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La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Reencarnación
Popularitas:9.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.

Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.

Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El precio del desafío

Alessio no durmió.

No por la furia, la furia se le había pasado en cuanto salió de la habitación de Renato y se apoyó en la pared del pasillo, con el corazón golpeándole las costillas. Lo que le mantenía despierto era el maldito olor.

Esa pimienta rosa.

La había sentido enfrentarse a su pimienta negra como un guante lanzado al suelo. No había cedido, no se había retirado, le había plantado cara en su propio terreno, en el campo de batalla de las feromonas, donde ningún omega debería poder resistirse. Su alfa interior lo había interpretado como una declaración de guerra, un desafío de poder y eso, se odiaba por admitirlo, lo encendía.

Se pasó la mano por la nuca, sintiendo aún el cosquilleo en la piel, el olor de Renato se le había pegado como una lapa, cada vez que cerraba los ojos, lo olía. Algodón, flor de cerezo, y ese picante elegante que le erizaba el vello de los brazos.

Es biología, se dijo, nada más, mi alfa quiere someterlo porque me ha desafiado. Punto.

Pero la erección que le apretaba contra el pantalón le recordaba que su cuerpo no entendía de razones. Se obligó a pensar en otra cosa: en el puerto, en Rinaldi, en los Calabresi, cualquier cosa menos en esos ojos avellana que no se doblegaban.

No funcionó.

———

Renato despertó con el sabor de la victoria convertido en ceniza.

La noche le había dado lo que necesitaba: sueño, olvido, un respiro, pero la mañana trajo consigo la lucidez y con ella, la preocupación.

He ido demasiado lejos.

Se incorporó en la cama, las sábanas estaban revueltas, su aroma —ese algodón y flor de cerezo que odiaba— lo envolvía como un recordatorio de lo que su cuerpo era. Recordó sus propias palabras: "No me pidas que vuelva a callarme, porque no voy a hacerlo."

Las había dicho, las había sentido, eran verdad. Pero ahora solo podía pensar en las consecuencias.

Alessio era un alfa orgulloso, un capo, un hombre que no toleraba la insubordinación de nadie, y menos de un omega al que había comprado como quien compra un jarrón.

¿Qué hará ahora? ¿Castigarme? ¿Encerrarme? ¿Devolverme a los Vieri?

No voy a disculparme, pensó, y su mandíbula se tensó. Dije lo que tenía que decir, si él no puede soportarlo, que haga lo que quiera. Pero sus manos temblaban ligeramente al vestirse. Se miró al espejo, sus ojos avellana estaban firmes.

Ya está hecho. Tendré que enfrentarlo.

———

Alessio lo encontró en la biblioteca.

Había pasado toda la mañana evitándolo. Reuniones innecesarias, llamadas a Rocco, papeles que no necesitaba revisar, cualquier cosa con tal de no cruzar el pasillo que llevaba a la habitación de Renato.

Pero su cuerpo lo traicionó.

A media tarde, sus pies lo llevaron a la biblioteca sin que su mente diera la orden. Abrió la puerta, allí estaba.

Renato levantó la vista del libro que no estaba leyendo, sus ojos se encontraron con los de Alessio. No había miedo en ellos tampoco desafío, solo una calma tensa.

—Alessio —dijo. Solo su nombre, sin título.

El alfa cerró la puerta.

—Tenemos que hablar —dijo, y su voz sonó más áspera de lo que pretendía.

—Habla entonces.

Alessio avanzó hacia él, Renato no se levantó del sillón, se quedó sentado, con el libro cerrado sobre las rodillas, la espalda recta.

—Anoche… —empezó Alessio, pero no sabía cómo seguir. ¿Anoche qué? ¿Me destrozaste con tus verdades?

—Anoche te dije lo que callaba desde que llegué a esta casa —dijo Renato. Su voz era firme, pero sus dedos apretaban el libro con demasiada fuerza—. No me arrepiento.

—Ya lo sé.

—Entonces, ¿qué quieres?

Alessio dio otro paso., ahora estaba frente a él, de pie, mirándolo desde arriba. Su aroma empezó a intensificarse deliberadamente.

—Quiero que entiendas algo —dijo, y su voz era un gruñido bajo—. Puedes decir lo que quieras, puedes creerte que eres diferente, pero tu cuerpo… tu cuerpo me pertenece.

Renato sintió la feromona de Alessio envolviéndolo. No era la furia de anoche, era otra cosa, más densa, deliberadamente seductora.

Su cuerpo omega reaccionó antes de que su mente pudiera detenerlo.

Un rubor le subió por el cuello, su aroma de algodón y flor de cerezo se volvió más dulce, más receptivo, traicionándolo. Sintió un calor incómodo en el vientre, una humedad entre los muslos que lo hizo apretar las piernas.

Maldición.

—Mira —dijo Alessio, y su voz era casi un susurro—. Tu cuerpo sí me reconoce, tu cuerpo sabe quién manda aquí.

Renato apretó los dientes.

—Mi cuerpo es débil —dijo, y su voz tembló de rabia, no de sumisión—. Pero yo no.

—Eso ya lo veremos.

Alessio se inclinó, apoyó las manos en los reposabrazos del sillón, acorralándolo sin tocarlo. Su rostro quedó a centímetros del de Renato, su aroma lo golpeó de lleno: ébano, pimienta negra, poder puro.

Renato sintió que le faltaba el aire, sus mejillas ardían, sus labios se entreabrieron solos, y un gemido mínimo, ridículo, escapó de su garganta.

Alessio lo oyó.

Sus ojos negros se oscurecieron, su feromona se intensificó hasta volverse casi irrespirable y entonces, sin aviso, aplastó su boca contra la de Renato.

No fue un beso, fue una orden. Cállate. Sométete. Deja de desafiarme.

La boca de Alessio era dura, exigente, su lengua forzó la entrada sin pedir permiso, una de sus manos soltó el reposabrazos y subió a la nuca de Renato, apretando, inmovilizándolo.

Renato quiso apartarse, su mente alfa gritó: ¡No! ¡No te sometas! Pero su cuerpo omega no escuchaba.

La feromona de Alessio lo envolvía como una manta caliente, su aroma le nublaba el pensamiento. Sintió que sus labios se entreabrían, que su lengua respondía sin permiso, que otro gemido —esta vez más audible— escapaba de su garganta.

No, pensó, pero su cuerpo se arqueaba hacia Alessio. No, pero sus manos soltaron el libro y subieron a los hombros del alfa, aferrándose. No, pero su cadera se inclinó hacia delante, buscando más contacto.

Le gustaba.

No Alessio, no el hombre, lo que le gustaba era lo que el beso le hacía sentir. El calor, la presión, la forma en que su cuerpo se encendía sin su permiso.

Alessio sintió la rendición física.

Gruñó contra su boca y profundizó el beso, su mano bajó de la nuca a la espalda de Renato, apretándolo contra su pecho. La otra seguía en el reposabrazos, pero sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que se sujetaba.

El beso se volvió salvaje. Dientes, lengua, mordiscos en el labio inferior. Renato saboreó su propia sangre y la de Alessio, mezcladas, su cuerpo omega se humedeció más, se abrió, se entregó. Su mente alfa gritaba de rabia, pero su cuerpo no escuchaba.

Y entonces, tan repentinamente como había empezado, Alessio se apartó.

Se quedaron mirándose, jadeando, los labios de Renato estaban hinchados, brillantes; los de Alessio, manchados de un hilo de sangre.

—Ahí tienes —dijo Alessio, con la voz ronca, pero sin emoción—. Tu cuerpo sabe lo que quiero y tarde o temprano, tú también lo sabrás.

Renato lo miró, su pecho subía y bajaba, su cuerpo aún ardía.

—Mi cuerpo —dijo, y su voz era un hielo— no soy yo.

—Eso lo veremos.

Alessio se incorporó, se giró y caminó hacia la puerta, salió sin mirar atrás. La puerta se cerró.

Renato se quedó solo.

El silencio era ensordecedor. Su corazón galopaba, sus labios aún ardían, su cuerpo omega seguía traicionándolo: la humedad entre sus muslos, el calor en el vientre, el rubor en sus mejillas.

Maldito cuerpo. Maldita biología.

En su otra vida, habría matado a cualquiera que lo tocara sin permiso. Ahora… ahora su cuerpo se abría y gemía como una puta en celo.

Se llevó la mano a los labios, los sintió hinchados, sensibles, el sabor de la sangre —la suya, la de Alessio— aún le llenaba la boca. Le dio asco, o quizás no, ya no sabía distinguir.

Se levantó del sillón y fue al lavabo., abrió el grifo, metió la cabeza bajo el chorro de agua fría. El choque helado le robó el aire. Se enjuagó la boca una vez, dos, tres veces, escupió. El agua arrastró el resto de sangre, pero el recuerdo seguía ahí.

Se miró al espejo, sus ojos estaban enrojecidos, sus labios, hinchados. Tenía el aspecto de alguien que había sido besado a la fuerza.

Y que había gemido.

No podía negar lo que había sentido con el beso, la forma en que su cuerpo se había encendido. El placer.

Eso le gustaba.

No significa nada, se dijo mientras se secaba la cara con la toalla, es solo mi cuerpo. No se iba a someter, su cuerpo podía responder, pero él no. Él seguía siendo Dante.

El recuerdo del beso seguía ahí, ardiendo en sus labios, pero ya no era placer lo que sentía; era rabia. Rabia contra Alessio por haberlo besado, rabia contra sí mismo por haber gemido, rabia contra un cuerpo que no le pertenecía del todo.

Y esa rabia, al menos, era suya.

———

Alessio caminó por el pasillo sin ver a nadie.

Su cuerpo era un campo de batalla. Su alfa interior rugía, exigiendo volver a la biblioteca, terminar lo que había empezado, someter a ese omega hasta que no pudiera moverse. Se ajustó el pantalón con un gesto brusco, su cuerpo no entendía de guerras frías.

Le he besado para callarlo, se dijo., para demostrarle que su cuerpo me responde aunque su boca diga que no. Es una herramienta de control, nada más.

Pero el sabor de Renato seguía en su boca: Algodón y flor de cerezo, dulce, receptivo y debajo, esa maldita pimienta rosa que no se rendía ni siquiera cuando su cuerpo cedía.

Desafío, pensó, puro desafío. Y eso —se odiaba por admitirlo— lo excitaba.

No Renato, no el omega, lo que lo excitaba era la lucha, la resistencia, tener que ganarse cada centímetro de sumisión.

Es solo poder, se dijo, nada más.

Pero mientras el sabor de Renato aún le ardía en los labios, supo que iba a volver a buscarlo. No porque quisiera, porque necesitaba demostrar que podía ganar.

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Marlucha💋
Al finnnn 🥰
Maru19 Sevilla
Dos romances en puerta🥰🥰🥰🥰
ILikeYourFather
Omg si
Nilda Ayala
ya me imaginé a Renato con su escuadrón de omegas, entrenados para todo tipo de situaciones, escalando hasta ser los primeros
Amantedelpan
Espero con ansias cuando Renato y Ale se besen apasionados sin soltarse, y Renato se de cuenta de su atracción sin remedio por Renato 😁
Gracias por el cap🫶🫂
☆Nanu☆
me encanta esta tensión!!!😏 Ya quiero que Ren lo deje sin aliento, que Ale sienta lo que quiere provocar!!! un pequeñín cambio de roles 🤪🤓
Nerezka Martinez
claro que si , interesante muy interesante 👌😉😉
Maru19 Sevilla
Se están acercando 🤭
Marlucha💋
El café que yo tomo tiene Cardamomo!, sabroso!💜
Nidia Mojica
Renato Y Alessio ahí van. Con Marco y Rocco creo es mas complicado.
☆Nanu☆
los secundarios duros se ablandan!!! 😅😏
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓
ILikeYourFather
👀
Nidia Mojica
Renato sabe lo que hace y Alessio poco a poco empieza a ceder.
Amantedelpan
Ya cayooooo😝
☆Nanu☆
que se traen Rocco y Marco???🤓
ILikeYourFather: sabia q no solo yo lo habia pensado
total 3 replies
Maru19 Sevilla
Quiera o no va ha reconocer la valía de Renato
🔪Rachell Foster 💕🇲🇽
Tension~
Nidia Mojica
Leo el capituoo casi sin respirar cuando esos dos se enfrentan 😱 pero me encanta.
Nidia Mojica
Masoquistas ambos 🤔.
Hanabi Montano: Dígamos que los atrae el desafío 🤭🤭 Les gusta lo que no pueden controlar fácilmente
total 1 replies
Marlucha💋
Eso si debió contarte admitirlo y decirlo Alessio!, pero es un gran paso sigue por ahí mijo☺️
Hanabi Montano: Poco a poco va reconociendo el valor de Renato, todavía le cuesta, pero ya es algo
total 1 replies
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