Capítulo Dieciocho.
El impulso a veces nos muestra lo que no queremos ver.
Logan
Lindo carácter el que se cargaba la señorita, me hace sentir curioso de su forma de ser. No se me hace una mujer muy ruda que digamos, yo creo más algo como, esconder lo que verdaderamente uno es. No creo en esa rudeza, no después de ver el rosita por todo mi archivero, y el brillo rondando todo su escritorio.Recuerdo aquella indefensa mujer, de la noche del bar, y me dan más ganas de querer conocerla.Me molestó muchísimo ver como los ojos de Keller casi la quemaban fijamente. Pero esta clase de sentimientos no quiero volver a vivirlo, los pongo en duda y los analizo hasta reventar la conciencia, pero ella está ahí, recabando más y más. Sé muy bien a lo que llevan éstas cosas, y no pienso volver a lidiar con algo como eso. No después de haberla perdido, ella era mi Scarlett. Tuve que aceptar verla en brazos ajenos, y luego como témpano de hielo, su muerte repentina rompió lo que quedaba de mí.Después de negociar con Keller, casi tres horas, él se marchó. Al fin puedo llamar a Leo para saber que pasó con ella. No tuve más que decirlo de esa forma, admito que no parece ser una mujer dócil. Eso es lo que me molesta un poco, pero también me hace prender la mecha porque genera deseos de querer saber hasta donde ella es capaz de soportar. Y teniendo en cuenta que me debe lo del incidente que tuve que apagar en el baño, es momento de prender la situación un poco...el juego ha comenzado.Y ella tiene las de perder.
Leo abrió la puerta cuidadosamente y quedó esperando ordenes.—Y bien. ¿Qué pasó querido?—él niega con la cabeza, cruzando sus manos por delante, mirándome lo más serio que puede, pero se muerde los labios antes de continuar hablando, como imaginando la escena reciente en su cabeza.—Ella no dejó que la llevara a casa, dijo que era innecesario, puesto que podía movilizarse sola señor.Se sonrío, ha podido volver a su expresión estoica de siempre.—¡Debiste insistir Leonardo!—Grito sin animos de calmarme, por su reacción y por la desobediencia de ella; no puede ir por ahí sola.— No hay problema, puedes irte, mañana no me recojas, sólo ven a la empresa sin mi.—hablo marcando el móvil. Leo quiere decirme algo más pero no le dejo continuar.
—¿Hola?, ¿Quién al otro lado?— la voz de un hombre me sorprende. Miro la pantalla del teléfono y efectivamente, es el número de Génesis al que le marqué.—¿Con la señorita Hoffman?— quien es... Un nudo de enojo se queda en mi garganta, mientras se escucha movimiento al otro lado. —Bomboncito, un tipo te habla ... —se oye esa voz, y luego de un tiempo ella toma la línea. ¿Bomboncito? ¿Ella tiene novio?, lo dudo.
— Señor Walton, ¿Qué se le ofrece?—un hilo de molestia se escucha en su voz, y me da satisfacción. La intriga se abre paso en mi cabeza... Bomboncito...Bomboncito...¿Quién mierda es para decirle así?
Enojo repentino que sube y baja por mi esófago, mientras aprieto mi puño libre contra el escritorio.—¿Señor?— habla una vez más.— ¿Quieres así?, ¿Te gusta?—Esa voz habla detrás de ella, y me está colmando los nervios, aprieto mis puños más aún, considerando que tengo en mi mano el móvil; y al bajar la mirada tengo los nudillos blancos y la sangre hirviendo.—Hoffman, no puedes irte de esa forma. Si lo haces una vez más me veré forzado a tomar medidas sobre eso.—Lo entiendo señor. Nos vemos mañana.—el sonido de pitido dice que ella ha colgado la llamada, dejándome con las palabras atragantadas en la garganta. Niña, ¿Quién se cree que es?
Acabo de recoger las cosas y marchar a casa, las palabras de ese desconocido y las miradas de Keller, no salen de mi cabeza, mientras los ojos enojados de ella se hunden en mi cabeza. Frente a mí una indicación marca la flecha hacia los suburbios de la ciudad. Sin sopesar demasiado lo que voy a hacer doy un giro a la izquierda, pensando en qué podría decir al llegar a su puerta.No puedo ser más imbécil por que no me cabe en el cuerpo.Giro a la derecha, una vez, con los ojos azules clavados en mis pupilas, y cuando estoy a punto de estacionar el coche, su figura se ve entrar entrar al edificio con un tipo y dos maletas en la mano.
¿Ese será el de la llamada?... Qué mierda...
Mirando como la puerta del edificio se cierra a lo lejos y sus cabellos rubios y largos se salen de mi visión, tiro mi cabeza hacia atrás en la butaca, con una nube verde en mi cabeza. No puedo evitar pensar en escenas que involucran su pequeño cuerpo con ese hombre que acabo de ver tan demasiado cerca de ella.
—Maldita seas Hoffmann.— susurro, rebuscando en mi bolsillo un cigarro para encenderlo, mientras observo el viejo edificio pintado de gris, decorado con las rosas en la entrada del jardín delantero. Cierro los ojos, con el azul profundo en ellos, y decido tomar un buen tiempo, antes de volver a salir de aquí.Vine gobernado por mis impulsos, es momento de apaciguarlos un poco, para poder pensar.
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Comments
Delia Alonso
Esta historia es genial
2024-04-21
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Maria Cecilia Rodriguez Velez
JAJAJAJAJA JAJAJAJAJA JAJAJAJAJA JAJAJAJAJA.... HACÍA MUCHO TIEMPO QUE NO ME REÍA TANTO..JAJAJAJAJA...CON SOLO IMAGINAR EL GRITO Y EL SUSTO NO PARO DE REIR..GENIAL !!!!
2024-01-18
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Lorena Angulo
que celos dios mío
2023-02-08
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