Su móvil sonando en algún rincón de la casa me salvó de contestar. Elia me dejó sola, no sin antes lanzarme una mirada que prometía retomar esta conversación, y mi respuesta, en algún futuro cercano.
No esperé a que cambiara de opinión, corrí a encerrarme en la habitación y, como si eso no fuese lo suficientemente lejos, me metí al baño y le eché el seguro.
Mejor, mucho mejor.
No sé qué esperaba de este secuestro, pero ciertamente no esperaba a mi secuestrador pidiendo mi consentimiento para hacer su siguiente movimiento. Era un alivio y una locura en sí mismo.
¿Acaso hablaba en serio o sólo era una broma para tenerme con la guardia baja? Quizás sólo quería desviar la conversación lejos de las preguntas que aún ansiaba hacerle. Algo me decía que Elia era un sujeto observador, estaba segura que dos días juntos ya le habían dado una buena idea de mis fortalezas, y debilidades.
Ciertamente, mi registro de actividades sexuales encajaría en esa última.
Un recuerdo luchó por resurgir de las profundidades, pero lo obligué a permanecer oculto. No necesitaba sumar los traumas de mi adolescencia a esta situación ya de por sí estresante.
No, no iba a recaer y ciertamente no iba a dormir con mi secuestrador.
Que se joda el síndrome de Estocolmo.
Más confiada y determinada, salí del baño y escuché atentamente por alguna señal de que Elia estuviera cerca. Minutos pasaron, pero nada me dio una señal de dónde podía estar, ¿se había ido? Una parte de mí lo dudaba, no creía que sería capaz de irse sin al menos avisarme.
Me detuve cuando la idea risible escapó, ¿avisarme? ¿En serio? Porque era de lo más lógico que mi secuestrador me informara de todos sus movimientos simplemente para no angustiarme, por supuesto.
Quería patearme.
Justo entonces, sonidos de puertas cerrándose me dijeron que Elia había terminado su llamada y estaba dando vueltas. Corrí hacia la cama, casi cayendo y rompiéndome el cuello, y me metí bajo las mantas, de espaldas a la puerta.
No tardé mucho en escuchar el picaporte girar y el suave susurro de ésta al abrirse.
Podía sentir su mirada en mí, pero me obligué a permanecer tranquila, fingiendo dormir. Sabía que era poco probable que se tragara el embuste, pero no iba a delatarme y averiguarlo.
Estuvo tanto tiempo en la puerta, simplemente mirándome mientras fingía dormir, que por un aterrador minuto pensé que iba a intentar despertarme y obtener esa respuesta esquiva que le había negado. Afortunadamente, después de otro minuto decidió dejarme retorcerme en paz y se marchó, apagando la luz en el proceso y dejándome suspirando de alivio en la bendita oscuridad.
Estaba a salvó, al menos esta noche.
No tenía idea de dónde dormía Elia, ya que estaba segura que esta tenía que ser su cama. Su aroma estaba en todos los rincones de esta habitación, invadiendo mi mente a todas horas. Mi sospecha era que apretaba su gran cuerpo en los confines de su sofá, no podía creer que estuviese cómodo durmiendo allí, pero no iba a indagar al respecto y someterme a una segunda oferta de cama.
Lo que no sabía, no me haría daño.
De pronto pensé en la llamada que recibió, y como ni siquiera me cuestioné el encontrar un móvil para pedir ayuda.
Tenía que ser, sin duda, la peor víctima de la historia.
Además, ¿a dónde había salido a hablar? ¿Afuera? ¿O es que acaso Elia tenía alguna habitación de la que no era consciente?
Mañana lo averiguaría, decidí, buscaría en toda la casa por rincones ocultos que no haya notado a simple vista, y por su móvil.
Las telarañas del sueño me fueron atrapando, esto de escapar de las propuestas indecentes de secuestradores atractivos le drenaba la energía a cualquiera, dejé que me llevaran, pensando en él todo el camino.
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Comments
Janet Herrera
valla que propuesta de secuestrador y víctima 😂 hasta la vuctimaria se lo quiere devorar solo que por el momento se desvía de pensar tal cosa 🤭🤭
2024-02-16
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