Desde que era niño, Zay fue víctima de la obsesión por su padre de obtener el Poder del Inframundo.
Zanobar fue un fiel sirviente de la familia que gobernaba los infiernos, más su astucia y habilidad en batalla hicieron que se casara con la hermana del aquel entonces gobernante; Grendol, el padre de Rai.
Él no amaba a su esposa por su personalidad o su belleza, Zanobar amaba el poder que ella iba a heredar, ya que su esposa era la próxima portadora del anillo azul.
No obstante, el destino le jugó en contra y ella falleció cuando nació Zay, consecuencias de haber parido tan joven.
Zanobar aborreció a su hijo por un tiempo culpabilizandolo de haber perdido el poder, pero luego recapacitó y lo vió como otro medio de conseguir el anillo.
Cuando Rai fue ascendido a rey de los muertos, se deducía que su hermana Mistral heredaría el anillo azul. Sin embargo, Zanobar conocía a su sobrina y sus ambiciones eran más grandes que el Infierno mismo.
Eso la llevó a su perdición.
Por esta razón Zanobar entrenó a su hijo con severa rigidez, no le permitió tener una infancia normal o relacionarse con otras personas; gobernar era la única razón de su existencia.
—¡Le he servido por años a esta familia! —Zanobar rompia todo a su alrededor, cegado por la ira. —¡Me esforcé en vano, soporté lo insoportable para que me pagarán de esta forma!
Zay nunca había visto a su padre tan enojado, pero pensaba que no debería estarlo. De todos modos, Zanobar hablaba como si fuese él quien desperdició su vida, como si él fue quien llevó su magia al límite hasta el punto de casi desfallecer, y al final ser rechazado.
Solo para demostrar ser digno de algo que le fue injustamente arrebatado.
—Tú no has hecho nada... —Murmuró Zay entre dientes.
—¿Perdón? ¿Qué dijiste? —Cuestionó su padre indignado.
Zay tragó saliva con la intención de tomar valor.
—Tu no hiciste nada para obtener el Poder de las Sombras. Yo fui quien se preparó toda su vida para eso, a mi me negaron el poder. —El joven le alzó la voz por primera vez a su progenitor.
Zanobar rió en burla.
—¿Y qué harías tú con el poder? ¿Ah? Solo eres un simple enclenque...
—¿Y qué harías tú? ¿Presumir? —Contraatacó Zay con rabia. —Aquí es cuando me toca demostrar que le he dedicado mi vida a recibir el poder del anillo.
Hace tiempo, fuimos seres orgullosos...
La razón de nuestra superioridad fue porque nacimos con la habilidad de dominar una parte de la magia que nadie más era capaz de controlar.
Las Sombras...
Exigimos un lugar en el concejo de Dios, pero en vez de darnos nuestro lugar nos tuvo miedo y nos encerró en esta jaula llamada Inframundo como animales.
La luz de este eterno eclipse hizo que perdiéramos nuestro poder, hizo que olvidaramos nuestro orgullo y se reemplazó con "Paz".
Olvidamos lo que era vivir con rencor... olvidamos nuestra sed de venganza.
Lena escuchaba atentamente la lección que Taiyo le daba sobre la historia del Inframundo, y la verdad le interesaba porque trataba la importancia de los anillos.
—Antes solo existía un anillo, ese es el que usa el señor Rai. —Aclaró el demonio esquelético. —Sin embargo, el anillo que usa usted fue creado por una antepasada de Rai, la primera reina que tuvo los infiernos.
Taiyo le mostró la imagen de una mujer de largos cabellos color fuego, Lena sentía que la había visto en un cuadro que estaba en las profundidades del Palacio, donde Rai le había dado el anillo.
—Ella fue la Reina Zero, fue una de las gobernantes más prósperas que tuvo el Inframundo. Es conocida por haber creado muchos hechizos, por revivir criaturas extintas y ser una maestra en la guerra. —Informaba Taiyo. —No obstante, a pesar de ser un demonio su origen era desconocido, por eso y el notable machismo de la época no quisieron darle el anillo rojo al principio, así que ella creó el suyo propio con el color de sus ojos.
Lena se sorprendió, esa mujer debía ser en verdad poderosa para innovar de aquella forma.
—¿Y después consiguió el anillo rojo?
—Si, pero nunca se lo puso. Se lo regaló a su esposa Melicent, que curiosamente ha sido la única consorte que ha usado los dos. —Dijo Taiyo con simpleza, mostrándome la foto de la tal Melicent, una mujer bella de cabello platino y ojos rojos.
Y al igual que en el cuadro de las profundidades, Lena sentía que la imagen la miraba fijamente.
—¿Significa que yo también podría tener el anillo de Rai? —Cuestionó el Ángel.
—Solo si él te lo da con voluntad propia. Los anillos tienen una magia protectora, no pueden ser arrebatados del dedo de su amo a menos de que esté lo conceda. —Explicó el demonio esquelético. —Como decía, la Reina Zero tuvo el azul y su esposa el rojo, hasta que el anillo rojo lo heredó su hijo Ryu, y el azul se lo dio a su esposa y así quedó la costumbre de que el anillo rojo fuese para el gobernante mayor y el azul para el segundo al mando.
—Interesante...
—Aunque si le soy sincero señorita Lena, el color no importa, las dos joyas son reliquias que ocultan un poder incomparable...
Un poder que solo un ser digno que controle las sombras debe poseer...
—Solo dices tonterías. —Zanobar menospreció los saberes de su hijo. —Eres un ingenuo, no sabes como se rige el mundo.
Zay se enojó.
—Entonces púdrete en tu propio llanto, yo encontraré una forma de hacerme con el poder. —Juró el joven en medio del cólera. —¡Y al primero que acabaré será a ti!
Zanobar rió a carcajadas por la amenaza.
—¿Tú haciendo algo solo? ¡Me encantaría ver eso! —Contestó Zanobar por última vez.
Zay salió de su casa, corrió hacia lo más alejado de la civilización y comenzó a llorar, soltó todo el llanto que no tuvo permitido sacar en su auge de ser el "heredero perfecto".
Desperdició su vida, sus conocimientos, su inteligencia...
¡Maldito Rai!
Era igual a su padre el antiguo rey, un estúpido pacifista que se dejaba pisotear por Dios. Y no solo eso, sino que prefirió darle el otro anillo de poder a la perra con la que se acostaba y no a alguien digno y preparado como él.
Fue en medio de su ira y desesperación, que una voz apareció de la nada.
Pobrecito Zay...
—¿Eh? —El demonio se sobresaltó desubicado. —¿Quién anda ahí?
De repente Zay vio como una luz a la distancia comenzaba a hacerse más intensa quitándole por completo la visión.
Zay no pudo ver nada, hasta que sintió como un suave tacto lo acariciaba y le brindaba consuelo.
No te rindas, Zay. Todavía tienes un largo camino que recorrer como Rey de las Sombras...
El joven demonio no supo como sentirse ante las palabras y las caricias reconfortantes de la fémina, era la primera vez que recibía afecto y a su mente solo llegó una persona.
—¿Ma-ma...?
—Ssshh... —La voz mística lo calló de inmediato, y lo invitó a seguir relajándose.
Te daré todo lo que desees. Aquellos años que perdiste te los daré, pero a cambio depositaré todo mi poder en ti...
Zay se sumergió en una especie de hipnosis, mientras dejaba que esa criatura mística se adentrará en su mente.
Serás el instrumento que cumpla todos mis designios...
Esa voz era cautivadora, casi irreal, venía a complementarlo y a ayudarlo en sus peores momentos. Para Zay, junto a el estaba un ser sobrenatural que lo amaba, sabía todo sobre él y quería apoyarlo.
Zay podía asegurar que esa criatura era su Dios...
Y le estaba dando una misión, que el cumpliría sin dudarlo.
Destruye a Rai.
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