Yara permaneció acostada en su cama, demasiado cómoda la verdad, acariciando con la yema de los dedos la venda que cubría su herida en el abdomen. No le dolía, pero si sentía cierta sensibilidad por lo que tenía que tener cuidado con hacer movimientos bruscos.
Durante su encierro no pudo olvidar las palabras del Rey de Sorin, mucho menos creer en ellas. Él era su enemigo, y siendo su enemigo aprovecharía la noticia de que era una mujer para desacreditarla de sus derechos y quedarse con su reino.
Pero no lo había hecho...
No sabía cuáles eran sus intenciones, su propósito de verla bien cuando debería tratarla de las mil mierdas. Eso no le daba tranquilidad a Yara, al contrario, la desesperaba más al sentir que en cualquier momento podían atacarla por la espalda.
—Oye. —Escuchó como el hombre de sus pensamientos tocó la puerta de su habitación. —La cena está lista... baja cuando quieras.
Luego se oyeron los pasos del hombre alejándose. De esto hablaba Yara, ese tipo de trato le causaba confusión... ¿Acaso era una forma de ganarse su confianza? No lo iba a conseguir, ella no se dejaría manipular por nada.
Yara decidió bajar, si era una trampa o no lo peor que podía pasarle era morir ese día, lo cual prefería antes que aceptar que era una mujer.
Cuando se asomó por las escaleras pudo ver la enorme mesa del comedor en el que el rey comía solo del estofado que había preparado. A un lado estaba un plato servido, suponía que ese era de ella.
—Vaya, pensé que bajarías más tarde. —Comentó Uriel al verla.
Yara no respondió, solamente procedió a sentarse frente al plato al que comenzó a verle cosas extrañas, como unos trozos de algún vegetal colorido.
—¿No te gustan los pimientos? —Dudó el pelinegro al notar que la chica los miraba extrañada. —No los comas si no te gustan.
¿Pimentos? ¿Qué era eso? Jamás había escuchado esa palabra, ¿Era una especie de veneno? Bueno, no es como que ella supiera al pie de la letra lo que llevaba un estofado. Pasar tiempo en la cocina no era una de sus prioridades, pero nunca notó una especie de vegetal así.
A pesar de la curiosidad no se animó a comerlo, por lo que lo apartó y siguió comiendo la carne.
La tensión se podía respirar en el aire, lo único que se escuchaba era el canto de los grillos en el exterior. Uriel había terminado su plato hacía rato, esperaba que Yara terminará de comer para lavar los platos, aunque esta se llevaba cada plato a la boca juiciosamente como un pajarito.
Se veía tan tierna.
—¡Ejem! —Carraspeó Uriel rompiendo el silencio. —Cuando te mejores de la herida te pondré a trabajar. Por mientras, espero que te portes bien y que no hagas algo estúpido otra vez.
Yara no contestó, ni siquiera asintió con la cabeza o algo, continuó comiendo como si nada lo que incomodaba cada vez más al rey de Sorin.
—Si descansas y me obedeces, tal vez te dejé salir al jardín, o incluso te dejaré ver televisión. —Lo último que dijo llamó ligeramente la atención de la chica, pero esta decidió mantenerse firme y seguir ignorandolo. —Tu reino es pesquero, ¿No? Bueno, es una isla, es obvio que pescan, jeje... —Rió con nerviosismo. —Pensé que sería buena idea que empezarás trabajando en el muelle... suele ser un trabajo de hombres fuertes, pero supongo que podrás hacer algo...
—Yo no soy una niña. —Pronunció Yara clavando el cuchillo sobre un trozo de carne. Un acto intimidante de cierta manera. —Mi padre siempre me lo dijo.
—¿Y tú le crees a estas alturas?
—Sus últimas palabras me hicieron dudar. —Admitió Yara, dejando salir su inseguridad. —Pero yo no quiero ser una niña, me niego.
Uriel no pudo evitar soltar una risa por aquella respuesta.
—Lamento decirte que tu género no es algo que se elige, simplemente naces con eso. —Dijo el pelinegro. —Nos queda aceptarlo y ya.
—No lo aceptaré. —Rechazó la chica. —No soy una niña, ¿Sabes por qué? Porque no soy débil, y mucho menos sumisa. Soy fuerte y peleo mejor que cualquier hombre...
—Pero tienes tetas y una vagina. —Interrumpió Uriel sin disimular su vulgaridad. —Eres mujer, acéptalo.
Hubo silencio entre ellos nuevamente y Uriel pensó que por fin la había convencido. No obstante, Yara hizo una pregunta que lo dejó perplejo.
—¿Qué es "vagina"?
Uriel la miró incrédulo pensando que era una broma, más el rostro de confusión de la muchacha lo convencieron de que no bromeaba.
—¿Disculpa? ¿Acaso no te enseñaron que es una...?
Luego entró en razón. Claro, convenía que ella no supiera esas cosas para no descubrir su identidad.
¡Pero él era la persona menos indicada para explicarle!
—No me respondiste, ¿Qué es eso? —Insistió Yara.
—Este... Pu-pues. —Uriel se sonrojó de la vergüenza. —Es l-lo que tienes entre las piernas... lo que te hace mujer.
—Ah. —Contestó Yara por aquella respuesta tan vaga. —Bueno, ya que estás respondiendo preguntas, ¿Puedo saber qué es un televisor?
—¿¡No sabes que es un televisor!? —Exclamó Uriel de tal forma que golpeó la mesa. —¡¿Dónde vives, bajo una piedra?!
—Ya te enojaste y eso que no pregunté que son pimientos... —Murmuró la rubia mientras bajaba la mirada.
El Rey apoyó su mano sobre la frente tratando de no enloquecer. La chica no solo estaba descubriendo su verdadera identidad, si no también un mundo distinto que no conocía.
—Tengo mucho trabajo que hacer contigo...
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Comments
Gilma Ortega
Pobre chica es lamentable lo que su padre hizo con ella la convenció de que era un hombre y ahora ella está confundida y no acepta su género ojalá esté rey no se aproveche de su inorancia e inorancia y termine abusando de ella y robándole las tierras empecé a leer está novela y me a gustado mucho felicidades autora por su historia
2024-11-21
1
Gilma Ortega
Pobre chica es lamentable lo que su padre hizo con ella la convenció de que era un hombre y ahora ella está confundida y no acepta su género ojalá esté rey no se aproveche de su inorancia e inorancia y termine abusando de ella y robándole las tierras empecé a leer está novela y me a gustado mucho felicidades autora por su historia
2024-11-21
2
Taylor Suárez
Vaya 😐 sin anestesia 😅 de una pum! 🤣
2024-10-15
2