CAPÍTULO 19

El recuerdo fue lo que necesitaba para que el deseo se apagara como un interruptor siendo presionado. Me aparté de Elia, consciente de que su mirada seguía en mí, pendiente de cada una de mis respiraciones.

—¿Entonces quieres que nos conozcamos mejor?

Asentí, estirando la tela de la camiseta sobre mis muslos, como si ese hombre no acabara de tocarme a su antojo sólo minutos antes. Sus ojos leonados no se perdieron mi fallido intento de cubrirme.

—¿Qué propones que hagamos?

La sorpresa fue instantánea, ¿sólo así? ¿estaría dispuesto a aceptar mis condiciones?

—Yo…no lo sé —admití, no había tenido un plan ni cuando comencé a besarlo —podemos… ¿hablar?

Muy bien, Miranda. Muy inteligente.

—Hablar —repitió él, como si la palabra fuese lo último que hubiese esperado escuchar —para conocernos y así puedes sentirte cómoda con la idea de que tengamos sexo.

Asentí, ese era un buen resumen, sí.

Un suspiro lo abandonó mientras se acercó la distancia que había puesto entre ambos, su mano se alzó para tocar mi boca, inhalé mientras su pulgar recorrió la piel hinchada por sus besos. Sus ojos seguían encendidos cuando se encontraron con los míos, su pulgar todavía en mi boca.

—Bien —ronroneó, las alertas encendiéndose en el fondo de mi mente —hablemos.

Algo me decía que ya no era la que estaba controlando el juego.

Esta había sido una pésima idea.

Miré con disimulo hacia donde Elia se encontraba, frente al refrigerador consiguiéndonos una segunda ronda de bebidas, cerveza para él y un refresco para mí; los músculos en su brazo flexionándose al forzar la tapa de la botella abierta.

Se había negado a ponerse una camiseta.

No es que pudiera quejarme de la vista, no. El problema era que la vista me gustaba bastante. Y eso no podía suceder. Sus pantalones, que gracias a Dios sí había accedido a usar, bailaban bajo en sus caderas mientras caminaba de regreso hacia donde lo esperaba, abrazando mis rodillas a mi pecho en el sofá.

Habíamos renunciado a la idea de una película, en su lugar una suave canción se reproducía, llenando nuestros silencios.

No es que Elia me permitiera tener muchos de esos.

—Entonces —dijo, entregándome el refresco; solté una de mis rodillas para aceptar la fría botella —estudias durante el día y trabajas en el club por la noche.

Asentí, mis uñas jugando con la etiqueta de la botella. No le había dicho qué carrera estudiaba, como si eso causara alguna diferencia; aunque no le veía el sentido a negar que trabajaba en el club por las noches. Después de todo, fue ahí donde nos habíamos conocido.

Donde me había secuestrado, me corregí.

—Y no tienes novio.

Alcé las cejas ante la petulancia detrás de su observación, Elia se limitó a sonreír contra la cima de su cerveza.

—Suficiente de mí —dije, escondiendo las piernas debajo de mí, mi ritmo se alteró al sentir sus ojos persiguiendo cada uno de mis movimientos —háblame de ti.

Sus ojos brillaron bajo las tenues luces, me pregunté si también recordaba la sensación de nuestros cuerpos pegados. Moví mi cabeza para borrar la idea.

—¿Qué deseas saber?

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Comments

Lectora Anónima

Lectora Anónima

Me pasa como a Miranda, hay veces que se me olvida que Elia no es trigo limpio... Un capítulo muy chulo. /Good/

2024-02-24

1

Janet Herrera

Janet Herrera

ahí noooooooo esto me está matando quiero maaas capitulooooo son muy cortos y la novela está súper súper buenísima una maratón 🙏
yo también quiero saber que es la vida de el solo se que es un secuestrador asesino un bombonaso😈🙊🥰😂😂 algo interesante debe ser la vida de el algún oficio tendra 🤗 espero maaaas gracias autora ❤️

2024-02-23

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