Capítulo Doce.
Génesis.
El sonido de la puerta cerrándose retumba en el lugar. —Señorita Hoffmann, pase y tome asiento!— habla la misma voz que estuvo al teléfono, y mis huesos se descolocan casi, al oír lo sensual que se siente en vivo y en directo. Levanto mis ojos para verlo... creo haberlo visto en alguna parte, pero no sé donde...Doy el primer paso y mi tobillo duele harto, cierro los ojos mientras hago una mueca de dolor involuntaria y su voz de nuevo suena retumbando en la oficina, que tiene una pared de cristal a la izquierda, con una puerta que conecta a otra oficina interina más pequeña.¿Una oficina dentro de otra oficina?
—¿Le sucede algo señorita?—El interrogante de su voz al hablar me saca de la nube en la que estaba. Lo observo inclinando mi cabeza y dibuja una hermosa sonrisa en su rostro.
Suspiro un poco, antes de poder mirar sus ojos.—Tuve una situación recientemente, algo embarazosa— Explico, tratando de dar otro paso, a lo que él se pone de pie y viene conmigo, dando una expresión algo divertida pero disimulada.
—¡Venga, yo la ayudo!—su mano derecha corre por mi espalda, rodeando mi cintura, y la otra sosteniendo mi mano sudorosa y temblorosa. Me lleva lentamente hasta la silla frente a su escritorio, ayudando a acomodarme, puedo escuchar su respiración tranquila, mientras percibo un dulzor mezclado con tabaco recién quemado. Aunque aún se siente su perfume, que es exquisito, en el aire. Es tan alto y apuesto... podría jurar a ojos cerrados, que todas las chicas lo quieren tener.
—¡Gracias señor!— mascullo y siento mis mejillas arder en fuego aún más que antes, superando mi idiotez, me siento morir, mientras él vuelve a su lugar.
—Bien señorita Hoffman, hablemos un poco.—, parece bastante relajado, contrariando mi estado tenso y cansado a la vez. Tiene un rostro perfecto, simétrico, labios gruesos un poco, la barba recortada y unos luceros negros hermosos, que brillan bajo las largas pestañas de los rasgados ojos.— ¿Tiene alguna experiencia trabajando en multinacionales?—pregunta con fuerza, mientras yo estoy perdida en el mar negro de sus ojos.
Mi silencio lo alerta y me vuelve a sonreír, mirándome... ¿Qué mira?, ¿Tengo un mono acaso?—disimulada llevo mi mano al mechón de cabello que estorba en mis ojos y lo corro, entonces un dolor de la mismísima mier... me recuerda el golpe en el volante, eso mira. ¡Debo parecer una loca! Una imbécil, una inadecuada inepta y no apta.
Trago saliva con fuerza y trato que el aire que entra a mis pulmones no me queme por dentro.
—¿Señorita Génesis?— estoy siendo ridícula, ante semejante monumento del señor, me está mirando, me mira sólo a mí con tanta incertidumbre de recaba hasta lo profundo de mi humillación sin siquiera pretenderlo. Aprieto mis manos en los bordes de la silla.
Respira... Génesis... Respira.
—Trabajé por mucho tiempo en la empresa familiar, en Denver Colorado. "Empresas H&W Corporaciones". Es una empresa pequeña, que llevaba todo el papeleo yo misma detalladamente.—Amaba trabajar en la empresa de mi padre, aunque deja mucho que desear en otros aspectos, el trabajo allí me hacía feliz, incluso si era para alguien como él, estaba dispuesta a llevarlo en mis manos. Si no hubiese sido por el bastardo de James aún estaría allí. Muerdo mi labio inconsciente, mientras él me ve con ojos extraños. No dice nada, sólo me mira detenidamente, como si quisiera recordar alguna vez mi rostro a la perfección.
—Así que su padre es Alfred Hoffmann—dice, con voz rara, no puedo creer que conozca a papá. Una pequeña empresa dirigida por un viejo testarudo, lleno de deudas. No puedo pensar que sea reconocida. Quizas lo sea, como la empresa más desdichada del país sí. Asiento y le sonrío, mientras él escribe algo en un papel. Duda en dármelo, y en su lugar se da la vuelta a su escritorio, para ponerse en cuclillas ante mí.
Tengo ahora un pequeño dejavú que me hela la piel.
¡Los golpes de hoy te desmoronaron la memoria Génesis!
—¿Pasa algo señor Walton?— digo nerviosa y el me da una vez más esa hermosa y condenada sonrisa perfecta.
—Permítame que le revise su tobillo, parece que se ha hinchado.—Toma mi pie suavemente y lo eleva un poco, con sus yemas inspecciona el lugar rojizo y me quejo un poco.—Parece que su pie se ha lastimado bastante, déjeme traer algo de hielo para usted.
—¡No es necesario, no le quiero robar su tiempo señor! —digo y él sale de la oficina con apuro, sin escuchar nada de lo que digo.
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Comments
Scarlet Ojeda
Que lindo y atento 😍
2023-12-28
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Nelly Marisa Duarte
También quiero que inspeccione mis pies y algo más 🤭
2023-04-16
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Zuleima Suarez
hola gracias por tan buena lectura 😃😊😃😃 no
2022-05-16
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