Capítulo Cuatro.
"A todos nos da miedo lo desconocido, no debería ser así, porque es tan solo el comienzo de una nueva aventura".
Sentir sus manos sobre mí me genera un asco indescriptible, que no puedo siquiera digerir.—¿A qué estas jugando imbécil?—, la rabia que me agita ya me hará matarlo a golpes, se oye de fondo mi canción favorita
" If You ", su letra no podría describir más ésta maldita situación.Es como la muerte anunciada lenta y dolorosamente en una melodía hermosa, por que es la verdad, estoy dejando esto. Este punto es facil, puedo decir que yo tengo un apego fuerte hacia lo asiático, entre ello, la música.Este maldito imbécil está usando eso para convencerme, no sé de qué demonios.
La canción ha terminado de sonar, bajo aquella dulce voz, él me quita la venda de los ojos y se queda frente a mí con un ramo rosas, y un ¿Anillo?, no puedo creer lo que estoy mirando con mis ojos, el tipo que hace unas horas estaba en la oficina de mi padre revolcándose con la secretaria de su "suegro".Me ve y sus ojos brillan.
—¡ Casate conmigo Geni!—miro alrededor y toda la maldita empresa de mi padre está detrás, sumado a que odio ese apodo, es que no lo había mencionado, es el socio de mi querido padre. De hecho lo conocí en una junta que mi padre insistió en llevarme, él hizo ver todo como si fue amor a primera vista y yo, tonta, lo deje pasar a mi vida como si nada. Veo detrás y la linda platinada de pelo duro, que se acomodaba la braga hoy en la tarde, sonríe a todo dar. Busco por todos lados y mi padre no está aquí.
—¿Casarme?, ésta misma tarde estabas con esa loca de ahí atrás.— señalo a la rubia que mira espantada, mientras todos los ojos y el murmullo se reúnen en ella y luego en nosotros— revolcándose en la oficina de mi padre.— suelto, y le estampo una cachetada en su bello rostro perfecto. Todo el local quedó en silencio, y la gente comenzó a murmurar aún más fuerte. La adrenalina hace que salga de allí corriendo, chocando con el aire que se ha vuelto mucho más frío en este corto tiempo, corro con el llanto a flor de piel, haciéndome lugar entre todos los que ya me conocían, empecé a caminar después de cruzar el umbral, tan solo unos pasos me han bastado, para sentir detrás de mí a unos metros a James, viene corriendo, con los ojos inyectados en un rojo intenso. Rabia.
Su mano me detuvo bruscamente, acaba de abrazarme salvajemente, mientras toda la gente ha comenzado a salir del lugar escandalosamente.
—!Yo te amo Génesis!— Grita, como queriendo ser oído por los demás, más que por mí.Sus ojos reflejan un odio que su cuerpo no demuestra, pero he visto tantas veces ese mirar que yo lo conozco a la perfección.
—¿Amarme?, claro, yo era la número cinco, pero la oficial, ¿no?¡Un cínico hijo de puta, eso es lo que eres!—me giro, y doy otra cachetada aún con más ira en su cara perfilada. allí se dibujan mis cinco dedos. Me mira pálido, sin saber que responder.—¿Creías que no iba a enterarme? Melanie, Jessica, Sofía, Estefanía... con todas ellas.—No puedo evitar comenzar a llorar a mares frente a él, mientras la gente a un lado de nosotros observa, haciéndose consciente de que todas aquellas a las que nombré están ahí mismo en la montaña de invitados de este cobarde. —¿Por qué?, ¿Por que soy gorda?...te oí hablando con Jessica hoy, escuché bien cuando dijiste que sólo era por dinero.—doy la vuelta para mirar al grupo de personas que nos ven como un espectáculo. Nadie se atreve a mover un dedo, como si fuese el capítulo de alguna novela.
Su semblante cambió, o más bien se ha puesto acorde a sus ojos, de "arrepentido" a un loco siniestro en un segundo. Comenzó a jalar mis muñecas hacia su auto, el camino es bastante largo hasta el estacionamiento, así que comencé a gritar...Pero nadie, en absoluto mueve un dedo. Me giro para mirar desesperadamente, pero solo logro ver gente que huye caminando, como si no ha visto nada.
—¡Déjame! para mi suerte no hay nadie en la maldita calle en un segundo...siendo la más transitada del pueblo. Llegamos casi al coche, vuelvo a gritar, pero ésta vez él se gira, para darme un golpe supongo, cierro los ojos esperando en choque contra la piel de mi cara, pero nada pasa.
—¡Ella te dijo que la sueltes!—una voz nueva escucho y abro los ojos, luz parpadeante y blanca me ciega, es la de un auto. No logro ver la cara del tipo, pero sí estoy mirando bien cuando un tremendo golpe con un puño enorme recae en la cara perfecta y lisa de James, haciendo que se caiga sobre el guardafango de su propio auto.
El corazón me palpita en mi pecho, como si estuviese a punto de morir. El agua borra mi visión, dejando ver tan solo una figura alta sin rostro que se empaña más y más.
Miro a James retorcerse ahora en el suelo, mientras una cálida palma me toma la mano. Estoy temblando.
—Ven conmigo, no tengas miedo.— dice con voz baja, llevándome a su auto. Murmura algo que no entiendo pero decido seguirlo, cuando James comienza a ponerse de pie sobre aquel lugar en el que cayó.
Ser estúpida está dentro de mis parámetros normales, pero si me quedo con James, después de ver que estuvo a punto de golpearme, esto podria acabar en cualquier cosa.
Subo al auto, y el hombre que distingo ahora de traje negro se monta y arranca el coche, e inmediatamente estamos saliendo del lugar.
Yo tengo mi rostro entre mis manos, y aún sigo temblando sin poder controlar mi cuerpo, así que no sé quién conduce con claridad, una mano enorme se posa en mi pierna y entonces habla.
—No tengas miedo, ya estamos lejos del tipo—abro los ojos y miro a mi lado, un hermoso hombre de cabellos negros algo rizados y ojos rasgados, profundamente renegridos me ve sonriendo. Una mirada perfecta, acomodada en un rostro perfilado y armonioso, que combina con el traje y el cuerpo enorme que se carga.—Deberíamos ir con la policía, para que hagas una denuncia.— Me dice y niego, su hermosura no me deja ni hablar.
—¡Gracias por sacarme de ahí!— Su entrecejo se frunce en algo que parece disgusto, pero me sonríe más.— pe... pero déjeme aquí, puedo volver a casa, lo de la denuncia no la haré, mañana me mudo así que... —siento que él toma mi brazo y lo examina, y cuando me doy cuenta mis muñecas están moradas por el apretón de aquel imbécil.
Frunce ahora más el ceño en un enojo más obvio.—No puedo dejarte ir así, te llevaré al médico.
—¿Médico?, son más de las once de la noche, sólo déjelo pasar por hoy, puedo ponerme un hielo en cualquier caso... —, digo, él me ve dejando caer mi mano suave sobre mi pierna.
Reschistando sin entenderle ha comenzado una vez más a conducir y después de veinte minutos y un semáforo su pie se entierra en el freno del coche. Frente a nosotros un viejo autoservicio con una fachada decadente y luces rojas parpadeantes reluce.
Ha salido del coche golpeando tan fuerte la puerta que me hace querer salir corriendo, mientras un manojo de emociones se hace una bola de plomo en mi pecho. En lugar de eso mis piernas se ciernen al asiento mullido debajo de mí. Minutos después lo veo salir con una pequeña bolsa en las manos.
Se lo ve vacilar un pequeño instante, pero se ha metido en el auto una vez más, para sacar frenéticamente de la bolsa una compresa de hielo. Lo observo como coge mis manos y pone la compresa sobre ellas.
—¡Pedazo de imbécil el que te lo ha hecho!—Murmura algo gutural, gruñendo bajo, clavando en mí los negros orbes a fuego.
Bajo una vez más mi mirada, sintiendo el frío aliviar el moretón de mis muñecas.
—Cree que por una propuesta de matrimonio voy a olvidar que se revolcó con otras, cuando lo he visto justo hoy en la tarde.— Mi voz sale baja, aún tengo mi cara intentando poner la vista en cualquier lado que no sean esos ojos negros. Su mano me ha tomado por sorpresa sosteniendo mi barbilla y haciendo que le mire directo a las pupilas.
Mi cabeza es realmente un lío.
—¡Que pena que no haya visto tal belleza!— dice sonriente.—Debería llevarte a tu casa.—Su toque cosquillea en mi piel, haciéndome que un aluvión de adrenalina corra hasta mi estómago.
Un momento largo de silencio se dió, después de que sostuve por mi cuenta la fria compresa, volviendo a conducir una vez más después de que le dije a medias mi dirección sin poder sostener esa mirada; se detuvo en la esquina de mi vecindario, justo en medio de la oscuridad.
—¡Gracias por lo de hoy!—Él sólo asiente y se inclina para quitarme el cinturón, un aroma exquisito me invade los pulmones, los nervios me comen los adentros, mientras a mitad de cuadra la luz de mi casa brilla. Los nervios me hacen salir del coche, dando una reverencia ciega y cerrando la puerta para salir casi corriendo sin mirar atrás.
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Comments
Martha Padilla
Maldito mentiroso interesado 😡😡😡 No sabés apreciar lo bueno
2022-11-18
2
Zuleima Suarez
hola 👋👋👋👋
2022-05-15
0
BRENDA SUSANA JAIME GALVEZ
If You también es mi canción favorita, yo estaba leyendo y llorando al mismo tiempo jajajaja, si desde el primer capítulo me gustó ahora amo está novela
2022-03-17
3