Apenas el tratamiento de Yiovani terminó se le dio un espejo a Lena para que pudiese ver el resultado. La Ángel casi y ni se reconocía a sí misma, lucía preciosa.
—Es increíble, eres mágico Yiovani. —Agradeció Lena con alegría.
—A sus órdenes, mi reina.
—¿Qué tal me veo, Raenix? —Preguntó la rubia observando la pared vacía, o eso era lo que veían los demás.
—Pues... ¿Qué quieres que te diga? Luces muy bonita. —Dijo la espectro sin expresión.
Taiyo fue a buscarla para que conociera el centro del Inframundo, uso la excusa de que un cambio así debía ser admirado por muchas personas.
—No sé cómo se lleven los habitantes aquí, pero me gustaría caerles bien a todos. —Opinó Lena mientras caminaba con Taiyo, cargando a Mosaico en sus brazos. —Más que todo porque quiero excusas para evitar permanecer encerrada.
—Jaja... no sé preocupe señorita Lena, de una vez le digo que su posición como Guardiana garantiza el respeto de todas las almas. —Afirmó el hombre esquelético.
Los dos y un grupo de guardias (Y Raenix, obviamente) caminaron hasta llegar a un sitio donde Lena se sorprendió de ver tantas personas interactuando.
El lugar se asemejaba a los mercados de Phoebe, miles de almas ofrecían desde joyas hasta especias con sabores fuertes. Estos comerciantes al verla les ofrecieron sus productos sin querer nada a cambio. Había mujeres y niños, bailando o tocando instrumentos, estos también quedaron deleitados con la presencia de Lena.
—Su cabello se ve muy hermoso, mi señora. —Halagó una de las bailarinas.
Lena le agradeció con una sonrisa, a su lado Raenix miraba a sus alrededores con preocupación.
—¿Es un ángel, verdad? ¿Tienes alas? —Preguntaba un niño con curiosidad.
—Cállate Rinji, eso es solo otra exageración de los cuentos. —Contestó una niña más grande.
Esto le hizo gracia a Lena, los niños se ofrecieron a tocar sus instrumentos y a enseñarle a bailar. Lena sintió timidez, pues no tenía experiencia en baile pero no quería negarse para no caerle mal a la gente.
Los tambores y las flautas sonaban mientras le enseñaban a Lena mover sus brazos con elegancia al compás de las caderas, una anécdota que la hizo divertirse bastante.
Taiyo la dejó bailando y charlando con la gente a lo que iba a buscar unas cosas. Raenix miraba con atención a la gente que se acercaba a Lena, no creía que estos espantos pudiesen ser tan amables.
De repente la vista de la espectro se centró sobre una joven que miraba a la Ángel con rabia y envidia, Raenix se puso alerta en cuanto la mujer se fue acercando a Lena.
—Oye, esta chica lleva rato matándote con la mirada. —Avisó Raenix.
Lena le quitó la atención a los niños y sus juegos para fijarse de la presencia de una esclava del Palacio que conocía.
—Leuce. Que gusto volver a verte.
La esclava no reaccionó de igual forma.
—A mi me gustaría decir lo mismo. —Bufó Leuce con disgusto. —Veo que en ti abunda el ego, pero siempre finges ser una niña buena como todos los ángeles, que no rompen ni un plato. A mi amo nunca le agradaron ese tipo de personas, no entiendo porque tu...
Las personas de alrededor comenzaron a sentirse incómodas, no apartaban sus miradas de Leuce o de Lena.
A pesar de su posición de esclava, todos sabían que Leuce era la amante favorita del rey de los muertos, y nadie más que ella se había encargado de expandir esa información. Llevaban juntos tanto tiempo que les sorprendía que Leuce y Rai no se hubiesen casado.
Después de la derrota de Mistral, además del primo de Rai, Leuce también era candidata para poseer el anillo de haberse casado con Rai.
Pero llegó Lena a cambiarlo todo...
—Te lo dije una vez, entre Rai y yo no hay nada personal...
—¡Deja de mentirme, serpiente cizañosa! —Interrumpió Leuce con ira.
—Esto se va a poner bueno. —Comentó Raenix con emoción.
—Eres tan tonta... inexperta, tu cuerpo ni siquiera es bonito ¿¡Cómo rayos se fijó en ti!? —Exclamó Leuce histérica.
Lena no supo como responder ante los insultos, quería evitarlos al mantenerse calmada, pero al parecer Leuce se sentía amenazada.
—Pero no te preocupes, estoy seguro de que el pronto se cansará de ti y volverá a mis brazos. —La esclava trató de humillarla.
Pero Lena comenzó a molestarse.
—Responde Lena, responde... —Animó Raenix.
—Me importa poco las inseguridades que tengas, Leuce, si tanto dices que Rai te ama entonces deberías quedarte callada. —Pronunció Lena con firmeza. —Te recuerdo que no hablas con una consorte, hablas con la Guardiana del Inframundo y debo protegerlos de quien atente su integridad.
—No lo entiendes...
—Puedes ser esposa de Rai e incluso darle hasta 20 hijos, pero yo seguiré siendo superior a ti. —Recalcó Lena, y todos la apoyaron porque tenía razón.
Leuce gruñó una última vez antes de irse.
Rai respetaba a Lena, todos lo sabían porque el anillo no podía serle entregado a cualquiera.
Taiyo vio toda la escena desde lejos, y no pudo evitar sonreír satisfecho.
Había elegido a la reina indicada.
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