—Es bonito.
Fue lo único de dijo Raenix apenas Lena le mostró el anillo con entusiasmo, además de eso informarle de su ansiada posición como Guardiana del Inframundo.
—¿Eso es todo lo que dirás? —Contestó Lena con incredulidad.
Raenix se alzó de hombros indiferente.
—Lo único que puedo decirte es que he visto joyas mejores... ¿Qué se supone que hace? —Preguntó la espectro con interés, pero Lena no supo como responder. —¿Hace algo, verdad?
—Pues Rai no me ha dicho nada al respecto, solo sé que es una reliquia familiar que poseen los segundos gobernadores con máxima autoridad en el Inframundo. —Reveló el Ángel contenta.
—Aww... es asquerosamente tierno. —Soltó Raenix fingiendo sentirse conmovida. —¿Ahora significa que estás casada?
—No lo sé, ¿Eso importa?
—Por supuesto, primero porque de ser así me encantaría ver la reacción de las esclavas que se mueren de amor por Rai. —Mencionó Raenix con malicia. —Y la segunda porque... ¿No se supone que los Ángeles son puros y castos?
—De puros y castos no tenemos nada, pregúntale a mis compañeros Fanya y Denis, son pareja desde hace años. —Objetó Lena.
—Si pero ellos dos son ángeles, tu estarías comprometida con La Muerte.
—Bueno tampoco es mi prioridad saberlo. —Culminó Lena sin querer pensar mucho en lo que era o no de Rai, solo estaba feliz de tener un hogar. —Ahora este es mi hogar, Raenix. Finalmente alguien me ha aceptado.
De repente Mosaico convertido en cachorro se acercó a su dueña y escondiéndodetrásras de ella comenzó a gruñir hacia la puerta.
Lena y su amiga fantasma divisaron como tres hombres con aspecto esquelético entraban a la habitación.
—Buen día señorita Lena. —Uno de ellos habló y le hizo una reverencia. —Me presento, mi nombre es Taiyo.
—Vaya, que educado. —Comentó Raenix en tono burlón, tenía suerte de que nadie pudiese oírla, ni verla.
—Un gusto señor Taiyo, ¿Qué se le ofrece?
—Mi amo me ha ordenado que este a su servicio para su preparación como Guardiana. Pienso enseñarle todo lo que debe saber sobre el Inframundo, su historia, sus costumbres, su gente y el como debe dirigirse hacia ellos, mi ama...
—¿Ama? Pfff... ¡JAJAJA! —Raenix comenzó a reirse por el sobrenombre tan cringe. —¿Sigues convencida de que no estas casada con Rai?
Lena la ignoró.
—Será un honor aprender de usted Taiyo, y por favor solo dígame Lena. Me incomoda el hecho de que se refieran a mi como "Ama". —Pidió la rubia con amabilidad.
—Lo que usted ordene será escuchado ama... ¡Digo! Señorita Lena. —Corrigió Taiyo de inmediato. —Pero primero me gustaría ofrecerle un regalo de bienvenida por parte mía.
Lena frunció el ceño intrigada, ya que desconocía el tipo de regalos que se daban en el Inframundo. Con un chasquido de Taiyo entraron varias esclavas con miles de vestidos con joyas incrustadas.
—Elija el que quiera, mi señora. Todos estos vestidos son suyos. —Ofreció Taiyo.
—Wow... Nunca en mi vida he visto vestidos tan hermosos. —Lena miraba las telas con deleite. —Ayúdame a elegir, Raenix.
—Honestamente nunca te he visto lucir un vestido Lena, siempre te he visto con armadura o harapos. —Añadió la espectro sorprendida del trato.
—Necesitamos que luzca encantadora, señorita Lena, como una digna Guardiana del inframundo. —Expresó Taiyo sonriente.
Lena analizaba los vestidos y cada uno le gustaba más que el otro, no podía creer que podía elegir el que quisiese. A decir verdad, la única vez que Lena usó un vestido fue el día del ritual, y debido a las emociones tan devastadoras no lo disfrutó por completo.
Terminó eligiendo un vestido azul, le hacía recodar a las aguas. Sobre todo la prenda tenía un detalle que lo diferenciaba de los demás, y era que las joyas incrustadas no eran diamantes o rubíes, sino perlas.
Las perlas representaban que era diferente en ese sitio, y su color la pureza de la raza angelical.
—Si lo quiere es suyo, señorita Lena. —Insistió Taiyo al ver que la chica no se decidía.
—Es demasiado bello para mi, no podría...
—El que un vestido sea bello o no, depende de quien lo vista. —Aconsejó sabiamente el hombre esquelético.
Las puertas de la habitación se abrieron dándole paso a un demonio de carácter afeminado.
—¿Dónde está nuestra reina? —Preguntó el recién llegado.
—Yiovani, te dejo a nuestra Guardiana en tus manos. —Taiyo la señaló —Su cabello debe lucir radiante, al igual que su belleza.
Lena estaba perpleja de tanta atención, y Raenix no se quedó atrás con su expresión de sorpresa.
—Me han dicho que es amante del agua, debe tener la piel reseca. —Yiovani evaluó a Lena con la mirada, de pies a cabeza. —¡Yo la haré lucir espectacular! Confíe en mi, mi reina.
—¿Qué significa todo esto? ¿Me regalarán una sesión de belleza? —Cuestionó la Ángel.
—Se merece eso y mucho más, señorita Lena. —Aseguró Taiyo antes de abandonar la sala y dejar a los estilistas hacer su trabajo.
...🖤...
En el salón del trono se escuchaban gritos de furia dirigidos hacia Rai.
—¡Usted no conoce a esa chica! —Exclamaba un hombre molesto a los pies del trono. —¿¡Cómo es posible que le haya dado el anillo si ni siquiera pertenece a la familia!? ¡No sabe nada de este sitio!
El hombre que gritaba era el tío político de Rai: Zanobar. A su lado estaba su primo Zay, que permanecía callado ante las exclamaciones de su padre.
—Esa no es la cuestión, tío. Con Lena como Guardiana, los ángeles y Dios dejaran de vernos como enemigos, recuerde que las decisiones de mi hermana marcharon nuestra reputación. —Justificó el monarca.
—Es injusto. No me estás humillando a mi, estás humillando a tu primo. —Zanobar señaló a su hijo adolescente. —Él ha estudiado por años, él merecía el poder del anillo, no esa ramera...
—Si tan humillado se siente mi primo ¿Por qué me reclama usted y no él?
—No cambiemos el tema, Rai. —Zanobar no confiaba en que su hijo pudiese defenderse. —Debiste matar a esa ángel apenas llegó, no ponerla en un altar. Solo le das más poder a Dios, más del que tu y yo sabemos que realmente merece.
—No cambiaré de opinión, yo decidí que Lena sea la portadora del anillo, y el que se atreva a contradecirme será torturado. —Amenazó Rai.
—¡Entonces ven, ven y mata a tu primo!
Zanobar sacó su espada, agarró a su hijo desprevenido y colocó el filo del sable entre su garganta.
—¡Si él no sirve para ti, no tiene sentido que siga existiendo! —Exclamaba Zanobar con frustración, Rai lucia indiferente. —¡Mátalo si no sirve, Rai! ¡Mátalo!
Rai no se inmutó ni un poco, solamente se levantó del trono con la intención de retirarse.
—Mátelo usted si no le sirve. —Fue lo último que dijo Rai.
Zanobar gritó el nombre de su sobrino, pero no recibió respuesta. Zay se apartó de su padre con terror.
—Padre, por qué...
—No vuelvas a buscarme, nada tiene sentido ahora. —Zanobar guardó su espada y se fue furioso del salón del trono.
Zay no conocía esa actitud de su padre, y recibir su desprecio por algo de lo que no tuvo culpa lo destrozaba.
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