol genealógico es una mezcla curiosa, mi madre, japonesa hasta la médula, conoció a mi padre, un italiano con más carisma que sentido común, y tras un poco de romance —y lo que ellos llaman "magia"— aparecí yo. Un bombón internacional con lo mejor de dos mundos.

Antes de salir, me detuve un segundo frente al retrato de mi abuela que colgaba en la pared. Le lancé un beso rápido al cristal, como hacía cada mañana. Nana se había ido hacía mucho tiempo, pero seguía siendo mi mayor inspiración, ahora que mi vida parecía un tráiler de película de terror, la echaba de menos más que nunca.

Bajé las escaleras a saltos. En la cocina, el aroma a café y masa dulce me dio la bienvenida. Mi madre estaba en plena acción frente a los fogones y mi padre, en su hábitat natural, intentaba leer el periódico mientras masticaba al mismo tiempo.

—Hasta que al fin bajas, hija —dijo mi madre, aterrizando frente a mí un plato rebosante de panqueques.

—Venga ya, ni que hubiera dormido doce horas —reí, mientras atacaba el primer bocado con entusiasmo.

—Lolo… —Mi padre dejó el periódico a un lado, mirándome con esa expresión de "papá preocupado" que tanto intentaba evitar—. Anoche te escuché gritar otra vez. ¿Eran las pesadillas de nuevo?

El sabor del panqueque se volvió ceniza en mi boca. Me empezó a zumbar la cabeza de solo recordar la sensación de las garras desgarrando mi piel y esos ojos rojos sedientos de sangre. Aquello me iba a atormentar un buen rato, pero no quería preocuparlos.

—No es nada, papá. Solo soñé que tu asquerosa cacerola del almuerzo cobraba vida y me comía —bromeé, intentando restarle importancia.

¡CLANG!

—¡Auch! —Me llevé las manos a la coronilla. El sartenazo había sido quirúrgico.

—¡Si tanto asco te daba, no tenías por qué comértela, niña insolente! —sentenció mi madre, mirándome con fuego en los ojos mientras blandía su arma de cocina.

—¡Venga ya, mujer! Si te sentaste a mi lado toda la noche con la chancla en la mano y me obligaste a terminarla —protesté, sobándome el chichón mientras ella volvía a sus asuntos con un bufido indignado.

—Pero qué mujer tan agresiva… ¿Segura que no soy adoptada? —mascullé mientras seguía sobándome el cráneo. Era muy probable, si no fuera mi madre, ya la habría demandado por maltrato animal.

—Deja de ser tan quejumbrosa y aprende a comer lo que te pongo. En fin, Lolo, no es por alarmarte, pero tu abuelo está enfermo.

Casi me caigo de la silla. Los panqueques se me olvidaron al instante.

—¿El abuelo? ¿Enfermo? —No me lo creía. Desde que tenía memoria, jamás había visto a ese hombre tomarse ni una aspirina, mucho menos tener un resfriado común.

De hecho, ahora que lo pensaba, ni él ni mi madre se enfermaban nunca. ¿Cuál sería su secreto? Porque yo, por el contrario, parecía un imán para los virus, me enfermaba todo el tiempo y de milagro las medicinas me hacían efecto. Eran como robocops genéticos y yo la versión de prueba con errores.

—¿Lolo? ¿Me estás escuchando? —Mi madre me sacudió el hombro, sacándome de mi asombro.

—Por supuesto, mamá. Solo… me sorprendió la noticia. Es rarísimo que el abuelo se sienta mal.

—Tienes razón. No sé qué pasó esta vez, pero dice que no se encuentra bien —suspiró ella, cruzándose de brazos—. Le pedí detalles, pero ya conoces a ese viejo terco, no soltó prenda.

—Bueno, eso quiere decir que iremos a Japón —concluí, intentando animarme. Hace años que no visitábamos la tierra del sushi y los templos.

—No, Lolo. Eso quiere decir que tú irás a Japón —soltó ella con una seriedad que me erizó los vellos de la nuca.

—Espera… ¿Yo? ¿Sola? —Mis ojos casi se salen de sus órbitas—. ¡Nunca he ido sola! ¿Y si me pierdo? ¿Y si termino vendida en el mercado negro por falta de sentido común? ¡Ay, Dios!

—Lolo, no te va a pasar nada, deja de ser tan exagerada. Ya eres una adulta y tienes que aprender a andar por la vida sin tu padre y sin mí —sentenció, dándose la vuelta para seguir con sus labores y dejándome con mil preguntas rebotando en la cabeza.

¿En serio quería que fuera sola? Aquí había gato encerrado. Primero, el roble de mi abuelo cae enfermo de la nada, segundo, normalmente viajamos los tres en un pack inseparable.

Aunque, si le veía el lado positivo, esto era un pase directo a la libertad. Mi madre siempre había sido más estricta que un sargento, así que el hecho de que me enviara al otro lado del mundo por mi cuenta era, cuanto menos, sospechoso.

—Aquí hay algo que no me están contando —Murmure mientras el recuerdo de los ojos rojos de mi pesadilla volvía a cruzar por mi mente como un escalofrío.

Al anochecer, mis padres se marcharon al cine. Hoy es miércoles de descuento y, según ellos, era un pecado no aprovecharlo. Lo bueno de ese par es que, a pesar de los años y de ser adultos funcionales (bueno, a veces), siguen disfrutando de su amor como si fueran dos adolescentes con las hormonas a tope.

Algún día espero tener algo así… aunque por ahora me conformo con no recibir sartenazos.

Me quedé sola y, por primera vez en mucho tiempo, sentí miedo.

Ya soy mayor de edad y vivo en un barrio donde lo más peligroso que sucede es que el gato del vecino se suba a un árbol, pero la pesadilla de la noche anterior me había sacado de mi zona de confort. Cada sombra en el pasillo parecía estirarse más de lo normal.

Aburrida de saltar de canal en canal y de ver las mismas tonterías de siempre en redes sociales, me puse a pensar en el sueño. Específicamente, en las palabras de aquel medallón.

—Kitsune… Me suena de algo —mascullé, lanzando el control remoto al sofá.

—"Claro que te suena, Loraine" —me respondí a mí misma en voz alta, porque aparentemente hablar sola es mi nuevo pasatiempo favorito—. "¿Acaso olvidas que un demonio te sacó un accesorio de las costillas y que casualmente tenía eso escrito?".

Definitivamente me estoy volviendo loca.

Entonces, un recuerdo infantil cruzó por mi mente como un relámpago, mi abuelo, el olor a incienso y las historias a pie de cama. ¡Por supuesto! Mi abuelo me hablaba de ellos.

Decidida, salté sobre mi laptop y le pregunté al sabio Google.

Kitsune, Significa «zorro», un elemento de vital importancia en el folclore japonés. Se utiliza para nombrar a espíritus del bosque cuya función clásica es proteger aldeas. Están estrechamente asociados al dios sintoísta Inari. Entre sus poderes sobresalientes está la capacidad de adoptar forma humana, generalmente como mujeres jóvenes. A veces son traviesos y embaucadores, otras, desempeñan funciones de fieles guardianes, amigos o amantes.

—Brutal —susurré, recorriendo la pantalla con los ojos.

Me quedé un momento en silencio, mirando el cursor parpadear. ¿Qué demonios tenía que ver un zorro mágico conmigo?

—Fue solo un mal sueño, Lolo. Deja el drama —me regañé, cerrando la laptop de un golpe—. Seguramente mi cerebro mezcló las historias del abuelo con el estrés y fabricó ese corto de terror. No tiene nada que ver conmigo.

Tras pasar horas perdida entre artículos sobre mitología y leyendas, el cansancio me ganó la partida. Me quedé frita en el sofá. Cuando desperté, la oscuridad aún reinaba tras la ventana, el reloj de la cocina marcaba las dos de la mañana con un tic—tac desesperante.

—Carajo, me quedé dormida —mascullé, estirándome hasta que me sonaron las vértebras. Miré hacia la barra de la cocina, las llaves de mis padres estaban allí. Ya habían vuelto.

Me disponía a subir a mi cuarto para enterrarme bajo las sábanas cuando una luz azul, intensa y vibrante, inundó toda la sala.

Venía del patio.

Me quedé congelada. Miré por el cristal, pero no vi nada fuera de lo común.

—Vamos, Loraine. Has visto suficientes películas para saber qué le pasa a la gente que sale a investigar —me advertí a mí misma.

Estaba lista para ignorar mis instintos y correr escaleras arriba, pero la luz azul volvió a parpadear, desafiante.

—Maldita sea, me voy a arrepentir de esto —susurré.

Abrí la puerta corredera con un cuidado extremo y allí estaba, una pequeña llama de color azul neón flotando en medio del patio. No era fuego normal, no chisporroteaba ni humeaba, solo levitaba como si fuera un ser vivo.

Cualquier persona NORMAL habría salido corriendo a encerrarse en el baño para llamar al 911. Afortunadamente (o no), me considero lo suficientemente rara como para no poder ignorar algo así.

Salí al patio dando pasos largos y ligeros, como si caminara sobre cáscaras de huevo, pero mi torpeza legendaria no me falló, me golpeé el pie contra el marco de la puerta.

El ruido hizo que la llama se detuviera en seco.

Empezó a orbitar a mi alrededor, trazando círculos de luz fría. Hipnotizada, acerqué la mano. Quería tocarla, sentir si quemaba o si era solo una ilusión. Pero en el momento en que mis dedos rozaron el núcleo del resplandor, sintiendo un calor súbito y reconfortante, la llama se desvaneció.

De golpe, el mundo empezó a dar vueltas. Mis párpados pesaban toneladas. Me tallé los ojos, extrañada, sintiendo cómo mis músculos se convertían en gelatina. Ni siquiera tuve fuerzas para volver a entrar en la casa, me desplomé allí mismo, sobre la hierba fresca del patio.

Mientras la oscuridad me reclamaba, vi unos pies acercándose a mí. El sueño me nublaba la vista, pero antes de perder el conocimiento por completo, sentí unas manos cálidas rozándome el rostro.

¿Qué carajos está pasando? Fue mi último pensamiento antes del vacío.

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EYAM
ya quiero más capítulos porfavor está súper buena la novela ☺️
Lisandra Alvarez
exelente,me gusta mucho esta novela
Yooung
que lindo 😩
~Mio^Mio~
Que maravilla de historia... Me encanta 🤗
~Mio^Mio~
🤣🤣 ¡Diablos senorita!
Me encanta la referencia ... o asi lo entendí 🤣🤣🤣
tamaky
Que montón de cosas están pasando 😩
pero está muy interesante, es la primera vez que leo un libro de romance que tenga tanto folklore japonés 🤭
tamaky
Ay yo JAHSJAJAJA
Yooung
Que atrevido 🤭
~Mio^Mio~
Que emoción!
~Mio^Mio~
Me gusta 🤗. Esta interesante
~Mio^Mio~
🤣
MONICA GODOY RIOS
🤯🤯🤯🤯😱😱😱😤
MONICA GODOY RIOS
Ella no estudia, no trabaja ,🤔
MONICA GODOY RIOS
Interesante 🤔y original
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