...Oliver Davis ...
- ¡Oliver!, por enésima vez, ¡Levántate!, llegarás tarde.
Esa es la voz de mi mamá, intentando levantarme por... ¿Quinta vez?, la verdad no se cuántas veces a tocado a mi puerta ésta mañana, pero en cada ocasión solo he tapado mi cabeza con la almohada para evitar escuchar ese timbre de voz que daña mis oídos, no porque odie la voz de mi madre, si no porque no aguanto el dolor de cabeza por la fuerte resaca que me cargo. Como se que no se irá hasta que me despierte, decidí levantarme, me salgo de la cama de mala gana sin abrir mis ojos, siento que la claridad del sol quema la retina de mis ojos y camino hasta la puerta apenas logrando sostenerme de pie.
- Oliveerrrr, ¿me has escuchado? - vuelve a insistir mi mamá, a lo que abro rápidamente la puerta antes de que vuelva a gritar.
- Si mamá, ya te escuché y ya me levanté, ¿Contenta? - le digo sosteniendo mi cabeza al abrir la puerta; ella me mira de arriba a abajo negando con la cabeza.
- No lo puedo creer, otra vez llegaste tarde y tomado, ¿Acaso olvidaste que hoy empiezan las clases?, ¿Cuando serás maduro y responsable como tu hermano?, no sabes hacer más nada que no sea andar de fiesta en fiesta. ¡Ve a ducharte rápido y cámbiate!, te estamos esperando para desayunar - vocea enfadada mi madre con cara de decepción, nada nuevo para mí, ellos siempre están decepcionados con todo lo que hago, así que ¿Para que hacer las cosas bien si nunca van a estar satisfechos conmigo?, mejor me dedico a divertirme y vivir mi vida a mi manera.
Veo como se pierde por el pasillo y baja las escaleras, cierro la puerta y me dirijo al baño mientras que me voy despojando de mi ropa que no me quité anoche y la voy dejando tirada donde caiga. Entro a ducha abriendo el agua fría, es lo que necesito en éste momento para despertarme por completo y recuperar las energías que necesito para la carrera de ésta noche. Siento el agua correr por todo mi cuerpo, mientras recuerdo todo lo sucedido la noche anterior, fué una buena fiesta, un verdadero reventón, y la estocada final fue la ronda de placer que disfruté con esa chica linda que conocí mientras bailaba, ¿Cómo era que se llamaba?, bueno, ya no tiene importancia.
Luego de ducharme, cepillo mis dientes y salgo como nuevo, listo para enfrentar un nuevo día, busco entre mi armario y me coloco una sudadera blanca, unos jeans azul, me calso mis botas negras y mi chaqueta de cuero negra. Me peino el cabello, me miro en el espejo y... no, algo no me gusta, paso mis dedos por mi cabello para arruinar ese tonto peinado que no va conmigo y listo, ahora sí estoy perfecto, me doy un guiño a mi mismo a través del espejo, tomó las llaves de mi motocicleta, mi mochila y bajo a desayunar.
Cuando llego al gran comedor, veo a mis padres y a mi hermano mayor ya sentados esperándome, mi padre con una cara de pocos amigos tamboreando la mesa con sus dedos en señal de que está perdiendo la paciencia; mi mamá sentada a su lado con su cara obviamente enfadada y mi hermano Lucas con la vista en su celular, la cual se posa en mí con una sonrisa cuando nota mi presencia, al parecer él es el único que se alegre de verme.
- Hasta que te dignas a aparecer, siéntate, todos tenemos hambre y cosas que hacer - dice papá con molestia sin alzar la voz. Mamá le pide a la señora de servicio que sirva el desayuno y yo me siento al lado de mi hermano.
- ¿Que tal, hermanito?, ¿Estuvo buena la fiesta de anoche? - dice Lucas con una sonrisa a mi lado.
- Ajá - apenas respondo mientras me llevo una tostada a la boca.
- ¿Sólo eso dirás?, vamos, no seas así, cuentame cómo son las fiestas de los jóvenes ahora, hace bastante que no voy a una, ¿Abundan las chicas lindas? - pregunta mi hermano con una sonrisa de medio lado.
- Basta Lucas, no lo alientes más, mejor ayudanos a hacerle entender que es hora de que comience a actuar con cordura, que se centre en sus estudios y se prepare para la universidad. - se queja mamá de inmediato.
- Tranquila mamá, no lo estoy alentando, sólo quiero que me cuente de su vida y saber cómo está, por supuesto que Oliver pondrá empeño a sus estudios sentará cabeza pronto, ¿Verdad hermanito? - responde Lucas nuevamente con tranquilidad, a lo que yo solo asiento para evitar que empiecen a atacarme con sus comentarios. La verdad es que Lucas es un buen hermano, siempre se interesa por saber lo que hago y como me siento, siempre hemos sido muy unidos, pero últimamente nos hemos distanciado por culpa de mis padres, ellos siempre están comparandonos y haciendome ver todos mis errores, mientras que a él siempre lo halagan y le expresan lo orgullosos que están de él y me piden que trate de imitarlo.
Esa situación es muy incómoda para mí, desde pequeño me han incitado a seguir sus pasos, y por varios años lo intenté, no sólo por ellos, si no porque mi hermano siempre ha sido como mi modelo a seguir, yo también estoy orgulloso de él, lo admiro demasiado, pero me molesta que quieran que deje de ser yo mismo y me convierta en una copia de mi hermano, el hijo perfecto.
Lucas ha sido excelente estudiante, educado, gentil, generoso, tranquilo, trabajador, atractivo y elegante, el hijo modelo, el que nunca se equivoca ni comete errores, el que deja el apellido Davis en alto. En cambio yo, yo soy el hijo problematico, la oveja negra de la familia, pero no siempre fuí así, antes era un chico dulce y obediente, que trataba de cumplir todas las espectativas de sus padres, hasta que me di cuenta que nunca iba a poder igualar a mi hermano, que hiciera lo que hiciera, ellos siempre le darían el primer lugar a él, entonces me cansé de tratar de ser alguien que no soy, y de ser la sombra de mi hermano mayor.
Como en mi entorno de amistades siempre he sido aceptado, comencé a hacerme más pupular y querido por todos, comencé a asistir a fiestas, a salir con chicas y descubrí que era muy codiciado entre ellas, que tenía el encanto de atractivo suficiente para conquistarlas con facilidad, y así fue como me convertí en lo que muchos dicen de mi, "el playboy de la escuela".
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