Capítulo 4: Límites Borrosos
El éxito de la campaña de la que Isabela era la imagen principal no tardó en explotar. Su rostro estaba en todos lados: desde vallas publicitarias gigantes en Times Square hasta portadas de revistas y los rincones más recónditos de Instagram. Isabela ya no era solo una modelo; era un fenómeno. Y con cada sesión de fotos y evento exclusivo, sentía cómo la vorágine de la fama la arrastraba más y más. Sin embargo, por muy alto que volara en su carrera, había algo —o más bien, alguien— que no desaparecía: Sebastián.
A pesar de su esfuerzo por mantener las cosas estrictamente profesionales, Sebastián parecía tener una habilidad especial para aparecer en los momentos menos oportunos. Ya fuera en una reunión casual o durante una fiesta exclusiva, siempre estaba ahí, con su mirada fija y esa sonrisa de medio lado que la sacaba de quicio y, al mismo tiempo, le provocaba un inquietante cosquilleo. A Isabela le gustaba pensar que era lo último que necesitaba, pero la realidad era que, en el fondo, no dejaba de esperarlo.
Una tarde, después de una extenuante sesión de fotos, Isabela estaba recogiendo sus cosas en el estudio de la empresa cuando escuchó una voz demasiado familiar para su gusto.
—¿Cansada? —preguntó Sebastián, apoyado despreocupadamente en el marco de la puerta, con ese porte impecable y la misma mirada cargada de seguridad que ya empezaba a volverse un irritante hábito.
Isabela respiró hondo y mantuvo la vista en su bolso, resistiendo la tentación de mirarlo. —Es parte del trabajo —respondió, tratando de sonar lo más indiferente posible mientras se ocupaba de recoger sus cosas.
—Vaya, qué profesional —comentó él, entrando en la sala—. La campaña es un éxito, pero supongo que eso ya lo sabes. Aunque, honestamente, no habría sido lo mismo sin ti.
Isabela rodó los ojos . —Si estás buscando elogiarme, te agradecería que lo hicieras con menos intensidad. Estás a punto de agotar mi paciencia y, créeme, eso no es fácil de conseguir.
Sebastián soltó una risa suave, como si sus palabras fueran un juego que él dominaba a la perfección. —No intento halagarte —dijo, acercándose un poco más—. Solo soy sincero. Aunque parece que hoy estás especialmente... susceptible.
Isabela lo miró de reojo, intentando no darle el gusto de que sus palabras la afectaran. —Solo estoy cansada —respondió, esperando que el tema terminara ahí. Pero claro, con Sebastián nada era tan sencillo.
—Si alguna vez necesitas relajarte, ya sabes a quién llamar —dijo con esa sonrisa traviesa que escondía más de lo que decía—. Tengo algunas ideas interesantes para ayudarte con eso.
Isabela dejó escapar una risa irónica. —No me cabe duda de que tus ideas son... entretenidas, pero dudo que alguna de ellas esté en mi lista de prioridades.
—Nunca lo sabrás si no lo intentas —replicó, inclinándose un poco hacia ella, su voz baja y cargada de insinuación.
Isabela sintió cómo su corazón empezaba a acelerarse, y maldijo internamente la respuesta involuntaria de su cuerpo. Sabía que debía poner distancia, trazar un límite claro. Pero con cada palabra que él decía, ese límite se volvía más difuso. Como si la cuerda que sostenía con tanto esfuerzo estuviera a punto de romperse.
—Sebastián —dijo con un tono firme, poniéndose de pie para marcar su posición—, esto es solo trabajo. Y prefiero que siga siendo así.
Sebastián la observó detenidamente, sus ojos oscuros brillando con un desafío apenas contenido. Dio un paso más, acercándose lo suficiente para que el aire entre ambos se volviera más espeso, más eléctrico.
—Eso dices ahora —murmuró, su voz baja y peligrosa—. Pero tengo la sensación de que tarde o temprano cambiarás de opinión.
Isabela lo miró directamente a los ojos, sintiendo que el suelo bajo sus pies tambaleaba. Pero no se dejaría intimidar. No por él. —No lo haré —respondió con la voz más firme que pudo reunir, aunque en su interior sabía que la seguridad que intentaba proyectar no era tan sólida como quería.
Sebastián la estudió por un momento más, evaluando su respuesta, antes de retroceder con una sonrisa que parecía prometer que este no sería el último round. —Como quieras —dijo finalmente, girándose para salir—. Sabes dónde encontrarme si cambias de idea.
Y con eso, salió de la sala, dejándola sola y con el corazón latiendo demasiado rápido para su gusto. Isabela respiró hondo, intentando calmarse. Sabía que había hecho lo correcto al mantenerlo a raya, pero cada vez que hablaba con él, sentía que las barreras que había construido se debilitaban un poco más.
Los días siguientes no fueron diferentes. La presencia de Sebastián era una constante, siempre en los márgenes de su vida profesional, siempre en los eventos y reuniones importantes. Y cada vez que lo veía, la tensión entre ambos parecía crecer, como una tormenta que se avecinaba lentamente. Isabela intentaba concentrarse en su trabajo, en los éxitos que seguían acumulándose, pero la realidad era que, por muy alto que volara su carrera, su mente seguía desviándose hacia él.
Una tarde, después de otra reunión agotadora, Patricia se acercó con una sonrisa que ya conocía demasiado bien.
—Isa, ¡buenas noticias! —anunció Patricia, prácticamente saltando de emoción—. Acaban de confirmar el contrato para la expansión internacional. ¡Esto es enorme!
Isabela sonrió, reconociendo que este era el tipo de éxito que había estado persiguiendo durante años. —Eso suena increíble —dijo, esforzándose por mantener el entusiasmo, aunque en el fondo no podía dejar de pensar en Sebastián.
—Y hay una cena esta noche para celebrar el contrato —añadió Patricia, como quien suelta la bomba final—. Todos estarán allí, incluido Spacer
Isabela no necesitaba más explicaciones. Sabía lo que eso significaba: Sebastián estaría presente. Pero esta vez, decidió que sería diferente. Si quería seguir adelante, si quería mantener el control de su vida y su carrera, tendría que poner un límite claro entre ellos. No más juegos, no más ambigüedades. Esa cena sería su oportunidad para marcar su territorio. O, al menos, eso era lo que intentaba convencerse a sí misma. Porque en el fondo, cada vez que se enfrentaba a Sebastián, las cosas siempre acababan siendo más complicadas de lo que imaginaba
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Comments
Tinmey
Estas a punto de explotar , requieres un descanso.
2024-10-14
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