¿Una Boda o Un Funeral? (Editado)

Luego de varias horas de silencio y oscuridad, Lena despertó en una habitación oscura meramente iluminada por lo que parecía ser una luna que venía de las ventanas y pocas velas alrededor, además de que aún traía el vestido blanco con el que había sido sacrificada. Fueron los primeros detalles que pudo distinguir su vista borrosa y su memoria confundida.

No recordaba lo que pasó después del ritual, lo último que escuchó fue que Rai llegó a buscarla y de ahí todo se tornó negro, como si aquel día solo se tratase de un sueño. Por desgracia, el lugar donde se encontraba negaba esta hipótesis.

¿Qué había pasado anoche? ¿Acaso fue algo tan traumático que su mente hizo que lo olvidara? No sería la primera vez que le pasa, en realidad. Su mente acostumbraba a usar ese mecanismo de defensa ante eventos difíciles.

—¡Mi señora, ha despertado! —Lena escuchó la voz de una joven demonio, la cual estaba acompañada de otras que encendían más velas en la habitación, una por una. —Yuhe, avísale a nuestro amo que la señora despertó.

La joven asintió obediente y de inmediato salió de la habitación. Lena continuaba aturdida y la presencia de aquellas doncellas la hacían entrar en un estado de desesperación.

"Necesito un baño." Pensó la ángel al entrar en pánico "Necesitaba agua."

—¿Q-Qué hago aquí? ¿Qué pasó? —Le preguntó Lena a la sirvienta.

—Mi amo la trajo dormida en sus brazos, dijo que usted sería nuestra Guardiana. —Respondió la demonio con ilusión.

¿La trajo en brazos? ¿Acaso se había desmayado en frente de Rai?

Que humillante...

—Necesito tomarme un baño. —Dio a saber la ángel tratando de levantarse de la cama.

—Lo siento, pero no puedo hacer nada hasta que el amo lo autorice. —La sirvienta la detuvo para que no se levantara.

—¡Solo necesito un maldito baño! ¿Qué clase de autorización requiere eso? —Exclamó Lena completamente alterada. La demonio dio un paso hacía atrás y la miró de forma despectiva. Al instante Lena se arrepintió. —L-Lo siento, no quise decir eso... solo necesito algo de agua, por favor.

Aún con una mala espina, la sirvienta fue a servirle un vaso con agua. A pesar de que se disculpó le entregaron el vaso de mala gana, al parecer esa demonio era rencorosa. Mala manera de dar una primera impresión en su nuevo hogar.

—Finalmente, has despertado...

La ángel y la sirvienta se exaltaron al oír una grave voz masculina entrar a la habitación. La Muerte hizo presencia con su aura intimidante, y de una vez le ordenó a las sirvientas que se fueran para dejarlo con la ángel a solas.

—¿Q-Qué me pasó? —Preguntó Lena, que a diferencia de las demonios no tenía temor de mirarlo a los ojos.

—Te desmayaste a mitad de camino, pudo ser por los bajos niveles de oxígeno que hay aquí. —Contestó Rai con simpleza, acercándose al ángel.

La Muerte no podía dejar de verla, aunque su atracción podía deberse a que no está acostumbrado a la presencia de seres puros en el Inframundo, parecía hipnotizado por el rostro confundido e inocente de la muchacha. Y no era para menos, Lena era una chica que fue agraciada de belleza.

Por el contrario, Lena seguía interrogándose la razón de su deceso, no quedó muy convencida de que fuese por falta de oxígeno. Al menos eso le aseguraba que no pasó nada insinuador entre ellos anoche… a no ser que la Muerte tuviese una preferencia fetichista por los cadáveres, pero no lo creía probable.

—¿Me puedo dar un baño? —Consultó Lena frunciendo su ceño. —Tus sirvientas me dijeron que tenía que pedirte permiso hasta para salir de la cama.

Rai rió divertido, aquella expresión de enojo en el rostro del ángel la hacía lucir bastante tierna.

—¿Qué tan asustada estás? —Preguntó el rey de los muertos.

Lena reaccionó desconcertada ante esa pregunta.

—¿A qué te refieres? —Dudó ella.

—No pienses que te elegí simplemente porque si, te estudié a profundidad. —Mencionó Rai con una sonrisa orgullosa que mostraba uno de sus colmillos. —Sé que no eres una amenaza para mi, y que aún estás muy afectada por tu pasado. Y tranquila, no pienso tocarte, a menos que tú lo provoques.

Lena ladeó su cabeza en señal de confusión, ¿A qué se refería con eso? ¿A menos que ella lo provoque? ¿Y qué se supone que La Muerte tomaba como una provocación?

—Si me estudiaste bien entonces debes saber que aborrezco estar encerrada en sitios oscuros. —Recriminó Lena.

—En realidad, pensé que era un estilo de vida al que estabas acostumbrada. —Comentó Rai con cierta diversión.

—Vine aquí a ser una Guardiana, no a estar encerrada como una prisionera y tener que pedir permiso para respirar.

—¿Crees que me importa? —De repente Rai se impuso de forma atemorizante delante de la ángel, dándole a saber que él era la autoridad. —Solo yo puedo controlar el Inframundo y a su gente, no necesito a nadie a mi lado que se entrometa. Por lo mientras, tú te quedarás aquí, en tu linda habitación como niña buena sin causar problemas, y si Cheshire pregunta cómo están las cosas aquí, tú dirás que todo va perfectamente… ¿Entendido?

Lena no supo cómo responder. En verdad estaba ofendida, Rai solamente la quiso utilizar como fachada para que Cheshire no lo fastidiara más. Ella no podía permitir tal humillación.

—Maldito, ¿Cómo te atreves? —La ángel lo encaró. —¡Nunca te lo perdonaré!

—¡Ja! ¿Y qué harás? ¿Ah? ¿Cómo un miserable ángel que es la reencarnación de un cobarde puede contra mí, el rey de los muertos? —Con una sonrisa llena de malicia Rai rebajó a la muchacha.

Lena no se mostró débil ante su manipulación, ella no temía enfrentar al señor más temido del mundo. ¿Qué era lo peor que podía hacerle? ¿Matarla? Eso era lo de menos.

La principal diferencia que conservaba Lena con su antepasado, es que Elyurias le temía a la Muerte, por eso le obedecía en todo. Pero Lena, desde que tenía uso de razón deseaba que la Muerte se la llevara de una vez por todas…

—Yo no soy Elyurias. —Aclaró Lena con firmeza. —Y no me interesa tu maldito reino.

—Y a mi no me interesa si la pasas bien o mal. —Pronunció Rai con indiferencia mientras se alejaba a la salida. —Las sirvientas te traerán una bañera y trata de ver este sitio como un paraíso… no te irás de aquí por un largo tiempo.

Rai se marchó, y Lena solo pudo pensar en la ironía de cómo pasó a crecer en una prisión, a terminar en otra. No obstante, ella no iba a permitir que la doblegaran de nuevo.

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