Capítulo Tres.
Terminarlo de romper.
Me siento bien, al menos voy a poder liberarme del espécimen de hombre que me cargué por idiota. No ha dejado de enviarme mensajes y llamarme, cuando encontré al descarado teniendo sexo con otra.
James Brown, a menudo es un terrible imbécil, y parece que seguirá siéndolo
—apagué el celular y me avoqué a lo que me compete ahora, complacer a mi madre en esta rica cena. Ya es de noche, la luna está espléndida en el firmamento.
Jazmín y mamá están en la sala acomodando los platos, y éstos spaghetti a la carbonara son todo lo bueno en esta vida.Receta que me enseñó mi difunta abuela Carmencita, ¡como la extraño! Ella era la única que amaba estrujar mis regordetas mejillas.
Nos sentamos a la mesa, la sonrisa de mamá me inquieta.
—¿Estás totalmente segura de que podrás allá hija?—ella siempre ha sido protectora conmigo, recuerdo cuando era pequeña, ella se llevó bajo los pies a medio vecindario por defenderme, es la mejor del mundo.
Sus ojos color miel me observan, mientras revuelve el plato, en un silencio que hace doler mi pecho.
—¡Estaré bien mamá! además Laura me da sitio, pagaré la mitad de la renta con ella, no te pongas así, también haré mis papeles para trabajar de lo que me he titulado.—suelto y termino el último bocado de mi plato, mientras ella suspira.
—¡Bien, no pensaré más en ello, sólo hazme un favor, cuidate ! ahora ve y saca la basura, yo recogeré los platos y me iré a la cama, tu hermana ya está adormilada.— me acerqué a Jazmín y dejé un beso en su frente, para tomar las bolsas de basura y dirigir mis pies fuera de la casa.
Hace algo de frío, debí colocarme algo encima, una blusa corta sin mangas no ayuda en mucho con el viento frío que corre.
—¡Mi amor!— suena una voz conocida al cerrar la puerta, levanto los ojos después de colocar las bolsas en el cesto rojo, antes de girarme para volver a la casa, el Porsche negro de James reluce en la puerta de mi casa. La respiración se me corta, haciendo que corra hacia él, se lo ve con cara alegre mientras yo deseo acribillarlo contra una pared.
—¡¿Qué haces aquí?, ¿Cómo llegaste?!— digo apretando los dientes, con mis ojos hechos en furia, él me mira confiado y se medio sonríe. Es un maldito adulador.
—¡Un novio debe saber donde vive su pareja mi vidita!— dice confiado y estira la mano para darme una caricia en mi mejilla. Su sonrisa blanca hace que la ira vaya subiendo, hasta mis puños apretados.
—¿Pareja?, ¿Qué mierdas andas soltando Brown?, yo nunca te dije donde vivía.—vomito con asco cada palabra.
—¡Tengo mis métodos nena! debemos hablar de lo que pasó, y como no respondías a mis llamadas, pues aquí estoy.— habla bajo, como queriendo hacerse la víctima de la novela, mientras sostiene el volante entre sus manos, jugando con sus dedos.
_¡Yo no tengo nada que hablar contigo bastardo traidor! ¡Te estabas revolcando con otra y aún tienes la cara de venir a mi casa!— digo e intento girar en mis pies para volver a la casa, pero lo veo abriendo la puerta y bajando del coche, con extrema y sadica tranquilidad, mientras la sangre brota pir mis venas.— Vete de aquí antes de que te deje las pelotas en la nuca Brown.— la ira se está acumulando en todo mi cuerpo, empujo su puerta y se vuelve a cerrar, haciendo que no pueda bajar.Mi rostro va a pasar de carmín a violeta si no le parto la cara de una bofetada.
—¡Ahí quisiera tenerlas pero contigo encima, está haciendo frío, entra!—,me señala el asiento del copiloto y me sonríe otra vez. Miro hacia la ventana de mi casa y la luz del cuarto de mi madre se apagó. No podemos hablar aquí, este vecindario es un nido de serpientes al acecho, de hacerlo, mañana mi madre tendrá la noticia fresca de que he discutido con un carbón de un Porsche negro.
Temblando de ira me doy la vuelta del auto y entro, de la rabia que me fluye, sin querer casi le hago giratoria la puerta. Él sólo me mira y niega mientras sonríe.
—¡Te doy treinta minutos y desapareces de mi existencia James!— el enojo se filtra en mis palabras,me pongo el cinturón mientras el coche se pone en marcha.
No hablamos en todo el camino, pero terminamos en un bar que siempre frecuentábamos antes, Macuba Club. Lo miro con odio, sin desprender el cinturón.
— ¿Quieres que baje ahí con estas pintas?, no lo haré, así que habla ya, sólo te quedan veinte minutos.—no pienso bajar ahí, apenas tengo un chongo mal hecho en el pelo, con una blusa roja sin mangas, que uso en la casa de pijama y un jeans roto en las rodillas que me hace ver como indigente.
—¡Simplemente baja vamos cariño!— lo veo bajar del coche y abrirme la puerta, me toma de la mano y me lleva a la puerta del local. Entramos y no hay ni un alma dentro, siento una suave tela cubrir mis ojos y la voz de éste infeliz a mi oído.
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Updated 70 Episodes
Comments
Salomé Páez
Mejor bloquearlo y listo
2024-07-07
1
Nelly Marisa Duarte
Qué mujer con tan poca resistencia yo cuando digo no es no, muy débil para el carácter que supuestamente se carga
2023-04-16
0
Martha Padilla
No tienes que hacer lo que te dice, esto me huele mal 🤔🤔🤔
2022-11-18
1