Como había dicho anteriormente, la intuición era la mejor arma de Uriel Soltani.
Con la intuición de su lado podía predecir cuando una persona planeaba algo, sea quien sea, lo que sea, podía deducir lo que estaba planeando a continuación con su aguda intuición. Incluyendo lo bueno, y lo malo.
Con todo esto aclarado, él quería poner bases para su siguiente acusación: el "príncipe" de Platina, Kao Altaluna, ocultaba algún oscuro secreto.
Lo primero que pensó fue que planeaba asesinarlo, era lo más lógico, y si no lo había hecho hasta ahora era porque esperaba el momento adecuado para hacerlo. Cada vez que miraba al rubio se llenaba de muchas preguntas: ¿Qué pensaba? ¿Qué tan terrible es lo que esconde? ¿Pensará sacarlo a la luz?
En cualquier otro momento Uriel lo interrogaría para no seguir siendo devorado por la curiosidad, pero no quería romper el silencio entre ambos. Adoraba los viajes callados.
El rey de Sorin se puso a pensar en si existía la posibilidad de que el plan de Wilson diera frutos, y en verdad Kao Altaluna, el hijo de un sádico y cruel rey pudiera redimirse, pero podía apostar a que esto nunca se cumpliría. Después de todo, el dicho decía que de tal palo, tal astilla ¿No?
En medio de esas miradas fugaces que el rey de Sorin le dedicaba a Yara para analizar sus pensamientos, esta se terminó dando cuenta de la constante atención, y de inmediato Uriel se apresuró a apartar la mirada hacia la ventana como si nada. En eso, el rey observó una especie de campo agrícola donde varios campesinos se esforzaban en sacar soldados caídos por la guerra de las tierras.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de Uriel, y al instante ordenó que se detuvieran en aquel campo. No se hizo esperar y bajó del auto arrastrando a Yara con él, los campesinos se arrodillaron ante la presencia de su rey.
—Les he traído ayuda, mi querido pueblo. —Pronunció Uriel, aguantando su risa maliciosa. —Nada más y nada menos que el que ocasionó todo este desastre: el príncipe Kao Altaluna.
Todos al saber la identidad de Yara la vieron con repudio, miedo, asco... odio.
Uriel le ordenó que moviera los cuerpos a la fosa común que cavaron los campesinos, ella sola. Yara lo miró disgustada, pero supo que no tenía opción de oponerse. A regañadientes se acercó al primer cuerpo, maldiciendo al rey de Sorin por aquella humillación.
El campo se veía desolado, lleno de pasto y hierbas malas, lugar en el que era juzgada por la mirada despectiva del pueblo de Sorin. Yara miraba los cuerpos con lástima, era increíble pensar que alguna vez fueron personas normales; hijos, padres, hermanos... ahora no eran más que alimento para moscas.
Los cuerpos eran pesados y olían horriblemente mal por su estado de descomposición, el primero fue más fácil que el segundo, en el cual el dolor de su abdomen donde tenía la herida se agudizó, provocando que se encorvara para caminar.
—¿Ya estás cansado, princesito? —Se burló uno de los campesinos.
—¿Es mucho para tu flácido cuerpo?
Esas burlas eran lo de menos, Yara comenzó a presionar su herida, notando que la sangre salía de ella. Era de esperarse, los golpes y el peso que cargaba hicieron que la herida no aguantara más y perdiera la sutura.
Era una tortura para Yara, más no se rindió, decidió continuar hasta la última de sus fuerzas.
Empezaba a hacer algo de frío, tal vez era el cansancio de cargar los cadáveres o la hemorragia arrebatándole su vida poco a poco. Si se preguntan porque la gente no se daba cuenta de que sangraba, primero: la sangre de los cadáveres terminó manchando su ropa, por lo que podía confundirse una con otra. Segundo: a nadie le importaba.
El tiempo pasó de manera interminable, hasta que de repente el sonido de un tren pasando cerca de ahí llamó su atención.
Esa podía ser su señal de libertad.
Yara divisó a Uriel, quien se encontraba distraído hablando con los campesinos, al igual que la gente del pueblo que comenzaron a echarle tierra a la fosa. Con todas sus fuerzas y aprovechando la distracción de sus enemigos, Yara se empeñó en salir corriendo hacia el tren.
—Mami. —Un pequeño niño veía como ella se iba hacía el tren. —¿A dónde va nuestra ayudante?
Su madre, que casi nunca le prestaba atención, esa vez lo hizo y de inmediato gritó al ver a Yara escapar. Estúpido niño, ¿No pudiste callarte?
—¡¡Se escapa!! ¡El maldito príncipe se está escapando! —Gritó la campesina.
Uriel y sus hombres reaccionaron al instante. Yara dio un vistazo hacía atrás y siguió corriendo al notar que era perseguida, tenía que encontrar la manera de perderlos de vista.
El líder de la nación estaba sorprendido de la impetuosa decisión de su enemigo, "¡Tenía razón, algo planeaba! ¡Quería escapar!" Se repetía para alimentar su ego, pero podría celebrar más adelante, cuando la capturara. No permitiría que se escapara.
Uriel se iba acercando rápidamente a la fugitiva, tal vez su orgullo si le servía como propulsor para correr más rápido, o quizás era porque él estaba sanito y sin ninguna hemorragia mortal en su abdomen... como era el caso de Yara.
—¡Detente! ¡Para ya! —Escuchaba los gritos del Rey más cerca.
Pero no podía detenerse, Yara estaba tan cerca del tren, ese era su pasaje a una vida lejos de tortura.
De repente, como si se tratara de una roca pesada, Uriel vió ante sus ojos como el cuerpo muerto de Yara caía sin fuerzas sobre el pasto. No obstante, en vez de tranquilizarlo esto hizo que corriera más rápido con la intención de auxiliarla.
No fue difícil saber lo que ocasionó el declive al ver la fuente de sangre fresca empañando todo el torso del "príncipe" de Platina. Y aunque este aun seguía respirando, había perdido mucha sangre...
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Comments
GMJ
tengo una pregunta ¿Cuantos años tiene el rey de sorin? (El Uriel ese)..
2024-05-15
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