Me encontraba en el bar con mis amigos, bebiendo y charlando en nuestra mesa habitual. Se suponía que podría tomar la oportunidad de la noche para relajarme y divertirme. Quizás conocer a alguna chica linda con la que pasar un buen rato. Pero una y otra vez, mis ojos se desviaban al otro lado del bar, donde Daoming reía con su grupo.
—Oye Yu, esa rubia de la barra no ha dejado de mirarte. Deberías invitarla un trago,— me codeó mi amigo Wei.
—Ah...sí, tal vez en un rato,— respondí vagamente, mi atención puesta en como Daoming le susurraba algo al oído a un chico sentado junto a él.
Sentí que los celos me carcomían por dentro. Se suponía que yo debía estar persiguiendo chicas esta noche. En cambio, solo podía pensar en ese magnetismo que sentía hacia Daoming, por más incorrecto que fuera.
Mis amigos continuaron metiéndose conmigo por ignorar los coqueteos de la rubia. Traté de reírme y seguirles la corriente, pero en mi mente solo había espacio para observar a hurtadillas al chico que me tenía hechizado.
Decidí que tenía que distraerme de mirar a Daoming, así que me levanté de la mesa y me acerqué a la barra donde estaba la chica rubia que me había señalado Wei.
—Hola, soy Yu,— le dije con mi sonrisa más encantadora.
Ella me devolvió la sonrisa.
—Ween, un gusto.
Pedí un par de tragos y comencé a conversar con Ween. Al principio mantuve toda mi atención en ella, riendo de sus bromas y rozando su brazo sugestivamente. Pero mi mente seguía vagando hacia la mesa de Daoming.
En un momento, mientras Ween me contaba sobre su trabajo, mi mirada se desvió distraídamente y para mi sorpresa, me encontré con los ojos de Daoming fijos en mí. Sentí que me ruborizaba ante la intensidad de su mirada.
Cuando volví a prestar atención a Ween, ella me miró con el ceño fruncido.
—¿Me estabas escuchando siquiera?— preguntó con irritación. Antes de que pudiera disculparme, se levantó molesta y se alejó de la barra.
Suspiré con frustración. Ni siquiera podía concentrarme para coquetear.
Cuando regresé derrotado a la mesa de mis amigos, supe que se burlarían de mí.
—Vaya Yu, ahí se fue tu oportunidad de pasar una buena noche,— se rió Wei.
—Sí, es raro verte fracasar con una chica así,— agregó Lin.
—Es que ha estado muy distraído mirando hacia esa mesa de allá,— señaló Wei pícaramente.
—Ah, ya veo. Oye Yu, no nos habías dicho que también te pueden gustar los hombres,— bromeó Lin dándome un codazo.
Me puse rojo ante ese comentario tan cercano a la verdad. Ellos no sabían que uno de esos chicos era mi primo Daoming.
—Jaja, sí...supongo que podrían gustarme,— respondí nerviosamente, tratando de seguirles la broma. Mis amigos se carcajearon, pero sentí un nudo en la garganta.
Seguía lanzando miradas furtivas a la mesa de Daoming, observando cómo él y sus amigos bebían y reían sin parar. En un momento dado, noté que Daoming parecía bastante ebrio, tambaleándose un poco en su silla.
Uno de los chicos sentados junto a él, alto y de cabello oscuro, se inclinó para susurrarle algo al oído. Vi cómo posaba su mano en la rodilla de Daoming de una forma que se me hizo demasiado íntima.
Sentí una punzada de celos ante esa imagen. Sin pensarlo dos veces, me disculpé rápidamente con mis amigos y me levanté para dirigirme a la mesa de Daoming. No estaba seguro de lo que haría, sólo sabía que tenía que intervenir.
—¡Primo!— exclamé con falsa alegría cuando llegué a su lado, pasando un brazo alrededor de sus hombros. —Creo que has bebido suficiente por hoy, deberíamos irnos ya.
Daoming me miró con confusión por un momento antes de asentir lentamente. Me despedí fríamente del resto y saqué a Daoming del bar, con mi brazo aún protectoramente sobre sus hombros.
Afuera respiré aliviado. No estaba seguro de qué me había poseído, pero no podía soportar ver a ese chico tocando a Daoming de esa manera.
Con cuidado, ayudé a Daoming a recostarse en el asiento del copiloto de mi auto. Estaba muy ebrio, riéndose tontamente, con la mirada perdida. Sin embargo, no pude evitar notar lo hermoso que se veía incluso en ese estado, con su cabello despeinado y sus mejillas sonrojadas.
Mientras manejaba de regreso al departamento, Daoming divagaba sin parar, diciendo incoherencias y riendo como un niño pequeño. Normalmente me hubiera molestado tener que lidiar con un borracho, pero encontré encantadora su desinhibición.
—Sabes ... eres el mejor de todos,— balbuceó, para luego soltar una carcajada. —Pero no le digas a nadie que dije eso.
No pude evitar reírme también ante sus ocurrencias.
—Tu secreto está a salvo conmigo,— le respondí, mirándolo con ternura.
Seguía parloteando sinsentidos, pero yo lo escuchaba con atención, sintiendo un calor en el pecho al verlo tan despreocupado y alegre. Mi atracción por él crecía a cada minuto, pero no me importaba.
Cuando llegamos al departamento, ayudé a Daoming a recostarse en su cama, quitándole los zapatos y cubriéndolo con una manta. Me disponía a retirarme a mi habitación cuando sentí que me agarraba de la mano.
—No te vayas, Jian,— murmuró, mirándome con ojos vidriosos.
—Por favor, no me abandones otra vez,— continuo suplicando con voz quebrada. —Me portaré bien esta vez, lo prometo. No me dejes solo...te amo...
Sentí una punzada en el pecho al verlo así de vulnerable. No sabía bien a quién creía estar viendo, pero claramente era alguien muy importante para él. Mis emociones encontradas luchaban dentro de mí. Quería marcharme, pero la angustia en su voz me lo impedía.
Finalmente me recosté a su lado y lo abracé con fuerza, susurrándole al oído:
—No te preocupes...no te dejaré jamás. También te amo.
Daoming se relajó en mis brazos, tranquilizándose al escuchar esas palabras. Después me atrajo hacia él en un abrazo, no esperaba lo que vino después. De repente, sentí el roce suave de sus labios sobre los míos en un beso dulce y lento.
Me quedé paralizado, mi mente entrando en pánico. Esto estaba mal, era mi primo y los dos éramos hombres. Pero a pesar de la voz de alarma en mi cabeza, no pude evitar devolverle el beso, cerrando los ojos y fundiéndome en la calidez de sus labios.
Finalmente, Daoming se quedó profundamente dormido, ajeno a la tormenta de emociones que había desatado en mí con ese beso. Sabía que esto estaba prohibido, que él probablemente no recordaría nada en la mañana. Pero una parte de mí anhelaba quedarme a su lado.
Así que, en contra de mi buen juicio, me acurruqué junto a él y cerré los ojos, escuchando el latido relajante de su corazón. Poco a poco, el sueño me fue venciendo, hasta quedarme dormido en sus brazos, postergando al menos hasta el amanecer la culpa y la confusión.
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Comments
💕💕Diana 💞💕
el está enamorado de alguien más ojalá lo olvide con Yu
2024-01-21
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