Capítulo 5: Una Cena Peligrosa
Esa noche, Isabela se preparó con más esmero del habitual, consciente de que no era solo otra cena de trabajo. Iba a ser el primer encuentro formal con Sebastián tras la creciente tensión entre ambos, y tenía claro que todo lo que sucediera ahí no quedaría en la superficie. Eligió un vestido negro elegante que acentuaba su figura sin parecer demasiado obvio. Iba a proyectar control, confianza y, sobre todo, que él no tenía ningún poder sobre ella. Claro, eso si lograba que su cerebro cooperara.
Al llegar al restaurante, un lujoso y opulento lugar donde las celebridades y magnates cenaban bajo candelabros brillantes y entre susurros de riqueza, Isabela tomó aire. Ya podía sentir el peso de la mirada de Sebastián desde el momento en que cruzó la puerta, aunque no había hecho contacto visual todavía. "Comportamiento de depredador en su hábitat natural" , pensó mientras avanzaba hacia la mesa principal.
Patricia, siempre radiante y diplomática, la recibió con un abrazo entusiasta. —Isa, llegas justo a tiempo. Te estaban esperando. —Y claro, el "te" claramente incluía a un magnate en particular.
Isabela sonrió y asintió, consciente de la mirada fija de Sebastián desde el otro lado de la mesa. Lo ignoró intencionadamente al sentarse. Si alguien le hubiera preguntado en ese momento cuál era la estrategia, habría dicho "mantenerlo a raya". Pero el "cómo" era un misterio incluso para ella.
La velada comenzó tranquila, con los usuales comentarios elogiosos sobre el éxito de la campaña. Todos parecían estar de buen humor, brindando por el crecimiento de la marca y el futuro brillante que les aguardaba. Y, por supuesto, Sebastián, siempre tan encantador, participaba en la conversación, aunque Isabela no podía evitar sentir que cada palabra que decía estaba dirigida solo a ella, como si estuvieran teniendo una conversación paralela que nadie más escuchaba.
En un momento, uno de los diseñadores más influyentes se volvió hacia ella con una sonrisa. —Isabela, has hecho un trabajo espectacular. Has revitalizado la marca. Te has convertido en nuestra mejor decisión.
Isabela, acostumbrada a los cumplidos, asintió con modestia. —Solo hago mi trabajo, pero gracias. Ha sido un gran esfuerzo en equipo.
—Sí, pero tenerte en la campaña ha sido como encontrar una joya rara —dijo el diseñador, con esa exageración típica de la industria—. Brillas, chica. Spacer tiene buen ojo para elegir.
Ella sonrió, mientras en su cabeza aparecía el inevitable pensamiento sarcástico. " Claro, tiene un ojo brillante... y lo lleva clavado en mí desde que llegué".
—Solo hago lo que se me pide —repitió con una sonrisa profesional, evitando mirar a Sebastián, aunque sentía el calor de su mirada como un láser.
La noche continuó entre conversaciones más relajadas, y pronto el tono formal se desvaneció con el vino. Entre bromas y carcajadas, Isabela comenzaba a pensar que tal vez, solo tal vez, lograría salir de esta noche sin más complicaciones. Y fue justo entonces cuando Sebastián se inclinó hacia ella, bajando la voz. —¿Podemos hablar?
El estómago de Isabela dio un vuelco. Sabía que el momento llegaría, pero no esperaba que fuera tan pronto, ni en medio de una cena repleta de testigos. Sin embargo, asintió. "Vamos, una pequeña conversación, ¿qué podría salir mal? Cuando se trata de Sebastián Spacer , todo" .
Lo siguió hasta una terraza privada, donde las luces de la ciudad titilaban bajo el cielo despejado. El ambiente era casi romántico, demasiado idílico para la turbulencia interna que sentía.
Sebastián no tardó en romper el silencio. —Sabes que no podemos seguir ignorando esto —dijo con esa voz profunda que siempre parecía tener la última palabra. Una mezcla de urgencia y deseo, como si le doliera estar a unos metros de distancia.
Isabela, por supuesto, no iba a caer tan fácilmente en la trampa emocional. Cruzó los brazos, como si eso fuera suficiente barrera contra lo que ambos sabían que estaba en el aire. —Te lo dije, Sebastián, esto es solo trabajo —repitió, con una firmeza que esperaba fuera convincente. Aunque, si era honesta, hasta sus propios oídos la traicionaban.
Sebastián sonrió ligeramente, con esa expresión que decía "sabemos que no lo crees ni tú". Dio un paso hacia ella, y la familiar tensión entre ellos se hizo más palpable. —Lo que pasó entre nosotros no fue solo una noche. Tú lo sabes, aunque lo niegues. Ambos lo sentimos.
Isabela apretó los labios. "Claro, el problema no es sentirlo. El problema es que tú lo disfrutas mucho más que yo, ¿verdad?" . Pero en lugar de soltar el comentario, optó por una respuesta más contenida. —Una noche, Sebastián. Nada más. No significa que vaya a repetirse.
Sebastián arqueó una ceja, claramente no convencido. —¿De verdad crees eso? Porque cada vez que estamos juntos, no parece que hayas pasado la página.
"Y tú pareces tener un doctorado en leer entre líneas" , pensó Isabela con un suspiro. La frustración crecía a cada palabra, pero al mismo tiempo, lo hacía esa atracción incontrolable. —No puedo permitirme esto —dijo finalmente, con una firmeza renovada—. Mi carrera está en juego. No puedo arriesgarlo todo por... algo tan incierto.
—¿Incierto? —replicó él, dando otro paso más. Estaban peligrosamente cerca ahora—. Lo que sientes no es incierto, Isa. No puedes seguir ignorándolo.
—¿Y qué pasa con lo que no siento? —replicó ella, el sarcasmo escapando antes de poder detenerlo—. Porque créeme, ese lado es el que intento escuchar más.
Sebastián la observó con una mezcla de exasperación y diversión. —Sabes que no me rendiré tan fácilmente.
Isabela soltó una carcajada breve, más para liberar la tensión que otra cosa. —Ah, por supuesto que no. Rendirte no parece estar en tu diccionario. Pero, aunque parezca sorprendente, no todo gira en torno a ti, Sebastián Speacer
Finalmente, él dio un paso atrás, su mirada manteniéndose firme en la de ella, como si la batalla estuviera apenas comenzando. —Está bien. Si eso es lo que realmente quieres, lo respetaré. Por ahora. Pero esto no ha terminado.
Con esas palabras cargadas de promesas implícitas, Sebastián se alejó, dejándola en la terraza, observando las luces de la ciudad. Mientras intentaba recuperar el control de su respiración, Isabela sabía que había hecho lo correcto. "Muy bien, Isa, lo tienes bajo control. Hasta que deje de estarlo" .
El desafío no era mantener la distancia física, sino evitar que ese magnetismo invisible los arrastrara nuevamente a un terreno peligroso. ¿Cuánto tiempo más podría mantener sus barreras antes de que todo se desmoronara? Solo el tiempo y Sebastián lo dirían
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Comments
Tinmey
ARDERA TROYA?????
2024-10-14
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Tinmey
Esto esta que arde, estan a punto de quemarse juntos , ardeta troya?.
2024-10-14
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