CAPITULO 12

Capítulo 12 : Secretos al Descubierto

Sebastián no podía ignorar la mirada de Emmanuel, su lenguaje corporal, y sobre todo, las constantes excusas para mantenerse cerca de Isabela. La rabia hervía en su interior, pero intentaba contenerse. Por su parte, Isabela hacía lo posible por mantener la calma y evitar cualquier enfrentamiento. Sabía que la situación era delicada, especialmente porque habían hecho todo lo posible por mantener su relación en secreto, protegiendo su privacidad.

Sin embargo, Emmanuel no era tonto. Después de varias semanas de ser rechazado por Isabela cada vez que intentaba invitarla a cenar o proponer algún plan más personal, comenzó a sospechar. Al principio, pensó que simplemente estaba siendo profesional, pero la frialdad con la que ella cortaba cualquier tipo de interacción más allá del set no le dejaba dudas de que algo estaba ocultando.

Una tarde, tras finalizar una sesión fotográfica particularmente intensa, Emmanuel decidió seguirla. Observó cómo Isabela salía del estudio y conducía hasta el penthouse de Sebastián. La sorpresa fue mayúscula cuando vio que, minutos después de llegar, Sebastián también aparecía. El abrazo y el beso que compartieron a la entrada del edificio lo dejaron sin aliento. Todo encajaba. Los constantes rechazos, las miradas de advertencia de Sebastián, y sobre todo, la forma en que Isabela se comportaba. Estaba claro: mantenían una relación en secreto.

Furioso y humillado, Emmanuel no estaba dispuesto a dejar las cosas así. Sabía que Isabela y Sebastián habían intentado mantener su romance en bajo perfil, pero con las fotos que acababa de tomar de ambos entrando juntos al penthouse, tenía en sus manos algo que cambiaría todo. Sin pensarlo dos veces, envió las imágenes a su contacto en la prensa, consciente de que el impacto sería devastador.

El Estallido Mediático

Mientras Isabela y Sebastián disfrutaban de una tranquila noche juntos, ajenos a la tormenta que se avecinaba, las fotografías comenzaron a circular por redes sociales y los principales medios de comunicación. A la mañana siguiente, el mundo privado que ambos habían intentado proteger estaba expuesto ante millones de ojos curiosos.

El sol apenas empezaba a filtrarse por las cortinas del penthouse cuando los teléfonos de ambos comenzaron a sonar insistentemente. Primero fue el de Sebastián, seguido por el de Isabela. El torrente de notificaciones y llamadas les hizo saber que algo grave había ocurrido.

Isabela, todavía entre las sábanas, se incorporó lentamente. Sebastián, con el ceño fruncido, desbloqueó su teléfono y empezó a revisar las noticias.

—¿Qué demonios está pasando? —murmuró, recorriendo con rapidez los titulares que ya inundaban internet.

Isabela se quedó helada al ver las imágenes en la pantalla del móvil de Sebastián: ambos entrando juntos al penthouse la noche anterior. Los titulares eran sensacionalistas:

- "¿Romance a la vista? La supermodelo Isabela Harrison y el magnate Sebastián Spearce atrapados en una noche juntos."

- "¿Se acabó el secreto? Isabela Harrison y Sebastián Spearce, la pareja que ha revolucionado el mundo de la moda y los negocios."

—Sebastián... nos han fotografiado anoche —susurró Isabela, su voz temblorosa por el shock.

Sebastián lanzó un suspiro profundo y pasó una mano por su cabello desordenado. —Sabíamos que esto iba a pasar tarde o temprano, Isa —dijo, mostrando la pantalla de su teléfono con calma—. Lo intentamos mantener en secreto, pero nada permanece oculto para siempre en nuestro mundo.

Isabela asintió, aunque la angustia era evidente en sus ojos. —No quería que se enteraran así. No de esta forma —respondió, su voz apagada por el peso de la situación—. Ahora todos van a pensar que estoy contigo solo por tu dinero, por tu apellido. ¿Qué dirá la gente?

Sebastián la tomó de la mano y la acercó a su pecho. —No importa lo que digan, Isa. Nosotros sabemos la verdad, y eso es lo único que cuenta —dijo suavemente, besando su frente en un intento por calmar sus temores.

De repente, el sonido del teléfono de Isabela rompió el silencio de la habitación. Ella miró la pantalla y sintió cómo su estómago se revolvía. Era su madre, Mariana.

—Es mi mamá —dijo Isabela, tratando de ocultar su nerviosismo.

—Responde —le sugirió Sebastián, apretando su mano con fuerza para brindarle apoyo.

Isabela deslizó el dedo por la pantalla y contestó. La voz firme de su madre resonó al otro lado de la línea.

—Isabela, ¿qué es esto que estoy viendo en todos los medios? —preguntó Mariana, visiblemente alterada—. No entiendo por qué estás con ese hombre, y no me gusta nada. Quiero que vengas a almorzar con él hoy. Tu padre también estará presente.

El corazón de Isabela latió con fuerza. Mariana rara vez se inmiscuía en su vida personal, pero esta situación era diferente. Su madre nunca había confiado en las relaciones públicas y menos en los hombres que provenían del mismo mundo que ella.

—De acuerdo, mamá, iremos a almorzar hoy —respondió Isabela, intentando mantener la calma.

Cuando colgó, Sebastián la miró con una sonrisa comprensiva. —¿Qué te ha dicho?

—Mi madre quiere que almorcemos con ella y mi papá para hablar de todo esto —dijo Isabela, suspirando pesadamente. Aunque las palabras de Sebastián la tranquilizaban, no podía evitar sentir el peso de la reunión que les esperaba.

—Isa, no te preocupes. Lo enfrentaremos juntos —dijo Sebastián con firmeza, dándole un suave beso en los labios—. Tu madre y tu padre no me asustan. Será un almuerzo interesante, pero no será el fin del mundo.

Isabela sonrió, aunque sabía que el almuerzo con su familia sería cualquier cosa menos fácil.

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