Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.
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Capítulo XV: Dieciocho años de silencio
El auto de Fabián se alejaba de la mansión Barreto dejando atrás el eco del portazo, y en el asiento trasero, Keila se limpiaba el rastro de sangre de la frente mientras Rosie la rodeaba con un brazo ofreciéndole el refugio que su propia familia le había negado.
—No vas a volver a poner un pie en ese nido de víboras —sentenció Rosie con firmeza—Mi hermano René me contó lo que tu hermana le hizo en el restaurante, y la verdad es que Kendra se volvió loca.
—Amiga, me quedé sola... —susurró Keila, mirando por la ventana las luces borrosas de la ciudad—Ya no tengo familia.
—¿Cómo que no tienes familia? Nos tienes a nosotros... y a mi hermano, aunque sigo sin entender por qué ustedes dos se llevan tan mal.
Fabián, observaba por el retrovisor con la mirada analítica de quien conoce mucho de los secretos legales de Andrés Barreto, no podía contarlos, pero la familia Barreto estaba por caer, y era una suerte que Keila se había ido de ese lugar, bastaba saber si Kendra tendría el coraje de romper con el control de Ifigenia antes de que fuera muy tarde.
Keila cerró los ojos, restándole importancia, y sintiendo por primera vez en años que el aire que respiraba era más limpio, estaba fuera de la casa Barreto, sin la presión de ser la sombra de su hermana mayor y la estricta vigilancia de una madre la cual siempre la quiso destruir.
Como amigos de la infancia, Fabián siempre había visto lo que otros ignoraban: que la imagen glamorosa de Kendra e Ifigenia era solo una fachada, y ocultaban el maltrato sistemático hacia Keila, y eso le resultaba muy molesto por eso él había adoptado a Keila como a la hermana pequeña que nunca tuvo.
A pesar de que Fabián y Kendra compartían los mismos círculos sociales, ella jamás pudo destruir el vínculo que este tenía con su hermana menor, por su parte Ángel siempre había guardado celos hacia Fabián debido a que fue el primero de su promoción, cosa que lo hizo sentir humillado dado que Fabián era tan extravagante como Keila, además de que abiertamente se opuso a la relación entre él y su amiga.
—Keila, lo que pasa siempre es lo mejor —dijo Fabián con gesto pensativo— Sé que tu hermana cometió una atrocidad, pero a quien más daño ha hecho es a sí misma, porque se ha encerrado en una jaula de la que no sabe cómo salir.
Fabián sabía que el imperio Barreto estaba por colapsar, porque Andrés le había dado el control legal de sus asuntos no por azar, sino por venganza: el tío de Ángel fue el amante de Ifigenia años atrás. Andrés podía tolerar a Ángel como yerno para mantener las apariencias, pero jamás permitiría que algún miembro de la familia del hombre que lo traicionó manejara su fortuna.
Fabián era el único hombre capaz de ver a través de las mentiras de Ifigenia por eso confió en él a pesar de su look tan extravagante.
—Por ahora, lo importante es tu seguridad —continuó Fabián— Mañana empezaré a mover los hilos y si Kendra quiere salvarse, tendrá que demostrar que tiene el coraje de romper con Ifigenia, si no... caerá con ella.
—Descuida, amiga, que esto no se va a quedar así —añadió Rosie, apretando la mano de Keila.
—Rosie, por favor, no quiero que te metas en problemas por mi culpa.
—Tranquila, no voy a hacer nada ilegal —respondió Rosie con una sonrisa de complicidad, quitándole el teléfono a Keila para apagarlo de inmediato—Pero este fin de semana necesitas una dieta estricta de redes sociales, porque lo que viene no será bonito.
Fabián y Rosie intercambiaron una mirada cargada de significado y mientras Keila descansaba la cabeza en el asiento, Fabián envió un mensaje rápido a un viejo amigo: un gestor de redes sociales con habilidades de hacker de alto nivel, luego una sonrisa maliciosa curvó sus labios.
—Lo siento Kendra, pero necesitas una dosis de realidad—murmuró Fabián para sí mismo.
Ifigenia no soportaba ser ignorada por eso tras el incidente irrumpió en el estudio, para confrontar a Andrés, pero al ver la expresión de enojo en su rostro se detuvo en seco, era una mezcla de furia y un asco profundo que no había visto en años.
—Tenemos que hablar —sentenció Ifigenia, tratando de recuperar el control.
—Espero que estés satisfecha —le espetó Andrés, sin siquiera mirarla— Por tu culpa, nadie sabe dónde está mi hija.
—Ella no es tu hija, ¿O acaso se te olvidó? —replicó ella con crueldad— Solo estoy haciendo lo mejor para tu verdadera hija.
—¿Para mi verdadera hija o para ti? —Andrés se levantó, señalando la puerta—Sal de aquí antes de que me olvide de que eres una mujer y cometa una locura.
—¡Como si tuvieras la capacidad!
—No te atrevas a retarme, Ifigenia, y no olvides nuestro acuerdo prenupcial.
Ifigenia salió del estudio bufando, ignorando sus amenazas, pues en su mente Andrés era incapaz de divorciarse de ella porque suponía que la amaba demasiado, así que lo dejó en medio de un silencio muy pesado.
Estando solo Andrés se llevó las manos a la cabeza, estaba muy atormentado, en su mente, Kendra era su sucesora, la sangre que debía proteger a toda costa; Keila, en cambio, era la intrusa, la "hija de otro" que solo le traía problemas, pero el vacío que dejó su partida le quemaba el pecho de una forma que no podía explicar.
Anabella entró al estudio y tenía el ceño fruncido, y Andrés al verla intentó defenderse.
—Antes de que protestes nunca le dije a Keila que se fuera de la casa.
—¿Pretendías que se quedara en esta casa después de lo que le hicieron, Andrés? —preguntó Anabella.
—Ella no tenía necesidad de irse porque esta siempre será su casa —replicó él, a la defensiva.
—Te vas a arrepentir de este abuso, Andrés, te lo aseguro.
—Aunque seas mi hermana, no te permito que opines sobre mi familia.
Anabella soltó una risa amarga, porque entendía muy bien cómo se sentía su sobrina acerca de no pertenecer a un lugar.
—Ya sé... yo solo soy la "hija adoptiva de la familia Barreto", a diferencia de Keila, ¿Verdad?
Andrés apretó los dientes, la vergüenza de la infidelidad de Ifigenia era el secreto que lo distanciaba de Keila, pero Anabella no estaba dispuesta a dejarlo en paz y con un gesto brusco soltó sobre su escritorio el álbum de fotos que Keila había estado preparando.
—¿Qué es esto? —gruñó Andrés.
—Es el árbol genealógico que hizo Keila, ¡Míralo bien!
Anabella señaló una fotografía antigua, y ya amarillenta por el tiempo.
— Esta es nuestra tatarabuela, mira sus ojos, la forma de su barbilla... es idéntica a Keila, es irónico cómo funciona el ADN, ¿No crees?
—¿Cuál ADN Anabella?, sabes perfectamente que los resultados dijeron que ella no es mi hija.
—Quizás deberías volver a hacer esa prueba, y esta vez, asegúrate de que Ifigenia no esté cerca del laboratorio.
Cuando Anabella salió, el silencio del estudio se volvió asfixiante y Andrés no podía dejar de observar esa foto, la duda había sido sembrada y tomó una decisión, caminó de prisa hasta la habitación de Keila intentando encontrar cualquier resto biológico que sirviera para hacer una prueba.
En la papelera del baño encontró las gasas con sangre de cuando Keila se curó la herida que él mismo le provocó, sin importarle la higiene lo tomó con manos temblorosas, pero no se detuvo allí, bajó a la cocina donde aún quedaban las toallas de papel que Ifigenia había usado para limpiar la comisura de la boca de Kendra tras el altercado, necesitaba la verdad completa y con ambas muestras en su poder, se dirigió a la zona de servicio, hacia la habitación de Axel.
Axel se puso de pie de inmediato al ver la sombra desencajada de su jefe en el umbral, y el orden de la habitación contrastaba con el caos emocional que emanaba de Andrés.
—Señor Barreto... ¿Necesita que lo lleve a algún lugar? —preguntó Axel, con la voz baja y atenta.
Andrés no respondió de inmediato, negó con la cabeza y echó un vistazo rápido al pasillo antes de entrar, cerró la puerta de la habitación tras de sí antes de hablar.
—Necesito un laboratorio de absoluta confianza para hacer unas pruebas de ADN—ordenó Andrés extendiéndole dos paquetes con manos temblorosas—Un lugar donde el apellido Barreto no signifique nada y donde el dinero de mi esposa no pueda comprar un resultado.
Axel tomó los paquetes con la misma profesionalidad de siempre, aunque comprendió la gravedad de la situación.
Andrés era un hombre poderoso, pero la red de espionaje y manipulación de Ifigenia se había extendido tanto que él ya no era dueño de su propia casa; por eso ahora dependía de los servicios de Axel cuando necesitaba para cada movimiento que necesitara mantener en las sombras.
—Descuide Sr. Barreto—dijo Axel guardando las muestras en un lugar seguro— Conozco el lugar indicado, es discreto y externo a cualquier conocido de su esposa, pero, tome en cuenta que, al ser un proceso exhaustivo, tardará un par de semanas en obtener los resultados.
Andrés soltó un suspiro pesado.
—Ya he esperado dieciocho años—murmuró, Andrés— ¿Qué más da un par de semanas más?