Capítulo 13 : El Almuerzo con los padres de Isabela
El resto de la mañana transcurrió con rapidez, pero la tensión era palpable. Isabela, aunque trataba de mantenerse tranquila, no podía evitar sentir un nudo en el estómago mientras se preparaba para el almuerzo con sus padres. Sebastián, por otro lado, parecía imperturbable, aunque su mirada atenta no dejaba de seguir cada movimiento de ella.
—No te preocupes tanto —dijo él, acercándose por detrás y colocando suavemente sus manos sobre los hombros de Isabela—. Lo enfrentaremos juntos, como siempre.
Ella asintió, sabiendo que no importaba cuánto intentara calmarse, ese almuerzo sería todo menos sencillo. El juicio de su madre siempre había sido duro y preciso, y su padre, aunque más distante, no se quedaba atrás cuando se trataba de proteger su reputación.
Cuando llegaron al restaurante, Mariana ya los esperaba en una mesa privada, con su postura rígida y su semblante impecable. Su madre siempre había proyectado una imagen de perfección, y el ambiente alrededor de ella reflejaba su necesidad de control. Junto a ella, el padre de Isabela, don Ricardo Harrison, lucía imperturbable, aunque sus ojos, fríos y calculadores, no tardaron en analizar cada detalle de la situación. Ambos sabían que no sería una reunión fácil.
Sebastián mantuvo su habitual compostura mientras se sentaban, consciente de que estaba bajo escrutinio. Isabela, por su parte, sentía cómo las miradas de sus padres la juzgaban silenciosamente, evaluando cada gesto, cada palabra que aún no había pronunciado.
Mariana fue la primera en romper el silencio. Su tono, aunque educado, no ocultaba la desaprobación que sentía.
—Isabela, Sebastián, me alegra que hayan venido —dijo, su voz tan cortante como lo era su mirada, que se posó directamente en Sebastián—. Es la primera vez que te veo en persona, Sebastián. Francamente, hubiera preferido conocerte en otras circunstancias.
—Es un placer conocerlos, señora Harrison, señor Harrison —respondió Sebastián con una sonrisa educada, sin dejarse intimidar—. Entiendo que la situación no es la mejor, pero quiero que sepan que estoy aquí porque Isabela es muy importante para mí, y quiero que ustedes lo sepan de primera mano.
El padre de Isabela, que hasta el momento había permanecido en silencio, levantó la mirada y habló con voz grave, interrumpiendo el intento de conciliación de Sebastián.
—¿Qué tipo de importancia es esa? —preguntó, con una dureza que parecía habitual en él—. Lo que he visto en los titulares no parece ser más que otro escándalo. Isabela, siempre has trabajado duro para construir tu carrera. Me preocupa que todo esto, esa relación que has intentado ocultar, pueda dañar lo que tanto te ha costado conseguir.
Isabela respiró hondo, intentando mantener la calma. Sabía que sus padres siempre habían puesto su carrera por encima de cualquier aspecto de su vida personal, y aunque comprendía su preocupación, no podía evitar sentirse asfixiada. Antes de que pudiera responder, Sebastián tomó la palabra, percibiendo la incomodidad de Isabela.
—Entiendo perfectamente sus preocupaciones, señor Harrison —dijo Sebastián, manteniendo un tono firme y respetuoso—. Pero quiero dejar algo claro: mi relación con Isabela es sincera. Sé que ambos vivimos bajo la lupa de la opinión pública, y eso a veces puede distorsionar las cosas, pero jamás pondría en riesgo su carrera ni lo que ha construido. Si algo he aprendido en este tiempo, es que Isabela es una mujer fuerte, independiente, y estoy aquí para apoyarla, no para arrastrarla hacia el escándalo.
Mariana, aunque todavía escéptica, frunció ligeramente los labios, como si estuviera considerando las palabras de Sebastián. Sin embargo, la advertencia en su tono seguía presente.
—Lo que me preocupa es que esta relación, con la forma en que ha salido a la luz, pueda tener consecuencias no solo para ti, Isabela, sino para todos nosotros. Sabes cómo es este mundo, las apariencias lo son todo —dijo Mariana, su mirada afilada sobre su hija—. Y no quiero que esta situación te afecte más de lo que ya lo ha hecho.
Isabela, sintiendo el peso de las expectativas y las dudas de sus padres, finalmente decidió hablar.
—Mamá, papá… sé que esto ha sido un golpe inesperado, pero quiero que confíen en mí. He trabajado duro, lo sé, pero también tengo derecho a tomar decisiones sobre mi vida personal. Sebastián ha estado a mi lado en momentos muy difíciles, y lo que siento por él es real. Sé que todo parece caótico ahora, pero quiero enfrentar esto con ustedes a mi lado, no en contra.
El silencio que siguió fue tenso, como si cada palabra estuviera siendo analizada meticulosamente por Mariana y Ricardo. Finalmente, fue don Ricardo quien rompió el silencio, su tono algo más relajado.
—Lo que nos preocupa es que tomes decisiones apresuradas, Isabela. No queremos que todo lo que has construido se vea afectado por la presión de la prensa o los chismes. Pero, si este hombre te hace feliz… entonces tendremos que adaptarnos —dijo, aunque no sin una nota de advertencia en sus palabras.
Sebastián asintió respetuosamente, reconociendo la implicación detrás de las palabras de Ricardo.
—Mi único deseo es que vean que quiero lo mejor para Isabela, y haré lo que esté en mi poder para que ella siga brillando, tanto en su vida personal como profesional —añadió Sebastián, con un tono convincente y sincero.
El almuerzo continuó entre conversaciones tensas, aunque con momentos en los que las barreras comenzaban a derrumbarse. Mariana, aunque aún cautelosa, parecía más dispuesta a aceptar que la relación de su hija con Sebastián no era solo una aventura pasajera. Ricardo, por su parte, mantuvo su distancia emocional, pero ya no era abiertamente hostil.
Finalmente, cuando el almuerzo llegó a su fin, Isabela sintió una ligera sensación de alivio. Sabía que había mucho por recorrer para ganarse completamente la aceptación de sus padres, pero ese primer paso, aunque difícil, había sido dado.
—Gracias por venir, Sebastián —dijo Mariana, despidiéndose de él con un apretón de manos—. Espero que, la próxima vez, podamos conocernos en circunstancias más… favorables.
Sebastián sonrió. —Eso espero también, señora Harrison.
Mientras salían del restaurante, Isabela sintió la mano de Sebastián en la suya, dándole una cálida sensación de apoyo. Sabía que no sería fácil, pero mientras estuvieran juntos, podrían enfrentar cualquier cosa.
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Comments
Gloriab Gimenez
pobre Isa que se las cobre todas
2024-01-31
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