El reino de Arcelia, a diferencia del reino de Platina, no era una isla tropical rodeada de mares cristalinos. Las chozas, la agricultura y los paisajes llaneros abundaban en creces. Era sorprendente como a pesar de la guerra promovida por su propio rey las cosas seguían luciendo bien.
Alexander y su hermano gemelo, Waylon, pasaban la mayor parte del tiempo solos debido al trabajo de su padre. Los príncipes de 5 años eran su única familia su esposa había muerto hace dos años por una enfermedad de la que casi se salvaron ellos también.
Cuando su padre llegaba al palacio, los gemelos se emocionaban mucho y no querían apartarse de él por nada del mundo. Thomas pensaba lo mismo de sus hijos, pero el trabajo siempre estaba ahí para sabotearlo todo.
—¿La embajada de Sorin? ¿Qué mierda quieren que haga allá?—Le cuestionó Thomas a uno de sus oficiales al mando, ambos estaban hablando en el comedor.
Resulta que el líder de Arcelia había recibido un mensaje por parte del Rey de Sorin, Morgan Soltani, que exigía su presencia en la embajada, o de lo contrario se desataría una guerra. Thomas estaba harto de que Morgan lo tratara como un títere solo porque era el reino con mayores fuerzas militares del mundo.
—No lo sabemos. Simplemente requirió su presencia cuanto antes, mi señor.—Comentó el oficial, Paul Frank, apenado de que su rey se tuviese que ir otra vez. Los príncipes estarían devastados.
—Acabo de llegar de un largo viaje por todo el país, es injusto que ahora tenga que viajar a la embajada por un capricho de Morgan. —Escupió Thomas con desdén encendiendo un cigarrillo.
Algún día cobraría todos los dolores de cabeza que le estaba ocasionando...
Por otro lado, Alexander y Waylon jugaban con su perra mascota Bárbara en su habitación, totalmente inconscientes de que su padre recién llegado se marcharía pronto. Los dos pequeños jugaban a los soldaditos de juguete, y de como estos debían luchar contra la monstrua perruna que se los quería comer.
Era costumbre que Alexander se enojara con Bárbara, ya que ella no quería ser un monstruo, sino acostarse patas arriba para que le rascaran la pancita. De repente, Waylon tuvo una idea para hacer el juego más realista, le pidió a su hermano que lo acompañará a la oficina de su padre a buscar el botiquín de primeros auxilios y conseguir vendajes para curar a los soldados caídos.
Ambos salieron de la habitación en compañía de Bárbara, ya en la oficina de su padre comenzaron a urgar en los cajones buscando el botiquín.
—¡Wow, una pistola!—Exclamó el pequeño Alexander tomando el arma con curiosidad.
—Es como de una película de vaqueros. —Waylon también se acercó fascinado.
De un momento a otro olvidaron la razón por la que habían entrado, la pistola se volvió más interesante. El pequeño Alexandor empuñó la pistola y comenzó a apuntar como si fuera uno de los vaqueros que admiraba en las películas.
En eso miró a Bárbara, quien estaba mirando a su pequeño amo moviendo la cola. Alexander le apuntó a la perrita tomándola desprevenida.
—Manos en alto, ¡Rufiana! —Dijo el niño con una voz altanera. Bárbara seguía igual, moviendo su colita con alegría. Alexander rió y dejó de apuntarle a su mascota. —No, no... Tranquila Bárbara, tú serás mi fiel mascota. ¡Juntos atraparemos al ladrón Waylon!
—¡Jum! Yo no quiero ser el criminal, quiero ser el vaquero. —Gruñó Waylon con disgusto.
—Primero yo, después será tu turno. —Dijo Alexander, a lo que Waylon estuvo de acuerdo. —¡Será mejor que corras!
Los niños salieron corriendo de la oficina, reían haciendo movimientos que a según en sus imaginaciones hacían los vaqueros del lejano oeste. Los niños eran seguidos por Bárbara, quien también corría eufórica por la alegría de los niños.
—¡Oh no, un callejón sin salida! —Expresó Waylon al terminar acorralado en el final del pasillo.
—¡Ja! ¡Quieto ahí, rufián! ¡No escaparás de mí! —El niño le apuntó a su hermano con el arma.
Y apretó el gatillo.
Thomas y su oficial al mando se sobresaltaron asustados por el disparo. Al escuchar los llantos de su hijo y los ladridos de la perra el terror comenzó a invadir al rey, quien salió disparado a la planta de arriba y el oficial Paul lo siguió por detrás.
Al subir las escaleras encontró a su hijo Alexander llorando en el suelo del pasillo, con el arma a sus pies y Bárbara ladrando desesperada alrededor de él.
—¡Dios santo! ¿¡Qué ocurrió?! —Thomas lanzó el arma lejos y verificó si su hijo estaba herido.
—Y-Yo pe-pensé q-que era d-de ju-juguete…—Sollozó Alexander mientras abrazaba a su padre con todas sus fuerzas.
Thomas no quiso que su hijo viera la horrible escena que tenía enfrente, el propio Paul y algunas de las sirvientas que también escucharon el disparo quedaron en shock al ver la sangre derramada del pobre niño...
—¡Sácalo de aquí Paul! —Ordenó el rey con lágrimas en sus ojos. —¡Ahora!
—Eso no fue tu culpa, fue un accidente... Eras muy pequeño para saberlo. —Comentó Yara con la intención de consolar a su mejor amigo.
—Mi padre dice lo mismo, pero no sé... tal vez yo no me lo creo todavía. —Murmuró Alexander cabizbajo. —Desde ese día prometí nunca usar un arma en mi vida. Quizás esa sea la razón por la que no soy suficiente hombre para Nicolle...
—¿Perdón? —Reaccionó el "príncipe" sorprendida. —¿Acaso bromeas?
—¿Si no, por qué?
—Eeh... Sencillamente porque no eres amable con ella. —Contestó Yara con obviedad. —Siempre eres grosero, no la escuchas ni tomas su opinión en cuenta, eso la molesta.
—¿Ella te dijo eso? —Preguntó Alexander, a lo que Yara asintió. —Yo pensaba que si la trataba mal, no me odiaría por no ser tan hombre como para portar un arma o pelear.
—Creo que esos libros que lees te están haciendo daño en la mente. —Opinó la rubia, divertida.
—¿Qué te he dicho de hablar de mis libros? —Reprendió el castaño dándole un empujón a su amigo que siguió riendo. A él se le contagió aquella sonrisa, aunque triste. —Por favor Kao, no le cuentes esto a nadie. Suficiente tengo con culparme a mi mismo en el espejo, como para que otros lo hagan...
—Tu secreto está a salvo conmigo. —Juró Yara mientras colocaba su mano en el pecho.
—Gracias amigo, me siento mejo ahora. —Confesó Alexander con una sonrisa recompuesta. —Un secreto tan grande no se lo deseo a nadie... así que si algún día necesitas a alguien con quien contar, estaré para ti.
—Lo tendré en cuenta. —Accedió la rubia.
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—¡Alexander! ¡No te vayas!
—¡Eres un egoísta, pensé que eras mi mejor amigo Kao! ¡Te conté todos mis secretos y tu me traicionaste!
—¡No es lo que tu crees...!
—¡Lo que creo es que eres un maldito mentiroso! ¡Nada de lo que digas hará que te perdone! ¡Maldito seas tu y tu reino!
—¡Soy una mujer!
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Updated 75 Episodes
Comments
Taylor Suárez
🤦♀️
2024-10-15
2
Socorro Hernandez Martinez
uff terrible ser mujer y comportarse como un hombre ante todo el mundo,que tristeza 😢
2024-05-07
2