CAPITULO 2

Capítulo 2: Encuentro Inesperado

El amanecer se colaba tímidamente por los amplios ventanales del penthouse, proyectando sombras suaves sobre la piel desnuda de Isabela Harrison. La ciudad aún dormía, en un silencio que contrastaba con el bullicio de la noche anterior, pero dentro de ella, el caos era imparable. Observaba el techo, tratando de descifrar lo que acababa de suceder. A su lado, Sebastián Spearce descansaba plácidamente, ajeno a la tormenta interna que la consumía.

Todo había ocurrido demasiado rápido. La imagen de la noche anterior, de copas, miradas y palabras que fluían sin control, le llegaba ahora con la nitidez del arrepentimiento. Se sentó lentamente en la cama, sosteniendo las sábanas contra su cuerpo, intentando poner orden en sus pensamientos. Sebastián, con su magnetismo indiscutible, había sido irresistible bajo las luces del club, cuando el dolor de su ruptura reciente y el alcohol habían nublado su juicio. Pero ahora, a plena luz del día, la realidad se presentaba cruda y despiadada.

Sebastián comenzó a moverse a su lado, despertando con una lentitud propia de quien no tiene preocupaciones. Sus ojos, aún adormilados, se encontraron con los de ella, y esa sonrisa confiada que tanto lo caracterizaba apareció al instante. "Buenos días", murmuró, su voz suave y tranquila, como si lo ocurrido la noche anterior fuera lo más natural del mundo.

Isabela no compartía su serenidad. "Esto fue un error", dijo abruptamente, su voz apenas contenida por la calma que intentaba proyectar, mientras su corazón latía desbocado. "No debió pasar."

Sebastián, ahora completamente alerta, la observó en silencio, sus ojos penetrantes analizándola, como si intentara descifrar sus pensamientos. No respondió de inmediato, sino que se levantó de la cama con calma, empezando a vestirse con una elegancia casual. "¿Por qué sería un error?", preguntó al fin, su tono despreocupado, como si nada de lo que ella dijera pudiera alterarlo. "Nos lo pasamos bien, ¿no?"

La seguridad de su respuesta la enfureció. "Pasarlo bien no significa que fuera correcto", replicó Isabela, apartando la mirada mientras buscaba su ropa esparcida por la habitación. "Acabo de salir de una relación, y lo último que necesito es complicar mi vida aún más."

Se movía rápidamente, casi frenéticamente, como si el hecho de vestirse fuera una forma de escapar de la vulnerabilidad que sentía en ese momento. No podía soportar la idea de quedarse un segundo más en esa habitación. Sebastián, mientras tanto, seguía sus movimientos con una expresión pensativa, pero sin perder la compostura.

"Isabela, no busco complicarte la vida", dijo, acercándose a ella con pasos controlados, como si calculara cada movimiento. "No te estoy pidiendo que te quedes ni que hagas algo que no quieras. Fue solo una noche. Pero debo admitir que me intrigaste desde el primer momento."

Isabela detuvo sus movimientos por un instante, desconcertada por la sinceridad en su voz. Sabía quién era Sebastián Spearce, conocía su reputación de conquistador, de playboy que nunca se ataba a nadie. "No soy una de esas mujeres que puedes usar y luego olvidar", dijo con frialdad, intentando marcar una distancia que no solo fuera física, sino también emocional.

Sebastián la observó, su expresión cambiando a una sonrisa más suave, casi desprovista de arrogancia. "¿Quién dijo que quiero olvidarte?" Su tono era inesperadamente serio, y por un momento, Isabela sintió que había algo más profundo en sus palabras. "Sé lo que piensas de mí, y en parte tienes razón. Pero no siempre soy lo que aparento."

Las palabras resonaron en su mente, desarmándola por un instante. ¿Era posible que Sebastián fuera más que un simple juego? ¿O simplemente estaba jugando con su mente? No quería averiguarlo. "No estoy buscando nada ahora, Sebastián", dijo finalmente, su voz firme. "Lo de anoche fue un error, y no pienso repetirlo."

Sebastián, en lugar de insistir, simplemente asintió. La acompañó hasta la puerta sin intentar retenerla, pero antes de que cruzara el umbral, pronunció una última frase que la inquietó: "Si alguna vez cambias de opinión sabes donde encontrarme ."

Isabela no respondió. Salió del penthouse con pasos rápidos, sus tacones resonando en el pasillo vacío. En el ascensor, el reflejo que le devolvía el acero pulido no era el de la modelo perfecta y sofisticada que todos veían. Era el de una mujer que se sentía perdida, atrapada entre decisiones impulsivas y un dolor que aún no había superado. *No más errores, se prometió a sí misma. Pero en lo más profundo de su ser, sabía que ese no sería su último encuentro con él.

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Horas después, en la zona VIP de un club exclusivo, Matías Edwin , el mejor amigo de Sebastián, se acomodaba en un lujoso sillón de cuero. Con una sonrisa burlona, observaba a Sebastián, claramente divertido por su inusual actitud. "¿Dónde te metiste, hermano? Te perdiste lo mejor de la fiesta anoche", comentó mientras encendía un cigarro, dejando que el humo se disipara en el aire cargado del lugar.

Sebastián se dejó caer en un sillón cercano, frotándose el cuello con una mueca distraída. Sus ojos vagaban por la habitación, aún perdidos en pensamientos que Matías no podía adivinar.

"Salí a despejarme", fue su única respuesta, pero el tono apagado no pasó desapercibido para su amigo.

Matías arqueó una ceja, intrigado. No era normal ver a Sebastián tan ensimismado. "¿Y con quién te fuiste ? Porque seguro no pasaste la noche solo."

Sebastián sonrió de manera enigmática. "Con alguien diferente", murmuró, y esa pequeña frase bastó para despertar la curiosidad de Matías. "No puedo sacarla de la cabeza."

Matías soltó una risa baja. "¿En serio? ¿Una chica te tiene así? ¿Quién es?"

Sebastián lo miró, su expresión más seria de lo habitual. "Isabela Harrison."

El nombre hizo que Matías se incorporara, sorprendido. "¿La modelo?" Su tono denotaba asombro. "Hermano, esa no es como las demás. Hay mucho más detrás de esa cara bonita."

Sebastián sonrió, pero esta vez la sonrisa estaba cargada de determinación. "Eso es exactamente lo que me interesa. No pienso dejar que se escape."

Matías lo observó con una sonrisa divertida , Te deseo suerte con tu nueva conquista . Esa mujer no es un juego. Puede salirte caro."

Sebastián asintió, pero su mirada estaba fija en un objetivo claro. "Lo sé. Pero estoy dispuesto a correr el riesgo."

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Al día siguiente, Sebastián comenzó a investigar más sobre Isabela. Lo que descubría de su vida pública solo aumentaba su fascinación: no era solo una supermodelo, sino la hija de un poderoso empresario. Isabela no era una simple conquista; era un enigma. Y Sebastián, acostumbrado a ganar, no planeaba dejar este desafío sin resolver.

Con una nueva certeza, trazó su próximo movimiento, decidido a descubrir cada capa de la mujer que había comenzado a obsesionarlo.

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Comments

Jessica

Jessica

bueno está buena

2024-02-14

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