Capítulo Diez.
Que los nervios no te opaquen.
Logan.
Miro a la rubia, y entonces entiendo ahora el por qué hace tiempo no había postulantes a nuevos asistentes en la corporación. En una multinacional como ésta eso es casi imposible, los empleados cambian constantemente, y más en caso que la persona no trabaje eficientemente en su puesto. Como es el caso mismo de ésta mujer.—¡Alexandra!—me mira algo ida y me sonríe sutil, abro la carpeta que recién observé y busco el número personal de la mujer de ojos azules, mientras la rubia me ve sorprendida.—¡Dígame, Logan!— levanto mis ojos, ¿Quién le mando a ésta a entrar en confianza?. Frunzo los labios en el claro disgusto que siento,—¡Llama a la señorita Hoffman, dile que la cito en mi oficina en media hora!— ella me ve aún en el asombro y entonces espero a que coja el teléfono.Ella solo me mira sin hacer nada,—Toma el maldito tubo y le marcas te espero.—Me desespera, la lentitud en esos dedos largos, pero lo hace y cuando se dispone a a hablar entonces se lo quito, ¡Qué capacidad increible! De verdad esta mujer me saca de los carriles más rápido que cualquier otro ser.
—¿Hola, quién habla?— una voz baja y desanimada suena, haciendo que mi piel por un momento se congele. Carraspeo un poco y acomodo mi garganta que de pronto está tan seca que duele. ¿Qué me está pasando?
—¡Empresas Walton!, ¿Señorita Hoffman?— trato de sonar normal, pero la saliva no pasa por mi garganta.—Sí, soy yo, ¿Ocurrió algo señor?—la voz de la chica suena un poco más alta, como animada, yo muevo mis ojos inquieto y miro a Alexandra viéndome como si estuviera observando un alienígena ancestral.
—Por favor, preséntate en la empresa en unos veinte minutos, en la oficina central, en el último piso. La señorita Rosalin la estará esperando.No necesitas pasar por el recibidor. — Los ojos de Alexandra parecen salirse de sus cuencas con la última oración, mientras yo no puedo evitar sonreír por la reacción. La muchacha al otro lado debe de estar emocionada, porque apenas y escuchó mis palabras, la llamada se ha cortado... y de verdad espero que venga, que no se haya arrepentido de ver la cara de agria de ésta rubia. Le entrego el teléfono, y ella de nuevo menea sus atributos de plástico.—¡Está despedida Alexandra!, botar la posibilidad de empleo de los demás por su propia conveniencia es muy bajo. No quiero gente como tú en mi empresa. Tiene una hora para retirarse, en mi oficina le espera la carta de despido.—si antes me veía como un alien, ahora me ve como si fuese una orda de Ovnis, abre su boca hasta casi el suelo y yo me retiro por el ascensor, seguido nuevamente por Leo, que observó la situación desde un rincón lejano, pues sabe que cuando pierdo la paciencia, poco ha de quedar de bueno en mí.
Sentado en mi escritorio, mis ojos caen por la pared de vidrio, que divide mi oficina en dos, un escritorio vacío, que inesperadamente y con nervios, espero ocupar con la presencia de la ahora tan soñada Génesis.El lugar allí vacío me recuerda a Cristina, mi vieja secretaria, que hace bastante poco se jubiló tras treinta años de servicio a mi familia. Miro el reloj en mi muñeca, y ojeo una vez más en la pequeña oficina pegada a la mía, que espero pronto tenga dueña una vez más.
Alineo las plumas sobre el escritorio y me siento inútilmente rígido, cruzo las piernas y enciendo un cigarrillo, tratando de tener en claro la entrevista repentina que quiero hacerle a esa mujercita.
No siquiera puedo creer cómo los nervios corren por mi sangre, como si fuera un hecho de vida o muerte, me hace morderme los labios, mientras suelto el humo.
¡Mierda! Me hago consciente de que quizás este aroma no es adecuado para una entrevista laboral, y miro la puerta fijamente, rebuscando en el cajón a mi derecha una pequeña fragancia que huele a dulzor. Cristina me la dejó.
Diez minutos han pasado, la puerta suena suavemente, inconsciente he estado fijando mis ojos en la perilla de metal, para estar alerta a su llegada.
—Señor, la señorita Alexandra.—la voz de Rosalin suena un poco apagada detrás, eso me saca de foco... de esos ojos azules en mi sien.
—Haga que pase.— Mi voz retumba en seco en la habitación. El cuerpo fino y algo raro de la mujer rubia se posa frente a mí con los ojos vidriosos, apretando sus puños y arreglando su vestido corto ante el escritorio.—Ten tu carta, buena suerte.—arrastro mi dedo, llevando un sobre hasta el centro, y sus manos temblorosas lo toman. Abre la boca, intentando decir algo, pero la voz de Rosalin la interrumpe.—Vete Alexandra, si no quieres malas referencias, no abras la boca.—hablo, con los nervios saliendo por mi boca, con el tono más áspero que puedo armar ahora.
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Comments
Nelly Marisa Duarte
wow está buenísimo
2023-04-16
0
Martha Padilla
🤭🤭🤭🥰🥰🥰💘💘💘
2022-11-18
1
Sabri Nahir Zapata Zini
Espero la heche!!!
2022-08-01
1