—¿Qué haces aquí? —Preguntó el Rey de Sorin, acorralando cada vez más a Yara. —Te dejé descansando...
—¡¡¡Aléjate!!! —Gritó asustada.
La chica dio unos pasos atrás chocando con la pintura, y justo a su lado tenía aquel bulto que llamó su atención desde el principio. Por inercia quiso tomarlo, pero el hombre delante de ella la sujetó de la muñeca para impedirlo.
—¡Suéltame, no me toques! —Forcejeó Yara soltándose del agarre.
—¡Deja eso ahí! ¡Te dije que no seas una maldita entrometida!
—¿Escondes algo malo?
—¡Eso no te incumbe! —Exclamó Uriel con rigidez, causando que Yara temblara del miedo. —¡No tienes permiso para salir de tu habitación!
—¡No soy un estúpido niño para que le des castigos!
—No, no lo eres. —Soltó Uriel, jocoso y burlón. — Eres una niña, que es peor.
Y una vez más Uriel no pudo detener un golpe de Yara, ¿Cómo carajo esa pequeña podía ser tan escurridiza?
Sin embargo, esta vez no había guardias que detuvieran a Yara, por lo que ambos empezaron un pequeño enfrentamiento en el que Uriel tenía todas las de perder. No es porque fuera inferior a Yara en cuanto a técnicas de pelea... O sea si, pero no lo iba a admitir.
Prefería decir que no quería agredirla por ser una mujer, que además de eso estaba con una herida frágil.
—¡No puedes pelear, estás herida! —Expresó Uriel mientras esquivaba los ataques de la rubia. —¡Recuérdalo! ¡Ya basta!
No obstante Yara terminó tumbándolo al suelo, se posicionó sobre él y levantó su puño con la intención de golpearlo en la cara.
—¡No soy una niña! ¡¿Oíste bien?! Yo... —Yara se quedó estática, pues las palabras de su padre antes de morir llegaron a su mente. —N-No puedo ser una niña...
"Po-Por favor... perdóname hija mía."
No podía ser cierto, esto debía ser una pesadilla. Él era un niño, se crió con esa idea.
"¡Tu eres un niño! ¡¿Entiendes?! —Recordó una de las muchas veces en las que su padre lo regañó. —¡Eres un hombre, actúa como tal!"
Pero solo bastaba con verse en el espejo para verse irreconocible. Quizás eso explicaba el crecimiento de sus pechos, su baja estatura, que a tan avanzada edad a los hombres de su alrededor les creciera la barba y a ella no, la irritación de su voz al forzarla a una más grave y masculina...
"Las mujeres son débiles."
No... ella no era débil, podía ser muchas cosas menos debil. Por eso se negaba a ser una mujer.
—Debes descansar. —Habló Uriel, sacando a Yara de su trance. No se había dado cuenta de que con esos pensamientos algunas lagrimas recorrian sus mejillas. —Cure tu herida, pero igual se puede volver a abrir y no queremos vivir en este dilema todo el tiempo.
El Rey se levantó y trató de ayudar a la chica, más está apartó su brazo de inmediato.
—¡No! ¡No me toques! —Gruñó Yara con disgusto, para luego levantarse sola. —No sé a quien pretendes engañar con tu amabilidad Uriel Soltani, pero no permitiré que me humilles, mucho menos que me quites a mi reino.
Uriel no dijo nada al respecto, simplemente tragó saliva y se propuso a llevar a Yara a la habitación donde había despertado. Ella se dio cuenta de que el día estaba apunto de terminar, ya que por las ventanas se colaban los colores cálidos del atardecer.
—Joder, ¿Tan difícil para ti fue tomarte las pastillas? —Se quejó Uriel, pasándole los analgésicos a la chica. —No es un pedido, te ordeno que las tomes.
—¿Y si no quiero? ¿En qué te afecta mi dolor?
—Me afecta porque serías un puto estorbo. —Comentó Uriel, rudo. —Tómatelas, ya.
Ante aquel argumento Yara decidió tomarse las pastillas, la verdad no era fanática del dolor como para estarlo soportando, pero tampoco quería ser una carga inútil.
Uriel continuó evaluando la habitación, y al parecer todo estaba en orden.
—¿Cuántos lo saben? —Preguntó Yara por curiosidad.
—¿Qué cosa? —Preguntó el pelinegro. —¿Qué no eres hombre? Por ahora solo yo.
—¡Cállate! —Yara tembló ante la manera tan cruda en la que Uriel tocaba el tema. —No hables así de mi, tu no sabes nada...
—¿Cómo quieres que te hable? ¿Cómo a una niña? Digo la verdad, y solo la verdad. —Determinó el rey, con intenciones de irse de la habitación. —Te llamaré cuando esté lista la cena, por mientras descansa. Es una orden.
Yara quedó sola en la habitación sin darle tiempo a rechistar.
Uriel suspiró pesadamente apenas la puerta se cerró. Todo esto era una locura, algo que de seguro contaba y nadie le creería. Por desgracia, era real, y muy real.
Yara tenía una suerte de que el Rey de Sorin viviera solo en una mansión ubicada en una colina, apartado del mundo y con la calma del campo. Más eso no lo hacía desentenderse de sus responsabilidades como rey, simplemente el castillo real no era para él.
Se puso a preparar la cena, era algo que lo distraía, pero está vez no tuvo bastante efecto. Mientras cocinaba la carne para un estofado se puso a reír de lo gracioso que era pensar como el difunto Kao Altaluna había caído tan bajo...
¿Ocultar el verdadero sexo de tu propio hijo? ¡Vaya que debías estar bien enfermo para intentar algo así!
Sin embargo, al parecer su sorpresa no era nada comparada a la de esa pobre chica que aún seguía sin aceptar su realidad.
Uriel odiaba al difunto Kao Altaluna con toda su alma, y no se arrepentía de vengar a la muerte de su padre con haberlo matando en aquel barco. Y su venganza no iba a terminar allí, se iba a desquitar con su hijo hasta que no pudiera más. Pero... ahora que sabía su secreto, no estaba tan seguro.
Algo le decía que esa niña fue una víctima más del cruel rey de Platina.
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Comments
Sonia Teran Moreno
que bonita historia, estoy enganchada
2024-05-23
2
GMJ
Me encanta
pregunta...: ¿Cada cuanto actualiza?
2024-05-23
2