Regresé a casa tarde esa noche después de mi encuentro con Jin. Daoming ya estaba cenando tranquilamente en la mesa. Al verlo, inevitablemente comparé su belleza varonil con la de Jin. Aunque mi aventura había sido placentera, Daoming seguía pareciéndome el hombre más atractivo.
—Hola Yu, llegas justo a tiempo, te guardé la cena,— me saludó con una cálida sonrisa, ajeno a mis turbulentos pensamientos.
—Gracias, primo,— respondí escuetamente, sentándome frente a él. Comimos en silencio, evitando mirarnos a los ojos. Moría por confesarle la verdad sobre mis inclinaciones y la creciente atracción que sentía por él. Pero no me atrevía a franquear esa peligrosa barrera entre nosotros.
Daoming era increíblemente guapo y deseable. Pero seguía siendo mi primo. Y después de verlo besando a ese otro chico, sabía que mis sentimientos no eran correspondidos. Así que mantuve la mirada baja, tragándome mis palabras.
Nuestra relación estaba condenada a permanecer dentro de los límites de primos cercanos, pero nada más. Aunque me partiera el alma, debía aceptar que mi ambición nunca sería posible. Al menos había dado el primer paso hoy para seguir adelante con mi vida.
Cuando terminamos de cenar, le pregunté a Daoming cómo le había ido en su primer día de universidad, intentando sonar casual.
—Bien, nada fuera de lo normal,— respondió encogiéndose de hombros, pero noté un leve titubeo en su voz.
Claro, yo lo había visto besando a ese chico en el salón de clases. Sabía que me estaba mintiendo, pero no me atreví a contradecirlo. Después de todo, esa misma tarde yo había tenido mi propio encuentro secreto con Jin.
—Me alegro de que te estés adaptando bien a la vida universitaria,— le contesté vagamente.
Un incómodo silencio cayó entre nosotros, ambos evitando mencionar cómo habíamos pasado realmente el día. Finalmente, nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones con un escueto.
—Buenas noches.
Recostado en la cama, contemplé el techo en la oscuridad. A partir de ese momento, muchos secretos y mentiras se interpondrían entre nosotros. Nuestra cercanía se desvanecía rapidamente. Pero no podía evitarlo, este era el precio a pagar por reprimir la verdad y buscar nuestras propias vías de escape por separado.
Recostado en la cama, mi mente comenzó a divagar, imaginando cómo se sentiría tocar el cuerpo de Daoming como hice con Jin esa tarde. Visualicé mis manos recorriendo lentamente su fuerte pecho y marcados abdominales, luego deslizándose más abajo.
Sacudí la cabeza, reprimiendo esos pensamientos pecaminosos sobre mi primo. Pero la fantasía persistía contra mi voluntad. Me imaginaba besando cada rincón de su piel bronceada, sintiendo el roce de sus labios en mi cuello, nuestras caderas frotándose en un ritmo cadencioso.
Para mi vergüenza, sentí que mi entrepierna comenzaba a reaccionar. Intenté pensar en otra cosa, pero era inútil. Antes de poder detenerme, me encontré bajando la pijama y dejándome llevar por el placer solitario, visualizedo el rostro y cuerpo de la única persona que deseaba pero no podía tener.
Jadeando, alcancé el clímax susurrando su nombre entre dientes. Humillado, me limpié con pañuelos desechables, maldiciendo mi debilidad. Esos sentimientos enfermizos jamás me traerían nada bueno. Debía desterrarlos de una vez, o terminarían destruyéndome. Con ese pensamiento agridulce, finalmente caí en un sueño intranquilo.
A la mañana siguiente, me levanté intentando actuar con normalidad a pesar de la vergüenza que sentía por mis acciones de la noche anterior. Era otro día más de mi complicada rutina junto a Daoming, entre miradas furtivas y palabras no dichas.
En el fin de semana, habíamos acordado dedicar el tiempo a limpiar y organizar el departamento. Tendría a Daoming solo para mí esos dos días, aunque fuera simplemente para hacer tareas domésticas juntos.
Me dirigí a su habitación para despertarlo, pero me detuve en seco al verlo aún dormido plácidamente. Me quedé contemplando su rostro sereno, su pecho subiendo y bajando acompasadamente. Estaba tan pacífico e inocente en ese estado. Sentí el impulso de acariciar su mejilla, pero logré contenerme.
En silencio, recogí las sábanas manchadas de mi cama. Suspiré profundamente. Los próximos dos días trabajando codo a codo con Daoming serían una dulce tortura. Pero debía mantener bajo control esta atracción malsana.
Con cuidado, cerré la puerta de su habitación y me dirigí a poner las sábanas en la lavadora. Luego preparé café, resignado a otro fin de semana de anhelo insatisfecho.
Durante el desayuno, noté que Daoming revisaba su celular y sonreía disimuladamente de vez en cuando. Armándome de valor, le pregunté si tenía planes de verse con algún amigo ese fin de semana.
Daoming negó con la cabeza.
—No, para nada. Sólo estaba revisando unos mensajes sin importancia.
—Ya veo. Oye, no quiero entrometerme pero... ¿has empezado a salir con alguien?— le pregunté directamente.
Daoming soltó una carcajada.
—¡Qué dices, Yu! Apenas llevo una semana aquí, es muy pronto para eso.
Me removí incómodo en mi silla. Claramente estaba fingiendo, después de haberlo visto besándose tan apasionadamente con ese chico. No entendía por qué negaba la realidad de forma tan convincente.
Quise decirle que lo había descubierto, pero me contuve. Tal vez era un chico fácil que solo le gustaba divertirse, tal vez era igual que yo.
—Tienes razón, es muy pronto para esas cosas,— repliqué con una sonrisa tensa. Luego me levanté rápidamente a lavar los platos, incapaz de seguir ocultando mi creciente malestar. Daoming no tenía idea de cómo su actitud me estaba carcomiendo por dentro.
Ese día, mis amigos me invitaron a una fiesta por la noche. Parte de mí quería ir y olvidar mis penas coqueteando con alguna chica. Pero no podía dejar solo a Daoming un sábado en la noche.
Así que le pregunté:
—Oye primo, ¿tienes planes de salir hoy o prefieres que hagamos algo juntos?
—La verdad no tengo ningún plan,— respondió Daoming. —Si quieres podríamos ver una película aquí o pedir algo de cenar, me gusta pasar tiempo contigo.
Sentí una calidez en el pecho al oír eso. Aunque nunca seríamos más que primos.
Le sonreí genuinamente por primera vez en días. —Suena perfecto, elijamos una buena película de acción.—
Daoming sonrió emocionado y se puso a buscar en las plataformas online. Yo lo observaba enternecido.
Sabía que solo era una noche de primos viendo una película. Nada romántico. Pero me conformaba con cada pequeño instante con él, cada sonrisa o mirada compartida.
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Comments
Patyn
que bonito quedarse con el primo
2025-01-19
0
💕💕Diana 💞💕
que emoción ojalá y Daoming sienta algo por el
2024-01-29
2