11.

Capítulo Once.

Cada oportunidad se presenta sin aviso.

Génesis.

Salí de esa empresa con el ánimo por los suelos.Derrotada totalmente, aunque trato de hacer caso omiso a ese tipo de personas, a veces tan solo estoy cansada de ser siempre la burla en su boca... aunque ésta vez, ni siquiera habló y aún así, supo herirme.

Debo aprender de una vez que no se puede agradar a todo mundo, que no soy vista siempre con buenos ojos y que eso incluye este tipo de ámbitos. Mi formación académica y todos esos años estudiando, siempre han quedado por debajo, tras la visión primaria de mi cuerpo, antes que mi capacidad para el desarrollo laboral.Siempre he sido vista de esa manera. No importa cuánto sepa, cuánto me esfuerce, ni cuan meticulosa sea con mi real desempeño. Mi imagen siempre gana...Aún haciendo conciencia de que dentro de los estereotipos, ni siquiera estoy tan obesa de hecho. Solo soy un poco más regordeta que las tallas convencionales.

He hecho dos cuadras con el coche de mi flaca, mientras el móvil ha comenzado a sonar. Si no fuera por el tráfico condenado, ya estaría en mi cama otra vez. Miro la pantalla, y un número que no conozco se muestra.

¡Que se vaya al diablo, quien quiera que sea!

Pretendo una vez no oir nada, no quiero fastidiarme y responder mal a un desconocido. La llamada persiste... por un par de cuadras más, y persiste...así que, con ira que fluye en mí, trato de poner la voz mas tenue que puedo y respondo.

—¿Hola, quién habla?

La voz de un hombre me hice temblar por completo, de esas que te helan la piel con decir dos sílabas, ronca y profunda, grave y baja... todo mi cuerpo se conmociona en dos segundos... como si fuese fémina adolescente, de la nada empecé a sentir ansiedad, con cada palabra que el desconocido pronuncia en mi tímpano.

—Señorita Hoffmann, la espero en la empresa en veinte minutos...—Carajo, ya estoy a varias cuadras lejos del lugar, es imposible salir de aquí en este tráfico. No puedo decirle que no, no sé quién es, pero se oye tan sexi que tengo que ver el rostro de ese tipo. Sin dudas, si Laura se entera de que cometo ese pecado, estoy destinada a ser en serio la Santa ... Sin más corté la llamada, mientras mis ojos buscan la forma de salir del atasco, entre el bullicio de la gente que rodea.

—¡Carajo Génesis!—frustrada me doy un golpe en la frente contra el volante, no medí la fuerza, así que en veinte minutos tendré harto chichon morado justo en medio de mi frente.¡Mierda!

Miro hacia el semáforo, está en rojo, intento sin éxito alguno arreglar mi pelo para disimular al naciente chichón en la frente, desesperada volteo a mi derecha y ningún auto viene, así que giro la dirección del carro y manejo en contramano por algo de....No sé....diez cuadras. Paro el auto en el aparcamiento de la dichosa empresa y salgo entonces corriendo al piso que el hombre me indicó.

Diecinueve pisos más arriba, y una infinidad de miradas raras en el ascensor, el metal de la puerta se abre en dos, dejando ver un recibidor lujoso, de pisos verde oscuro, paredes blancas y un marmolado igual al de la entrada de la planta baja, sobre el que una chica bellísima revisa papeles de pie.

—¿En qué puedo ayudarle señorita?—Dice, mientras no puedo dejar de observar su belleza.—Soy, Génesis Hoffman, alguien ha llamado para una entrevista hace poco.—Susurro sintiendo el rojo fuego en mis mejillas. Ella me devuelve una enorme sonrisa perfecta y me hace señas con las manos, conduciendo mis pies rápidamente a una puerta negra con cerraduras de metal, que se encuentra girando a la derecha.

En esas antes de llegar, un estruendoso portazo se escucha, haciendo temblar los pisos bajo nuestro, miro hacia arriba, justo cuando aquella puerta negra se cierra ante una figura, me acabo tropezando de lleno con la rubia curvilinea de hace un rato. Ha salido corriendo de la oficina central, con una mirada envuelta en rabia y llanto. Al verme, la muy descarada, viene a mí frustrada, y no hago más que observar como me da un empujón que me hace caer de lleno al piso con el trasero, me ha tomado tan de sorpresa que ha hecho que mi pie se turza fuertemente.

¡ La muy hija de su madre! sólo se echó a reír.

—¡Por tu culpa, gorda inútil!—sisea, dejándome tirada en el suelo.

La hermosa chica de pelo enchinado negro que me ha estado guiando me estira su mano blanca y fina, para ayudar a ponerme de pie en silencio, mirando con desprecio a la otra loca mujer. Me sonríe una vez más, arreglando mi cabello, después de arrojarle una mirada mortal a la otra que se ha dado la vuelta para observar mi lamentable escenario.

La ira está a punto de consumarse en mis nudillos, pero es apagada por la frustración latente en mi pecho, me siento derrotada y cansada para hablar. Así que solo le sonrío suavemente sin hablar. Esperando que el gracias sea impuesto ante ella solo con mis ojos ya agotados.

—No te preocupes, no la volverás a ver... el jefe la acaba de despedir...—Dice la linda chica, y me regalo una sonrisa, antes de abrir la puerta y anunciar mi llegada.

Mis pies van pesados, casi arrastrándose en el suelo, y no puedo mirar hacia arriba, mi pie en serio me duele, y mi trasero no se queda atrás. Hago dos pasos como puedo, con un dolor punzante que sube hasta mí rodilla y cierro la puerta tras de mí. Las manos me sudan y el cuerpo me tiembla.

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Comments

Nelly Marisa Duarte

Nelly Marisa Duarte

Que le haga masajitos en los pies 😍😍

2023-04-16

0

Martha Padilla

Martha Padilla

Que emoción 😍😍😍 Espero lo reconozca

2022-11-18

1

Zuleima Suarez

Zuleima Suarez

hola que buena lectura 😃😊😃

2022-05-16

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