—¿Qué tan alto es su poder? —Preguntó Rai.
El comisionado que Rai mandó a investigar sobre los poderes de la chica Ángel fue Taiyo, quien se encontraba teniendo una reunión con su amo en el Gran Salón.
—Del nivel que es mejor tenerla como aliada, que como enemiga. —Confesó el demonio esquelético. —No lo ha manifestado por completo, eso sí. Pero si con lo poco que ha podido mostrar venció a casi todo el ejército...
—¿Puede acabar conmigo?
—Por ahora no... Oh, bueno ¿Fue capaz de vencer a su hermana Mistral, no? Entonces usted no está muy lejos. —Comentó Taiyo con cierta gracia.
—¿Crees que esto es gracioso? —Reaccionó con enojo.
—Mire el lado bueno, lo supimos antes que Cheshire. El no hubiese dudado en mandarlo a matar a usted a través de ella.
—¿Cómo hago para que no manifieste más sus poderes? Temo que crezcan más y que puedan acabarme. —Rai se mostró pensativo. —Y matarla no es opción.
—Exacto, no solo aumentará la ira de la chica sino también la de los Guerreros. —Concordó Taiyo. —Hay una manera de ponerle un paro, pero necesito de su compromiso, amo.
—¿Cuál es?
—Que apagué su alma. —Reveló el demonio esquelético. —Que de Guerrera solo tenga el título, encarguese de desaparecer su instinto de pelea, hágala dependiente de usted. No la encierre ni la maltrate, el dolor solo la hará más fuerte. Me explico, debe sacar su lado...
—¿Débil?
—Y sensible, si. —Complementó Taiyo.
—Será sencillo. —Asumió Rai decidido, y sin más estuvo a punto de retirarse.
—Amo... —Con algo de temor, Taiyo llamó a su rey antes de que se fuera. —Lamento si es muy imprudente, pero me gustaría educarla personalmente si no le molesta...
—Buena idea. —Accedió Rai sin dudarlo. —Confío en que tu harás su alma más sumisa.
Taiyo se arrodilló frente a su rey como signo de aprobación.
...🖤...
Apenas Lena se mejoró le fue permitido pasear por el Palacio. Lo primero que hizo fue irse en busca de Raenix, los guardias se ofrecieron a acompañarla, pero Lena lo negó. Compartía una conexión con Raenix, y su presencia era fácil de rastrear, desgraciadamente.
Los pasillos del Palacio no tenían nada de relevante para ella, eran los mismos pilares oscuros iluminados por la tenue luz de una vela, un estilo un poco ambiguo, parecía que aquí aún no conocían las luces eléctricas.
Algo raro considerando que Rai controlaba la electricidad, y ella no lo supo hasta que la atacó con el shock eléctrico.
En el ambiente se percibía ese escalofrío digno de un infierno, junto a los murmullos y gritos de las almas que se oían de vez en cuando. Esto no perturbaba mucho a Lena, o a su querido Mosaico, salvo los recuerdos que le traía de su infancia donde era normal escuchar los gritos de algún loco.
Mayor fue su sorpresa cuando llegó a una sala que estaba repleta de personas. Hombres y mujeres, esclavos que servían en el Palacio del Infierno.
Al notar la presencia de Lena todos voltearon a mirarla, y no precisamente con curiosidad. La mayoría, sobre todo las mujeres, la miraban con desprecio.
Al Ángel no le importó, siguió su camino siendo guiada por su instinto.
Más no fue sorda ante los murmullos.
—¿Quién se cree que es?
—Se cree especial porque el amo la trajo en brazos.
—¿Creen que el amo se casará con ella?
—Obvio no, porque se casará conmigo.
—¿Qué le vio nuestro amo?
Pobrecitas, pensó Lena. Ellas solo temían que Rai les dejara de prestar atención.
Sin embargo, una de las mujeres que murmuraba cosas de Lena desprendía con su mirada tanta maldad sobre ella que comenzó a atormentarla. Lena le dirigió la mirada y pudo ver la envidia en persona.
El Ángel se acercó a la mujer que la observaba con tanta rabia, y ni así abandonó apagó el desprecio de sus ojos.
—¿Cómo te llamas? —Cuestionó Lena.
La mujer se negó a responder por un momento, pero viendo que eran observadas por muchos decidió ser educada.
—Leuce... —Murmuró. —¿Tú quién eres?
—Tranquila Leuce, puedes estar tranquila. Rai es todo tuyo. —Aseguró Lena, sorprendiendo no solo a Leuce sino a todas. —Puedo afirmar que el no me quiere, pero eso no me rebaja como a todas ustedes.
No obstante, Leuce vio esto como una ofensa hacia su señora.
—Insolente, ¿Cómo te atreves a llamar a nuestro amo por su nombre? —Recriminó la sirvienta.
—Puedo decir que es un cruel hijo de puta, y andaré como si nada. —Dijo Lena con una sonrisa maliciosa.
Esa confesión le cayó mal a varios, y Lena solo podía sentir pena por ellos. No conocían la libertad, menos que había cosas más importantes por las que vivir, en vez de un niñato al que llamaban amo.
El Ángel se retiró de ahí y siguió su rumbo hacia las profundidades del Palacio, donde Raenix estaba encerrada en una barrera de cristal.
—Al fin apareces, me tienen como si fuese el hueso de una aceituna. —Exclamó la espectro.
Lena le ordenó a los guardias que la sacaran de ahí, y ellos no se quejaron pues estaban cansados de "vigilar a la nada".
—Eres libre Raenix. —Decretó Lena cuando el cristal se quebró. —Más que yo en realidad.
—¿Qué dijo el imbécil de Rai? ¿Nos dejará ir? —Preguntó Raenix.
—Querrás decir si me dejará ir, tu puedes irte cuando quieras. Y no, la verdad no sé... creo que me tiene miedo.
—La Muerte de tiene miedo, vaya ironía. —Raenix rió a carcajadas. —¿Crees que Elyurias causaría un miedo así? Muero por ver la cara de Cheshire cuando lo sepa.
—Sabes que eso no es relevante. —Dijo Lena decaída mientras salian del calabozo. —Si te soy honesta no es como que quisiera irme, ¿Qué haría en la tierra? Nadie quiere mi protección... nunca pertenecí a ningún lado realmente, a veces me gustaría saber donde pertenezco, donde puedo encajar...
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