Había pasado un mes desde que fue capturada por el rey de Sorin y su vida después de eso solo se mantuvo en cuatro paredes de piedras frías que representaban su prisión.
Yara comía muy mal y no había recibido higiene alguna. Todavía tenía sus manos manchadas con la sangre de su padre, y algo de su sangre que expulsaba cada mes. Lo bueno era que podía fingir que esa sangre eran heridas, que si las tenía, pero ni se había dado cuenta por toda la adrenalina que estaba viviendo y que fueron tratadas de mala manera, por lo que no terminaron de sanar.
De por sí el tiempo que estuvo refugiada en Arcelia descuidó su imagen personal, por lo que ahora su cabello rubio estaba más largo, por encima de los hombros, lo que la hacía ver más... como una "ella".
Por obvias razones su barba no crecía, lo que despertaba las burlas de los guardias con respecto a su aspecto de niña. A pesar de ser un fastidio eran su único entretenimiento y gracias a ellos había descubierto lo que pasó después de ese horrible día en que lo perdió todo.
Thomas Loretti se suicidó de un disparo el día que Rysto Terranova tomó su reino, no sabía nada de Alexander, pero seguro continuaba vivo. Otro que fue destrozado fue el rey Fabio Girardot, a según su pueblo hambriento lo había molido a golpes y matado a su familia, aunque decían que el rey y una de sus hijas lograron sobrevivir. Yara ansiaba que esa fuera Nicolle.
A veces su mente comenzaba a nublarse, pensaba que era por como la afectaban sus heridas, pero no le daba importancia, más grande era el dolor en su corazón. Sus pesadillas eran constantes, de como aquella bomba caía en su hogar y destruía todo a su paso. Eso combinado a las últimas palabras de su padre.
"Perdóname, hija mía..."
Siempre sospechó que no era igual a los otros hombres, pero Yara esperaba cualquier tipo de razón menos esa. Ella no podía ser una mujer, por muchas razones le disgustaba la idea...
—¡Entra lindura! —Los guardias abrieron la puerta y lanzaron a una mujer dentro de la misma celda.
—Nicolle... —Murmuró Yara al ver que se trataba de su amiga.
—¿Kao? —Dudó la princesa, sorprendida de verlo corrió a abrazarlo. —¡Dios mío, eres tú!
—¡Auch! —Se quejó cuando Nicolle tocó accidentalmente sus heridas.
—¡No puede ser, estás herido!
—No es nada, pasará. —Dijo Yara indiferente. —Me alegra de que estés bien.
Nicolle no quiso responder a esa afirmación.
—Nadie está bien Kao. —Contestó la princesa, cortante.
Días después alguien más se les unió al encierro; Alexander apareció de sorpresa, pero su rostro perturbado ocasionó que no quisieran hacerle preguntas. Los tres príncipes habían sufrido a su manera, cada uno tenía un trauma que prefería no contar aunque les doliera el alma.
Ninguno de ellos sabía su futuro o el de su reino, o siquiera de lo que hablaban allá afuera. Solamente les quedaba esperar.
—¿Puedes dejar de hacer eso? —Expresó irritado el castaño observando a Nicolle. —Me molesta.
El encierro había hecho que la princesa de Idalia se dedicará a rezar día y noche a cada momento, imploraba pidiendo perdón al señor por sus actos, lo que arruinaba la tranquilidad de los dos príncipes.
—Cada día puede ser el último, por eso quiero pedir perdón por mi y por mi familia antes de eso. —Dijo Nicolle, arrodillada y juntando sus manos.
—Si quieres rezar ve a una maldita capilla. —Contestó Alexander malhumorado.
—Dudo mucho que Dios nos perdone con unas simples oraciones. —Murmuró Yara sin dirigirles la mirada.
La más aislada de los tres era Yara, ella aún no asimilaba su verdadera identidad, y eso le hacía sentir culpable de cierto modo...
—Debemos superarlo, Kao. —Le comentó Nicolle. —Los tres sabemos que nuestros padres no eran unos santos.
¿Superarlo? No podía hacerlo.
—Es fácil para ti decirlo cuando tu padre sigue vivo. —Recriminó Yara. —Sin nuestros padres no somos más que presas esperando a que los demás reinos nos devoren.
El guardia que estaba de turno se mostró interesado en escuchar la conversación de los príncipes, a la vez que se reía y se burlaba de ellos. No podía creer que esos tres "ineptos" eran los hijos de los hombres más despiadados del mundo.
En eso entró otro guardia para informarle sus órdenes al guardia de turno, la cual era de llevar a los tres a bañarse para luego ser llevados a la sala donde serían juzgados.
—Lamento interrumpir su momento de chismes, viejas asquerosas. —Les dijo el guardia despectivamente. —Pero es hora de que suban y se quiten ese hedor.
Los tres cruzaron miradas inseguras entre sí, más decidieron seguir órdenes antes de que les fuera peor. El guardia les abrió la puerta y el primero en salir fue Alexander, quien le dedicó una mirada asesina al guardia, la segunda fue Nicolle que apenas salir sintió como el guardia la tomó del cabello de manera violenta e inhaló su olor de forma asquerosa.
—Que rica estás, muñeca. —Le susurró al oído ese guardia depravado delante de Yara. —Muero por ver lo que hay debajo de esa ropa.
Nicolle se asqueó al sentir la lengua repugnante del guardia recorrer su oreja, Yara horrorizada lo empujó para evitar otra acción abusiva en su amiga. Y aunque el guardia quiso golpearlo sus compañeros entraron, por lo que decidió mantener la compostura.
Los tres fueron escoltados a una sala de duchas y Yara empezó a sentirse nerviosa, ya que estas duchas no eran privadas y no dejaban nada a la imaginación. No habían entrado cuando los guardias armados les ordenaron quitarse la ropa.
Nicolle y Alexander se la quitaron de inmediato, por obvias razones la princesa capturaba las miradas morbosas de los guardias. Yara vio ambos cuerpos, y se dio cuenta de que el suyo era idéntico al de Nicolle.
Entró en una especie de pánico, permaneció paralizada sin querer quitarse la ropa. Si descubrían que era una mujer todo se arruinaría, no sabría que hacer y tampoco quería ser víctima de abusos.
—¿Qué estás esperando, idiota? ¡Desnúdate! —Un guardia la golpeó sin medirse.
Yara ansiaba tomarse un baño, pero el miedo de que la descubrieran era mayor. Se negó a quitarse la ropa y a los guardias no les tembló el pulso para empezar a golpearla hasta que obedeciera. Sus amigos trataron de interferir, aunque por obvias razones esto no cambió nada.
—¡Quítate la ropa, bastardo! —Gritó un guardia.
—¡Déjenlo! —La voz imponente de una mujer ocasionó que se detuvieran. Todos voltearon a ver a la peliplateada vestida de militar. —Si quiere permanecer podrido, que así sea... igual no creo que sobreviva mucho tiempo.
—¿Y quién eres tú para decidir, estúpida mu- —Uno de los guardias hasta que recibió un golpe de su compañero para que hiciera silencio.
—Cállate, es Raysa Terranova. —Le susurró uno de los guardias. —Es la hija del rey de Kyrena.
Yara veía sorprendida a la mujer que evitó que la mataran a golpes, su aspecto intimidante y frívolo sin duda llamaron su atención.
Cuando sus amigos terminaron de bañarse le dieron ropas nuevas, menos a Yara, a según no las merecía por no bañarse y luego fueron de nuevo a su celda.
Esperando la decisión sobre lo que pasaría con sus vidas.
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Taylor Suárez
Tu familia ya no esta muerta?
2024-10-15
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