Al agua pertenezco...

Cabello rubio rojizo... ese cabello rubio rojizo.

Por los sueños de Lena pasaba esa imagen una y otra vez, ese cabello rubio rojizo ondeando en el viento lo había visto en algún sitio, no sólo en su sueño. De repente, en su sueño una gran luz nació de fondo, y cuando se dio cuenta estaba bajo el sol.

Una hermosa pradera de las Tierras de Kramer, el cielo azul y el sol con las nubes le daban vida a toda la naturaleza. Lena recordaba lo que era la vida fuera del Inframundo. No obstante, en medio de esa pradera se atravesó esa mujer de pelo rubio rojizo que acosaba sus pensamientos. Cubría su rostro con una capa, y eso lo hacía frustrante para el ángel.

—Háblame, por favor... ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres? —Exigió Lena.

La mujer de cabellos rojos no le contestó palabra alguna, solamente sonrió de lado y se quitó la capa. Pero Lena no entendía nada, pues el rostro de la chica misteriosa... era el suyo propio como verse en un reflejo, no tenía sentido.

Ante esta incógnita y sueño confuso Lena despertó en su habitación, desnuda y sola en una cama fría. No sabía como despertar así podía lastimarla tanto, aunque se lo viese venir.

Pero no se iba a quedar lamentándose, se levantó y llamó a Mosaico dispuesta a investigar quién era esa mujer, de dónde la recordaba y porqué aparecía de esa forma en sus visiones.

...🖤...

Rai se mostraba de mejor humor, los esclavos lo notaban pues no eran tratados normalmente como escoria por su amo. A este paso, tal vez tener la presencia de la Guardiana era bueno para ellos. Por desgracia, no podían decir lo mismo por parte de Leuce.

Días antes la mujer estallaba de la ira por la atención que Rai había dejado de darle, pero hoy Leuce tenía el ego por los aires, quizás tenía un plan encima para acabar con sus males...

Leuce se escabulló en el salón del trono, donde a Rai le tocaba ejercer su trabajo. El rey de los muertos se fijó en la presencia de Leuce, quien usaba un vestido verde brillante que resaltaba sus curvas de forma que volvería loco a cualquier hombre.

—Despierte, mi amo.

La voz con gracia de Leuce despertó a Rai de su trance, que sin darse cuenta se quedó admirando a la esclava y sus atributos.

—¿Qué haces aquí, Leuce? Alguien puede entrar... —Dijo Rai, pero la sirviente sin temor alguno se acercó al rey y comenzó a besarle el cuello, causándole escalofríos.

—Me has descuidado mucho. —Leuce tomó a Rai de la barbilla para mirarse atentamente. —Si me lo compensas ahora, tal vez te perdone.

Rai rió de lado con ese pedido ¿Ahora se supone que todas las mujeres querían gobernarlo?

—Lo que sientas poco me importa en realidad. Por eso te ordenó que te bajes antes de que entre alguien. —Demandó Rai.

Leuce por lo contrario soltó una carcajada llena de maldad.

—Solo mi rey decidirá quién entra a esta sala, y quien no. —Susurró la mujer, confundiendo a Rai.

—¿Quién?

—¡El Rey!

Rai se sobresaltó al escuchar a su primo Zay entrar al salón del trono, detrás de él lo acompañaban varios monstruos deformes que no parecían ser muy amigables.

—¿Zay? ¿Pero qué haces? —Dudó el soberano.

Rai no pudo ni reaccionar cuando el largo vestido de la malévola Leuce se transformó en millones de serpientes que lo amordazaron contra su trono, dejándolo inmovilizado.

—¡Ahg! ¡Cobarde, ataca de frente como el hombre que eres! —Exclamó Rai mientras forcejeaba tratando de soltarse, pero como resultado se ganaba mordiscos venenosos por parte de las serpientes.

—Lo hice, utilice el arma que más te debilita—Comentó Zay lleno de orgullo, guiñándole un ojo a su cómplice. —Pero no te preocupes primo, que esto es poco comparado a lo que mi Dios tiene preparado para ti.

—¿Tú Dios? ¿De qué mierda hablas? ¡AH! —Chilló Rai adolorido al sentir los colmillos de las serpientes clavarse en su piel y esparciendo el veneno.

—Prepárate para arrodillarte ante él...

...🖤...

Mosaico se puso en alerta, su forma de cachorro activó sus instintos y distinguió que algo se estaba saliendo de control. De inmediato le informó a su ama con ladridos.

—¿Qué sucede, Mosaico? —Cuestionó Lena escuchándolo ladrar como loco. —¿Sucedió algo malo?

Mosaico guió a la Ángel al origen del problema, y no sabía porque tenía el presentimiento de que podía tratarse de Rai. El camino que seguía el cachorro los llevaba al salón del trono, donde Rai trabajaría hoy. Lena sintió una mala corazonada, por lo que decidió activar su percepción oculta y ver algún rastro sospechoso.

Sin embargo, su sentido de batalla cambió por uno de tristeza al ver el rastro de Leuce... ¿Rai estaba con ella otra vez? ¿Sería capaz de afrontar esa situación si los llegaba a ver juntos?

Mosaico insistía en seguir, pero Lena seguía aturdida por sus temores. No obstante, tomó valor y decidió continuar.

Cuando llegó al salón del trono se sorprendió de no ver nada. No había nadie presente, pero Mosaico no dejaba de ladrarle al trono vacío.

Lena se dio cuenta que no había activado su percepción, y en ese momento que lo activó recibió un golpe tan fuerte que casi la deja inconsciente. Sus oídos pitaban mientras trataba de levantarse, solamente oía con deficiencia los ladridos de Mosaico y los gritos de... ¿Rai?

La ángel se levantó como pudo, y con su mirada borrosa se fue enfocando en un Rai sujeto al trono con millones de cadenas. Se lo veía herido, con chorros de sangre fresca en su cuerpo. Pero no fue lo más impactante para Lena, pues delante de ella una mujer de largos cabellos rubios rojizos la observaba con una sonrisa.

—Hola Elena...

Los ojos de Lena solo mostraban asombro ante la persona que veía.

—¿Mistral...?

La mujer de aquel nombre rió con gracia, Lena seguía impactada, ahora sabía porqué ese tono de cabello lo había visto antes. Era la malvada Mistral, la mujer que ella y sus amigos ángeles derrotaron para salvar a la Megapolis.

—Hasta que al fin te das cuenta, pensé que captarías mis pistas. —Comentó Mistral socarrona. —Pero al parecer nuestro eclipse no ha favorecido tu inteligencia...

—Tu... no puede ser, tú estabas muerta... —Afirmaba Lena, reconsiderando si esto podía ser real.

—Oh... pues si debería, pero mi hermanito se atrevió a desobedecer a Dios. —Ambas féminas miraron al encadenado. —Lo que no sabe es que la piedad fue su peor decisión.

—¡Mistral, soy tu hermano por favor! ¿¡Por qué me haces esto!? —Gritaba Rai, pero su hermana se hacía oídos sordos.

—¡Le estás haciendo daño a tu propio hermano! —Exclamó Lena alarmada.

—En mi defensa, él me hizo daño primero. Y en segunda, es un estorbo. —Contestó Mistral como si nada. —No pretendas ser uno tú también.

Lena quiso desenvainar su espada y enfrentarla, pero recordó que había abandonado su espada hace tiempo, desde que se sintió segura en su nuevo hogar. Sin darse cuenta hace tiempo Lena había dejado sus costumbres de Guerrera.

Mistral rió al darse cuenta.

—Mi oferta sigue en pie, querida. —La pelirroja se acercó a la rubia. —Mis motivos siguen siendo los mismos.

—Estás demente. —Rechazó Lena firmemente. —¡Los Guerreros de la Paz te derrotarán, de nuevo!

—¡Jaja! ¿Quiénes? ¡Ah, si! ¿Los que te lanzaron a esta prisión de asco y muerte? —Mistral se burló. —¿Y todo por qué? ¿Por qué no controlas chispitas de luz, o haces crecer florecitas? Por si no lo has notado, tú eres igual a mi Lena.

—Yo nunca sería tn cruel como tú, mucho menos una asesina.

—¿Yo una asesina? ¿Y qué hay de tú Dios? —Resaltó Mistral, en un intento de manipularla. —Dicen que somos los malos, pero él nos hizo así. Ya viste la sala de tortura, y sabes que todos los que pasaron por ahí fueron por órdenes de tu Dios... yo solo trato de que descubran la verdad.

Lena se lo pensó varias veces. Las visiones de todos esos inocentes siendo torturados, los niños, Elyurias... ¿Todo fue producto de su Dios?

Mistral creyó que había convencido al ángel, pero Lena la vió de manera feroz.

—No te saldrás con la tuya... —Aseguró sin cambiar de opinión.

Mistral suspiró con derrota.

—Siempre he amado tu lealtad, Lena. —Confesó la pelirroja. —Lo que odio es que no sea para mí.

De repente Mistral golpeó a Lena con la intención de teletransportarla a las afueras del Palacio.

—¡Te he dado una oportunidad de abrir los ojos, pero si insistes en ir en mi contra tendré que deshacerme de ti también!

Con sus poderes Mistral fue rompiendo el suelo en el que Lena se apoyaba, y al ver el fondo se asustó al notar que caería en el río de las almas, en el fondo los espíritus que lo habitaban esperaban devorarla.

—¿Algunas últimas palabras? —Cuestionó la pelirroja, pero el miedo que sentía Lena en ese instante le quitó el habla. —Veo que no. Adiós.

Sin lugar de donde sujetarse, Lena cayó al abismo, en el momento que su cuerpo se sumergió en las aguas vio su vida pasar por sus ojos. Desde el día en que fue sacrificada hasta el ver a Rai encadenado y al borde de la muerte.

Pensaba en su amiga Raenix, en su amado Mosaico, en sus amigos, en su Dios Starling...

Las almas arrastraban su vestido a las profundidades, impidiéndole nadar o luchar por salir...

¿Así iba a terminar su historia? ¿Iba a morir? ¿Lo haría sin conocer lo que en verdad era un hogar?

Con su último aliento, el agua comenzó a llenar sus pulmones y su mente pensó en que siempre había tenido un hogar: el agua.

El agua la había hecho sobrevivir, y ahora gracias a ella dejaría esta vida...

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Comments

Julia Monta88lvan

Julia Monta88lvan

Ay no le va a intentar quitar el hombre a mi niña no sabia que el inframundo habiam p*tas pero al nivel tan extremo/Angry/

2023-12-25

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