Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Magia
Con el libro de tapa verde apretado contra su pecho, Leilani salió de la biblioteca procurando que sus pasos no resonaran demasiado. El corazón le latía con fuerza, pero su expresión era serena. No debía parecer nerviosa. No debía parecer distinta.
Mientras avanzaba por el corredor principal, pasó frente a la oficina de su padre.
La puerta estaba entreabierta.
Se detuvo.
En la novela se describía aquel despacho con precisión.. paredes forradas en madera oscura, un gran escritorio de caoba, cortinas pesadas color vino y, sobre la chimenea, un enorme retrato familiar pintado años atrás… cuando su madre aún vivía.
Miró a ambos lados.
Silencio.
Empujó la puerta apenas lo suficiente para deslizarse dentro.
El aire allí era distinto. Más frío. Más rígido. Era un espacio de decisiones financieras, contratos, secretos.
Y ella sabía que uno de esos secretos le pertenecía.
Cerró la puerta con cuidado y caminó directo hacia la chimenea. Frente a ella colgaba el cuadro.. Lord Vitra, erguido y solemne.. su madre, elegante, con una mirada cálida.. y una pequeña Leilani tomada de su mano.
La ironía le apretó el pecho.
—Qué hipócrita…
Sin perder tiempo, retiró el cuadro con firmeza. Recordaba perfectamente lo que había leído.. detrás había un compartimiento oculto, protegido no por magia, sino por simple confianza en que nadie lo buscaría allí.
Sus dedos encontraron la pequeña palanca disimulada en el marco.
Presionó.
Un leve clic.
El panel se abrió revelando una cavidad estrecha con varios documentos sellados. Los reconoció de inmediato.. papeles notariales, registros de propiedades, certificados con el sello de la familia Baston.
La herencia de su madre.
Los tomó con manos firmes, aunque por dentro sentía un torbellino. No leyó el contenido todavía. No era el momento. Solo verificó rápidamente que estuviera el documento principal con su nombre completo..
Leilani Vitra Baston.
Los dobló con cuidado y, sin mejor escondite a la vista, los deslizó dentro del libro de Magia de Madera, entre las páginas gruesas. La madera viva de la tapa parecía envolverlos con una sensación extrañamente protectora.
Colocó el cuadro nuevamente en su lugar, asegurándose de que quedara exactamente como estaba. Respiró hondo una vez más y salió del despacho.
El trayecto de regreso a su habitación se sintió más largo que antes. Cada crujido del suelo le parecía una alarma. Cada sombra, una amenaza. Temía que alguien la viera saliendo de la oficina.
Pero nadie la llamó.
Nadie la detuvo.
Porque nadie estaba pendiente de ella.
Al pasar frente a uno de los ventanales del corredor, se detuvo un segundo.
En el jardín, bajo una pérgola cubierta de enredaderas, vio la escena que explicaba su invisibilidad.
Lord Vitra.. su padre.. reía con una copa en la mano. A su lado, Cecil, la amante, vestida con telas elegantes que seguramente habían sido compradas con dinero que pertenecía también a su madre. Y Criset… sentada con aire satisfecho, disfrutando del té y de la atención.
Felices.
Comiendo juntos como si fueran una familia perfecta.
Como si ella no existiera.
Leilani los observó unos segundos más. No sintió tristeza. No sintió rabia descontrolada.
Sintió claridad.
Perfecto.
Que la ignoraran era una ventaja.
Se apartó de la ventana y continuó caminando hasta su habitación. Al cerrar la puerta tras de sí, apoyó la espalda contra ella y exhaló lentamente.
Ahora tenía dos cosas fundamentales..
El libro de magia.
Y el documento de la herencia.
Conocimiento y recursos.
Semilla y raíz.
La mansión seguía siendo un campo de batalla… pero ahora ella estaba armada.
Asi que Leilani se sentó junto a la ventana de su habitación, donde la luz de la tarde caía con suavidad sobre el libro y los documentos. Primero abrió los papeles de la herencia con manos más firmes que antes.
Eran varios.
Certificados con sellos oficiales del reino. Firmas elegantes. Cláusulas extensas redactadas en lenguaje jurídico antiguo. Su madre no había dejado algo simbólico… había dejado algo grande.
Leyó con atención.
Los bienes podían ser reclamados en cualquier oficina oficial del reino, presentando identificación y el sello familiar Baston.
Leilani sonrió lentamente.
Eso significaba libertad de movimiento. No estaba obligada a quedarse en ese pueblo. Podía viajar a otra región, cobrar allí y desaparecer antes de que su padre siquiera sospechara.
No entendía del todo el sistema financiero de esa época.. no conocía las tasas, ni el valor real de las monedas, ni cómo funcionaban los impuestos.. pero incluso con su conocimiento limitado, sabía una cosa..
Era muchísimo dinero.
Propiedades rurales. Inversiones comerciales. Fondos líquidos reservados exclusivamente para ella al cumplir determinada edad… edad que, según los documentos, ya tenía.
—Madre… —susurró con una mezcla de gratitud y determinación.
No la habían dejado indefensa.
Guardó nuevamente los documentos dentro del libro de magia y lo abrió por la sección que había marcado antes.
“Las Cinco Magias Elementales”.
Ahí estaba.
Madera.
Fuego.
Tierra.
Metal.
Agua.
Leilani ladeó la cabeza.
—Como el Tao… —murmuró.
Recordaba vagamente esa filosofía antigua china de su mundo anterior. El equilibrio entre elementos, la generación y el control mutuo. Madera alimenta al fuego. Fuego crea tierra. Tierra produce metal. Metal recoge agua. Agua nutre madera.
Un ciclo.
No eran elementos aislados. Eran fuerzas que coexistían.
Siguió leyendo.
La magia de madera no era simplemente hacer crecer flores bonitas. Era el dominio del crecimiento, de la flexibilidad, de la resistencia silenciosa. Permitía crear plantas, árboles, arbustos… pero también estructuras y objetos de madera moldeada por voluntad.
Puertas que se cerraban solas. Raíces que inmovilizaban. Escudos vivos. Incluso armas.
Sus ojos brillaron.
Crear.
Eso conectaba con algo profundo en ella. En su vida anterior diseñaba juguetes, daba forma a ideas con sus manos. Ahora podría crear con energía.
—Esto es perfecto… —susurró.
Pasó la página.
Y entonces leyó la advertencia.
“El maná es energía interna. Se fortalece mediante práctica constante y se alimenta de la energía vital del cuerpo. Un cuerpo debilitado produce un maná inestable.”
Leilani se quedó quieta.
Energía vital.
Eso significaba algo básico.
Comida.
Miró sus manos delgadas. Si la Leilani anterior había sido descuidada y triste, probablemente tampoco había comido bien. Un cuerpo débil, maná débil.
Se levantó inmediatamente.
—Primero lo básico
Salió de su habitación y bajó nuevamente hacia la cocina. El olor a pan recién horneado y carne asada llenaba el aire. Sirvientes iban y venían organizando bandejas para la mesa del jardín.
Cuando entró, nadie se detuvo.
Nadie la saludó.
Nadie le preguntó qué necesitaba.
La miraron apenas… y siguieron con lo suyo.
No había prohibición explícita. No había órdenes de echarla. Simplemente era invisible.
Y, sorprendentemente, eso le convenía.
Se acercó a la mesa lateral donde había pan, frutas cortadas, queso y una jarra de leche fresca. Tomó un plato sin pedir permiso. Se sirvió con calma, ignorando las miradas indiferentes.
Si no la iban a atender, tampoco la iban a controlar.
Se sentó en una pequeña mesa secundaria, apartada, y comenzó a comer con tranquilidad. No con desesperación. No como víctima. Sino como alguien que se está preparando.
Cada bocado era combustible.
Cada sorbo, inversión.
Mientras masticaba, pensó con claridad estratégica..
[Comer bien. Fortalecer el cuerpo. Entrenar el maná. Recuperar las joyas. Cobrar la herencia. Irse.]
No era una fantasía impulsiva. Era un plan.
Y lo mejor de todo era que nadie estaba prestándole atención.
Terminó su comida, limpió sus manos y se levantó sin decir palabra. Nadie la detuvo.
Perfecto.
Mientras subía las escaleras de regreso a su habitación, sintió algo diferente. Una leve corriente más estable bajo su piel. Tal vez era sugestión. Tal vez no.
Pero ahora entendía algo fundamental..
La magia no empieza con un hechizo.
Empieza con disciplina.
Y ella estaba lista para cultivarse como el árbol que llevaba en su sangre.