...Oliver Davis...
Hoy es un nuevo día, día en el que volveré a ser yo mismo, o bueno... el que todos conocen. El tema de la cerebrito está olvidado para mí, le diré a Liam que se quede con el triunfo, yo soy Oliver Davis, no tengo que demostrar nada a nadie, si las chicas me quieren, no afectará en nada el que no quiera seguir humillandome con la ñoña por esa tonta apuesta, al fin y al cabo era sólo un juego.
Después de soportar la misma cantaleta de todos los días con mis padres, salgo de casa en mi motocicleta, "libre como el viento, tiro al blanco", es la frase que recito al cruzar la puerta, ya no se cómo es que soporto venir aquí. En el camino voy cantando en mi mente una de mis canciones favoritas, ésta noche iré a dar unas vueltas con mis amigos, ya me está haciendo falta, hasta a mi mamá le sorprendió que en dos días no salí de fiesta.
Llego a la prepa con la seguridad de un rey, estaciono mi motocicleta dejando el casco reposando sobre el asiento y me voy a reunir con mis amigos de escuela.
- ¡Oli!, que bueno que llegaste, justo Rebeca y yo estábamos discutiendo sobre cuál tono de rubio es mejor, danos tu opinión - dice Esther mostrando su cabello recién teñido y el de su amiga.
- Umm... ¿Que no son iguales? - pregunto confundido al ver que ambas tiene el mismo tono desteñido en el pelo.
- ¡Nooo!, obvio no son iguales, ¿Acaso estás ciego? - espeta ofendida - no sé para que le preguntamos a un chico si ellos no saben de ésto - le dice a su amiga.
-Pero bueno, no se molesten, lo importante es que las dos se ven hermosas - les digo con una sonrisa mientras les guiño el ojo y ellas sueltan una risita con las mejillas sonrojadas, y uff, eso es un alivio para mí, sigo siendo irresistible, la ñoña es la única ciega que no se da cuenta.
Estaba por volver al ataque y seguir coqueteando con ellas, pero en eso llega Liam a saludar, ¡Que bueno!, porque de una vez voy a decirle que no seguiré con la apuesta.
- ¿Que hay, bro?, ayer no te vimos por ningún lado, ¿dónde estabas metido? - saluda Liam chocando palmas conmigo.
- Todo perfectamente bien, de hecho - le respondo tranquilamente.
- ¿Enserio? - inquiere cambiando su expresión a una un poco preocupada.- ¿Y... Cómo va la conquista? - continúa con curiosidad.
- Precisamente de eso quería hablarte, no voy a seguir con esa apuesta, así que puedes darte por ganador si eso quieres - le informo de manera despreocupada.
- ¿Qué?, ¿De verdad? - dice sin creerlo, pero después se le dibuja una sonrisa - ¿Así que Oliver Davis se rinde?, miren nada más jajaja, ¿osea que desde ya soy el ganador?. ¿Es tu última palabra Olí?, mira que ya sé lo que te pediré a cambio. ¿Te quedó grande la cerebrito?.
- Já - me burlo - a mi nadie me queda grande y tú lo sabes, es sólo que no me interesa esa nerd, y no quiero perder mi tiempo con ella. Vamos, di de una vez que es lo que quieres, deseo terminar con ésto de una vez por todas y seguir con lo mío.- le digo tratando de finiquitar éste asunto, pero veo como suelta una sonrisa maliciosa y se frota las manos con ansias.
- ¡Perfecto!, ya que aceptas que soy mejor galán que tú, como castigo de derrota, tienes que entregarme tu motocicleta - me dice sin más.
- ¿¡Qué!?, ¿Estás loco o te volviste idiota?, esa motocicleta es mi tesoro, mi bebé, nadie más que yo puede conducirla, pide otra cosa - le respondo inmediatamente.
- No quiero otra cosa, Oliver; quiero tu motocicleta, perdiste, así que mantén tu palabra y entrégame las llaves - dice extendiendo la mano esperando que le entregué las llaves.
- Olvídalo Liam, sólo era una tonta apuesta, no te entregaré mi moto, pide otra cosa, no seas infantil, esa bebé cuesta un dineral y yo mismo le he hecho los arreglos para que esté a mi gusto. Si quieres te pago lo vale - le respondo negándome rotundamente a perder a mi bebé, esa moto es lo más valioso que tengo, y no sólo por lo que cuesta, si no por lo que significa para mí.
- ¿Infantil?, tu eres el infantil, ese era el acuerdo, y hay muchos testigos, tal vez tú lo viste como un juego, pero jamás fué así, todo ha sido muy enserio. Es fácil de entender, el perdedor debe cumplir con lo que sea que exija el ganador, osea, yo - dice creyendo que con eso me hará aceptar esa estupidez.
- ¿Ganador?, por favor - digo bufando y ya molesto - tú no has ganado nada, solo te estoy otorgando la victoria porque no me interesa seguir con ésto.
- Si, pero ganar es ganar, no importa como - dice con expresión triunfadora, pero sus palabras se repiten en mi cabeza dándome una nueva idea, "ganar es ganar, no importa como".
- Bien, ¿Así quieres que sean las cosas?, pues así serán - le digo retador - la apuesta sigue en pie, aún faltan días para la fiesta y no veo que tú hayas tenido avances con la chica, así que si quieres mi motocicleta, debes llevarla a la fiesta, sólo entonces podrás considerarte ganador. Ah, y eso si yo no llevo a la mía. - termino de hablar y me voy como alma que lleva el diablo.
Estoy muy molesto, se supone que Liam es mi amigo, ¿Cómo se le ocurre pedirme mi Moto si sabe lo importante que es para mí?, pues que se olvide de eso porque no voy a dársela, no voy a permitir que me la gane. Ahora el asunto es Megan, si quiero conservar a mi bebé, debo convencerla de que me acompañe a esa fiesta, ¿Pero como?. El otro asunto es Romina, si Liam logra convencerla antes que yo a Megan, estaría perdido, debo hacer algo para evitarlo, y creo que ya se que hacer.
Esbozo una sonrisa, tal vez lo que voy a hacer sea trampa, y no es algo a lo que yo suela recurrir, pero no pueden culparme por eso, la idea me la dió el mismo Liam, y por conservar mi moto estoy dispuesto a todo, incluso a romper por única vez uno de mis principios.
Empiezo a caminar por toda la prepa en busca de Romina, pero no la encuentro por ningún lado, hasta que salgo otra vez a los jardines frontales y veo que baja de un auto despidiéndose de beso de un hombre que seguramente le dobla la edad. Espero a que el auto de marche, para después acercarme a ella inmediatamente.
- Hola Romina, que bueno verte - le saludo empezando a caminar a su lado.
- Vaya, vaya, Oliver Davis - dice sonriente mirándome de arriba a abajo con una expresión divertida. Romina es una morena muy guapa, bella por dónde la vean, con un cuerpo impresionante, el delirio de cualquier hombre, pero no cualquier hombre puede tenerla, ella tiene unos gustos bastante... Mayores.- ¿Que te trae a mi, muñeco?.- inquiere expectante.
- Verás, quiero hablar contigo de algo muy importante - le digo portando seriedad en mi expresión.
- ¿Que será?, me muero de curiosidad - dice en forma irónica, obviamente no le interesa lo que le tenga que decir.
- ¿Podemos hablarlo en privado? - le propongo.
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