Fui la que inició el beso.
Antes de que Elia hiciera algún movimiento, y quizás hasta tomándolo por sorpresa, me alcé sobre las puntas de mis pies y atraje su rostro hacia al mío; encontrándome con su boca.
Si esta era mi única salida, lo haría bien.
Puede que haya estado sorprendido en los primeros segundos del contacto entre nuestras bocas, pero luego de un instante ya se había apoderado del control.
Y…vaya.
Sus labios eran absurdamente suaves, algo totalmente contradictorio con la rudeza de su apariencia. El beso fue lento y profundo, no por eso menos excitante. Menos cautivador. Estaba tan atrapada en la sensación abrasadora que no noté que sus manos habían abandonado la seguridad de mi rostro para viajar al sur de mi cuerpo, acariciando la piel descubierta de mis muslos para luego aferrarse a mi trasero. Solté un hipido de sorpresa mientras lo sentí sonreír en mi boca, cualquier protesta murió en un grito ahogado mientras me alzaba, obligándome a envolver mis piernas alrededor de su cintura por miedo a caer.
—Tal vez —murmuré entre besos, su boca descendió hasta mi garganta, dejando un rastro húmedo y caliente. Recé dos padre nuestro en mi mente, buscando perdón por semejante pecado —, tal vez deberíamos tomarnos las cosas con calma.
Ajeno a lo que decía, Elia avanzó hasta que mi espalda alcanzó una de las paredes de la habitación, el tacto frío encontrándose con mi piel ardiendo, enviando un escalofrío a todo mi sistema. Gemí cuando su lengua acarició la mía, indagando en los recovecos de mi boca.
—Sabes tan bien —gruñó, probando la piel detrás de mi oreja, descubriendo un punto sensible que no sabía que mi cuerpo poseía.
—Tú también…sabes bien —admití, besando la línea dura de su mandíbula. Su mano en mi culo amasaba la carne, causándome espasmos de placer mientras intentaba recordar que esto era una trampa, que tenía que engañar a Elia para que confiara en mí, no al revés.
—Te deseo.
Dios me perdone, yo también.
Enredé mis dedos en su cabello, todavía húmedo por su reciente ducha, lo besé profundamente una última vez antes de alejarme; estirando las mechas para apartarlo de mí.
—Necesito…tiempo. Paciencia. No puedo hacerlo esta noche…no te conozco.
Su cuerpo se empujó entre mis piernas, haciéndome consciente del bulto creciente presionado en mi centro, como protestando que ya nos conocíamos lo suficiente.
Luché para mantener mi postura.
—¿Conocernos?
El gruñido ronco recorrió mi cuerpo mientras asentía, aclarándome las ideas en el proceso. Tiempo, estaba ganando tiempo.
—Nunca… nunca dormí con extraños. Necesito conocerte para sentirme cómoda con la idea de… hacerlo.
La incredulidad brillaba en su mirada, casi quise reír de su expresión.
Casi.
La realidad de lo que pasaría si el tiempo se me acaba por fin se había colado en mi sobrecalentado cerebro. Tendría que tener sexo con él. Con mi secuestrador. Por no hablar de que mi experiencia sexual se limitaba a…
El rostro que había conocido tan bien eclipsó mis pensamientos. Parecía siempre sonreírme, sus hoyuelos apareciendo mientras sus ojos oscuros se reducían a rendijas debido a la risa.
No me sonreía la última vez que nos vimos.
Yo no sonreía tampoco.
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Comments
Lectora Anónima
"-- Te deseo.
Dios me perdone, yo también." /Heart/
... Miranda, estás perdida. /Grievance/
2024-02-24
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Janet Herrera
lo siento pero si está "víctima " no aprovecha de este secuestrador yo ya me lo devore con mi mente 😈🔥🤦🏻♀️🤭🙊 tonta ella de no disfrutar 😂😂 excelente capitulooooo pero muy corto
2024-02-20
1