Nos encontrábamos platicando acerca de como nos habíamos conocido, la plática avanzaba muy bien, creo que ya me había acostumbrado a las personas y entablar una grandiosa amistad no sería un problema con ellas.
Poco tiempo después me tenía que ir a realizar mis pendientes en mi departamento, así que las dejé solas para que siguieran conversando.
— Bueno, ahora que estamos solas… dime la verdad. ¿Te gusta, no es así?. — preguntó su amiga mirándola a los ojos.
— ¿Qué dices?… ella… ella no me gusta para nada… a… apenas somos amigas. — expresó muy nerviosa.
— Te conozco amiga, sé cuando una persona te gusta. Siempre pones esa mirada en tu rostro.
— Lo sé, eres mi mejor amiga después todo y a ti no se te escapa nada. La verdad es que si, ella me ha gustado desde hace mucho tiempo… siempre la veía cuando llegaba a su departamento, éramos vecinas y ni siquiera ella lo sabía.
— Debió ser muy duro para ti y más por lo que ella ha pasado.
— Si, esa mirada fría que tiene no es fácil de convencer. Tan recta, tan perfecta… ella es como siempre quise ser, la admiro demasiado y me gusta mucho ella. — mencionó bajando la mirada. — Kaori, creo que ella no va a corresponder a mis sentimientos, ¿tú crees que algún día lo note?, ¿crees que ella y yo… podamos estar juntas?... Yo… la amo demasiado, he estado amándola en silencio por mucho tiempo que ya no puedo más… — la abrazó mientras comenzaba a llorar.
— Calma, calma, descuida. Harumi verá lo mucho que la has apoyado en estos años y… aunque no recuerde quién eres realmente. Sé que tus sentimientos le llegarán, ella te amará. No te des por vencida. — la consoló correspondiendo a su abrazo.
— Gracias Kaori, siempre puedo contar contigo. — se limpió sus lágrimas en ese instante.
Mientras iba en camino a casa después de dejar a mis amigas solas en el restaurante, me encontré en el camino a Seiji. Parecía que me estaba esperando por la expresión que tenía en su rostro, cómo si hubiese sabido que tomaría este rumbo con solo adivinarlo.
— Hola Harumi, ¿te diriges a casa?.
— Ah, si, así es. — respondí indiferente.
— ¿Quieres que te acompañe?. Mi auto esta muy cerca y te puedo llevar.
— no es necesario. Además está muy lejos y te desviaría del camino a tu casa. — << que pesado es >>, pensé.
— No es molestia, por mi encantado de llevarte. ¿Qué dices?.
— No, gracias, en verdad agradezco tu intención pero creo que así es mejor para que no te cause algún contratiempo. — mencioné para que pudiera desistir nuevamente de su invitación.
— No hay problema con ello si eso es lo que te preocupa, vamos. — tomó mi mano, llevándome a donde estaba su auto.
No tuve más opción que aceptar que me llevara a casa, después de todo solo me dejaría en la entrada del edificio.
En el camino platicamos un poco acerca del trabajo y los planes que teníamos cada uno, mis respuestas a sus preguntas era siempre cortas, no me sentía muy segura con Seiji pero el camino era corto y pronto pasaría ese momento, solo me quedaba esperar a que llegáramos.
Por otra parte, en el pueblo donde vivían los padres de Harumi, la madre en esa misma tarde se encontraba recabando información para saber acerca del paradero de su hija. Estos dos meses eran terribles para la señora porque a pesar de preguntar con personas cercanas a su hija, no conseguía saber nada más acerca de ella; recibía respuestas como: “no sabemos nada”, “no la he visto en mucho tiempo”. No tuvo más opción que contratar a un detective privado y como su esposo no iba a apoyarla económicamente, ahorró el dinero suficiente con el trabajo que ella realizaba.
Ellos se encontrarían en su casa, la madre sentía que esta vez podría tener alguna esperanza, un indicio de poder así verse una vez más con su hija.
— Que tal señora, mi nombre es Yamato Takada y seré su detective personal para su caso. — se presentó aquel hombre de estatura alta.
— Gusto en conocerlo, yo soy Saori Fuegucci. — correspondió presentándose haciendo los dos una leve reverencia.
— Bueno señora Saori, cuénteme todo acerca de su hija. De preferencia que sea con lujos de detalle. — preparó unas hojas blancas empezando a escribir.
— Si, verá, esto fue lo que pasó.
La madre le comenzó a explicar al detective la última vez que vio a su hija, además de como había sido su relación con tanto de ella como su padre. Tal y como se lo había pedido aquel hombre, pudo detallar muchas situaciones de las que le era posible recordar en ese momento.
— Entiendo todo, aunque no hay que descartar una posibilidad de que su hija esté fallecida por el tiempo que ya ha pasado. — pauso su escrito por un instante.
— Lo sé pero hasta que no esté segura, no podré estar tranquila. Dígame, ¿hay posibilidades de encontrarla muy pronto?. — cuestionó ansiosa la señora.
— No podría estimar una fecha en especial pero haré lo que pueda para que sea muy pronto señora, le aseguro que podremos encontrarla.
— Muchas gracias en verdad, por favor haga lo posible para que aparezca. — suplicó juntando sus manos.
— Así será señora. — asintió con la cabeza muy seguro de si mismo.
Recabando y buscando información, ya sean documentos, últimas conversaciones en mensajes de texto o lo que fuera posible; una pista o un indicio de donde podría encontrarse su joven hija. Aquel hombre alto de ojos marrones tenía experiencia con incluso hasta la policía resolviendo los casos más difíciles, sin duda alguna aquella señora había contratado a un grandioso detective y eso la tranquilizaba más.
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