Capítulo Cinco.
Huir, a veces se ve como una enorme salvación.
No queriendo mirar atrás he caminado hasta la puerta de mi casa frenéticamente, con el corazón en la boca y la rabia aún zumbando en mis oidos. Llegué, vendé mis muñecas, pensando que mañana tengo un vuelo temprano, y podré olvidar lo que ese estúpido me hizo pasar.
Apenas cerrar la puerta me metí en el refrigerador, serví un tazón de helado y me senté a comerlo, quizás esperando que el frío apague mi cerebro, o el dulzor de la vainilla consuma el amargo de mi boca. Ninguna de esas cosas sucedió, subí las escaleras, sin sentir ni un atisbo de liviandad en mi pecho y me he echado a la cama a dormir.
...
El sol en la cara me despertó, son las seis en punto de este día de primavera, sigue siendo de esos en que aún el sol despierta temprano. Voy hacia el baño para ducharme, lavo mis dientes y me pongo mi mejor ropa. Un pantalón de mezclilla negro con una camisa color crema, un peinado fresco y suelto, que deja mis rizos rubios caer a los lados y un poco de rojizo en mis labios que combina con aretes pequeños de perla que mamá me regaló. Calzo junto a esto unas balerinas negras con hebillas decoradas.
Tomando mis maletas lo mejor que pude bajé a la cocina. Mamá ya me espera con un desayuno enorme, la veo sentada en la esquina de la mesa con los ojos brillando y me lanzo a un abrazo apretado.
—¡Promete que me llamarás todos los días!— dice apoyada en mi hombro, mientras observo detrás los ojos azules de Jazmín observando todo.
— Así lo haré, te lo prometo mamá.—nos sentamos a desayunar, en una charla de recomendaciones infinitas por su parte, hasta que la puerta suena en un golpe rítmico y suave. Es mi amigo Joshua, habíamos quedado en que me recogía para llevarme al aeropuerto, tengo vuelo a las siete treinta.
—¡Mi bomboncito relleno!—habla y me da una sonrisa linda, entrando a la casa.
—Señora Sofía.—Saluda a mamá y ella lo abraza.—Esperen por mí, busco mi cartera y salimos de inmediato— dice ella subiendo las escaleras. Unos ojos caramelo me miran brillosos y Joshua me sonríe tímido.
—¡Bomboncito, no tienes que irte!—mira de arriba a abajo y agradezco que mi camisa sea de mangas largas, de otra forma vería las vendas de mis muñecas.—Vendré a verte mi niño lindo, te lo prometo, pero no puedo seguir aquí!—este tipo y yo somos amigos desde el kinder, es mi hermano protector que Dios me dió... sin él no sé lo que haría, ha sido mi pilar en momentos dificiles, desde tiempos inmemoriales.
Un abrazo fuerte me toma y lo oigo sollozar en mi hombro, siendo Joshua un tipo de casi dos metros, llora sobre mí, un metro cincuenta de relleno. No lo puedo creer.
—¡No seas llorón, no te me pongas asi, las niñas no te querrán con ojos hinchados!—digo, mirando ahora sus ojos, y secando las lágrimas que corren por sus cachetes.
—¡Eso no me importa estúpida!—Que hombre más sentimental, suspiro para ver a mamá bajando con mi hermanita... Joshua se limpia la cara y sonríe, saliendo como alma que lleva el diablo con mis maletas en la mano.
Aeropuerto de Denver. 7:15 a.m.
" Vuelo 344 a Nueva York sale en diez minutos, pasajeros a abordar"—suena la bocina del aeropuerto, me pongo de pie para despedir primero a mamá, Jazmin y de último recibo el abrazo de mi Joshua.
—Me escribes al llegar Bomboncito.— sus ojos aún brillan, su mano se posa en mi mejilla y se inclina para dejarme un tierno beso en ella. Este hombre es un pan de Dios, y el único que me soporta... sin dudas lo extrañaré.
—Lo prometo nene, cuando este bien allí, te llevaré conmigo... — lo abrazo fuerte, a sabiendas de que es capaz de hacer cualquier cosa, antes de salir caminando para abordar el avión.
...
—Señoras y señores, ubique su asiento adecuadamente antes de despegar, es momento de iniciar el vuelo hacia la ciudad de Nueva York. Cualquier duda que pueda tener, puede llamar al personal. — Una azafata, delgadita y muy bonita, de cabellos negros hasta la cintura, da las indicaciones, mientras tengo encima de mí la vista asquerosa de una mujer a mi lado. Su figura es tonificada, se ve alta y de labios inyectados, con cabellos cobrizos que parecen de plástico y zapatos de tacón también muy altos para variar. Su perfume es agobiantemente dulce y su saco empelucado hace querer creer que tiene dinero. Que si lo tuviera, mujer, no estaría sentada en la clase turista de un avión a la gran manzana.
Cierro mis ojos, tratando de no morir asfixiada por el aroma y dejo me ser. Un par de horas de viaje no serían nada, comparadas con las más de veintiséis horas que viajé alguna vez en coche para ver a mi flaca. Ésta vez la vería pero llegar así no será un gran problema.
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Updated 70 Episodes
Comments
Amelia López
hebillas, tal vez?
2023-06-27
1
Zuleima Suarez
hola, gracias al escritor por la lectura 😃😊😃
2022-05-15
0
Marizante B
oh me sentí ternura!🥰
2022-01-29
1