Gabriela es una adolescente. Quien no gusta mucho de estudiar. Pero un día. recibe una llamada, no sabe de quien se trata. Pues es número desconocido., cuelga pero al día siguiente. Vuelve a recibirla. Esta vez contesta. Escucha una vez. Que pregunta ¿Eres tú? Cada día recibirá la misma llamada e intentará no contestar. O ser lo más cortante posible. Aunque al final. Deja alargar la llamada y descubre algo sorprendente e inmaginable.
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Capítulo 1
Estaba sentada frente a su escritorio. Observando sus cuadernos. Llevaba cerca de tres horas ahí. Desde que llego de la escuela. Decidiendo por cuál clase empezar primero. Aunque ella sabía muy bien que era mentira. No la haría y eso le importaba poco. Solo quería jugar. Sí era posible videojuegos. Los cuales no tenía por sus malas calificaciones. Así que, solo quedaba su célular. Aunque no era que se divirtiera mucho Con él. Apenas hablaba con sus amigas y el chico que le gustaba se cambió de escuela. No quedaba nada más. Que hacer la tarea. Pero, jugar en el teléfono. Tampoco estaba mal.
Encendió su teléfono. Entro a un juego de citas. Que una amiga le recomendó. Lo descargo y lo había tenido ahí sin jugarlo. A ver que tan bueno podía ser. Se dijo a sí misma. Empezó el juego. Había personajes guapos a su parecer. Era sobre un reino y ella era la princesa. Le pareció interesante. La temática. Había cuatro pretendientes para ella. Cada uno con un trato único hacia ella. Entre ellos. El primer príncipe del Reino vecino. Le parecía genial. Estaba adentrándose mucho en ello. Pero. Justo cuando tenía su acercamiento con el aprendiz de mago. Una cosa la interrumpió y eso fue. Una llamada.
—¿qué es esto? —viendo un número desconocido. —seguramente es una de esas llamadas de estafa. —cuelga. —muy bien, ¿dónde nos quedamos? —la llamada volvió a entrar. —¿ahora qué? Bien, les diré que no estoy interesada y listo. —contesto. —¡¿qué necesita?!
—Ah, este... —Inhala y exhala. —bien, yo... ¡Estoy feliz!
—¿Eh?
—no lo puedo creer, pensé que todo saldría mal. ¡Ah! Ya sé que es cierto. Pero tengo que hacerlo.
—¿Eh?
—¿eres Gabriela Sánchez?
—¿Qué? ¿Co,Cómo sabes mi nombre?
—es por seguridad.
—¡oye! ¡Te estoy preguntando! ¿¡Cómo sabes mi nombre!?
—es que siempre debo estar segura. Gracias.
—¿Eh? ¿Gracias de qué? ¡No me has respondido!¿como sabes mi nombre? ¿Y quien eres tú? Responde.
—ah, Muy fácil, pero, ¿Estás segura de querer saberlo ahora? Yo creo que sería muy rápido. Y muy poco misterioso y...
—¿no quieres? Está bien, adiós. —cuelga. —¿Quién era esa tipa? ¿O era un tipo? En estos tiempos no sé. Ah, que importa. Sí vuelve a llamar. No le contestaré aunque... Sabe como me llamo. ¿Sabrá donde vivo? Eso no sería bueno. ¿Debria ir a la policía? No, ¿o sí?
—¡Gaby! ¡Ven a cenar!
—bueno, lo haré después. —escucha su estómago rugir. —¡ahorita voy!
—¿¡Espero que ya hayas hecho tu tarea!?
—¡estoy en eso mamá! —lo dijo mientras salía de su cuarto.
Camino rápidamente hacia la mesa. Se sentó. Su madre le sirvió su plato. Y pidió que esperara un poco más. Pero su hambre pudo más y al apenas voltesrse su madre. ¡Atacó!. Y el plato vació dejó. Su madre se dio la vuelta para colocar lo que faltaba y su sorpresa. Fue grande.
—¡oye! Te dije que esperaras. Con unos panqueques en un plato. —todavía faltaba esto.
—ah, lo siento mamá, pero tenía hambre y tú colocaste el plato delante de mí y no pude aguantar. Mejor no me llames hasta que tengas la cena completamente servida. ¿Sí?
—¡Niña! Aaaah, ten. —le entrega su panqueque.
—gracias.
—disfrutalo. Que cuando menos lo esperes. Tendrás que hacerlo por ti misma. — tenía una mirada aterradora. claro sí aprendiste a hacerlo. ¿O no? Bueno, creo que si. Al final de todo. Te empeñas en hacer toda tú tarea desde que vines de la escuela y como es mucha no tienes tiempo para esto. es por eso que sigo cocinando yo ¿Cierto?
—ah... Sí. Yo... Estoy haciendo mis tarea. —hace la mirada a un lado.
—ja, ja. Ya veo. Disfruta entonces.
Termino con rapidez ese panqueque. Y subió rápidamente hacia su cuarto. Ya que sabía que cuando su madre se ponía así. Es por que iba en serio. Así que, lo mejor era hacer su tarea. Aunque las ganas por hacerla y el uso del por si poco uso que daba a su cerebro. Hicieron que se volviera una larga noche. Y al amanecer. Las ganas de despertar. Fueran pocas.
—¿Gaby? ¿Gaby? ¡Gaby! —la sacudió más de tres veces.
—¿¡qué!?
—¿Qué dijiste? —le lanzó una mirada seria.
—lo siento. —agacho la cara.
—por fin despiertas. Ya se está haciendo tarde para la escuela. Viste come algo y vete.
—sí.
Bajo al comedor, con más sueño y ganas de dormir. Que de comer. El primer bocado cayó nuevamente al plato. Eso se vio algo asqueroso. Por poco enterraba la cara en su comida. Si no fuere por su madre que la detuvo a tiempo. Y logró despertarla de una manera única.
—me voy.
—qué te vaya bien. ¿Llevas todo?
—claro que si.
—¿en serio? —sosteniendo en su mano derecha el cuaderno de matemáticas. —entonces, ¿qué es esto?
—Ah, es... Mi cuaderno de matemáticas. Lo siento.
—muy bien, tu padre volverá en la noche. No quiero que andes por ahí como otras veces. Aunque ayer fue una sorpresa que regresaras luego. Y las otras veces también.
—ya entendí, ya entiendi. Estaré aquí al salir de la escuela.
—bien.
Tomo el cuaderno y salió corriendo, iba a toda prisa, sabía que si llegaba tarde otra vez, tendría que estar en clases extras unas dos horas más. Ya que sería el quinto strike qué recibiría y también en convertirse en la más rápida en recibirlos. Llego un minuto antes. Ella misma no lo podía creer. Siguió así hasta su salón, saludo a sus compañeras, se fue a su escritorio y a dormir.
Paso, todo el día divagando. Siendo regañada. Incontables veces. Almorzó el almuerzo que hizo su mamá. Y siguió divagando. Entrego las tareas que los profesores no podían creer. Y por fin salio. De lo que ella consideraba. Una auténtica prisión.
Llegó a casa, saludo a su madre y fue directo a su habitación y bueno, hizo lo mismo, jugar y dejar la tarea de lado. Hasta que llego. Las 7 de la noche y con ella.
—¿qué? ¿Otra vez? —recibiendo la llamada del mismo número de ayer.