El Contrato con La Muerte. (Editado)

Rai tenía muchas razones para odiar a los mortales, ser la Muerte no era una de ellas.

Los humanos eran unos estúpidos, corruptos a la más mínima oportunidad con tal de satisfacer su propio egoísmo. A su percepción, eran los que menos merecían el privilegio de poseer una "vida". Algunos ni siquiera la valoraban y acababan con ella.

Aunque bueno, esas características no sólo la tenían los humanos, los ángeles sin duda los superaban con creces en cuanto a egoísmo. Eran crueles si se lo proponían, les sonreían a su pueblo para después apuñalarlos por la espalda. Era un alivio que los ángeles se extinguieron muerto hace mucho.

Pero hasta ahí, la perspectiva de Rai no pasaba de la desaprobación y ya. En cambio, su hermana Mistral les juró venganza, y una una sed insaciable por dominar toda la Megapolis a cualquier costo creció en ella.

Rai no la apoyaba, pero tampoco la detuvo.

El reinado oscuro de Mistral sobre la Megapolis duró muchos años, Rai se atrevió a visitarla sólo una vez en la oprimida Capital de Phoebe y se sorprendió de ver un segundo Inframundo; lloraban personas, vivían aterradas y la mayoría sufría de hambre, una de las peores torturas.

La dictadura de su hermana duró hasta que los Ángeles Guerreros de la Paz reencarnaron en 9 adolescentes que llegaron a derrotar a Mistral, y como castigo la encerraron en la prisión más profunda del Inframundo.

Rai no apoyó a los ángeles, pero tampoco los detuvo.

La paz volvió a la Megapolis y a Rai no le podía importar menos. Pero obviamente no podía estar tranquilo en su palacio alejado del mundo, alguien le tenía que fastidiar.

Ese fue el irritante de Cheshire, un ángel que de angelical no tenía nada.

Cheshire quería que el Inframundo y la Megapolis estuviesen "unidos" para evitar futuras represalias. No obstante, Rai sabía que esa "unión" en realidad era un control que quería Dios sobre los infiernos. La Muerte no supo cuántas veces lo mandó a la mierda, hasta que una vez Cheshire le ordenó ir a una reunión al Templo de Phoebe, no por orden suya, sino por orden de Starling, la nueva Dios.

Obligado, Rai llegó al Templo donde consiguió algo bastante curioso. Cheshire tenía una discusión con los Guerreros de la Paz, pero el disgusto del ángel estaba fijo en una muchacha rubia que lo miraba aturdida.

—¿Quién es la reencarnacion de Elyurias? —Preguntó Cheshire de forma amenazante.

Todos miraron inconscientemente a Lena. Cheshire la analizó con la mirada, de pies a cabeza y cada segundo que pasaba su expresión se tornaba más despectiva hacia la ángel.

—El maldito piensa que ocultarse en el cuerpo de una mujer minimizará sus errores. —Dicho eso, Cheshire la empujó con desprecio.

—¡Cheshire! Que sea una reencarnación no significa que sea él. —Objetó Starling, tratando de evitar una pelea.

—No me importa si es él o no, lo que importa es que una parte de esa escoria está aquí sin merecerlo. —Expresó Cheshire molesto. —Elyurias solo era un maldito cobarde que metió en problemas al grupo. Más de una vez...

—Y-Yo no sé qué conflicto tuvo con mi antepasado, señor Cheshire. —Habló Lena para defenderse. —Pero eso no significa que deba faltarme el respeto.

Los ángeles la vieron sorprendidos por su reacción. Por otro lado, Cheshire se rió en forma de burla soltando una sonrisa tan espeluznante que erizó la piel de todos.

—Tú, pequeña insolente, no deberías estar aquí, ¿Y sabes por qué? Porque Elyurias, además de cobarde, nunca tuvo poder alguno. —Cheshire comenzó a descargar su ira sobre la joven. —La sangre de Lis era el vivo fuego de la gloria, la presencia de Dionisia iluminaba los rincones más oscuros, de la música de Florian el viento llegaba puro a los pulmones, Aniketo controlaba las aguas y favorecía los viajes, ¿Y qué decirte de Dixon? Su sabiduría no tenía límites, uno de los mejores médicos junto a su fiel compañero Karan, guardián del tiempo y la tierra. MaKarí escuchaba a los animales, y luego estaba Hilaria, la única que se adentraba a los horizontes helados en busca de fortalezas... ¿Y Elyurias? ¿Qué era lo que daba? Solo daba lágrimas, y cualquier enemigo que reconocía su debilidad lo utilizaba amenazándolo con su mayor miedo: la Muerte.

Oh, Elyurias...

Rai lo recordaba bien, más de una vez su padre Grendol llegó a contarle de ese ángel que aparecía temblando en el Palacio de las Sombras y decirle los chismes de la Megapolis a su abuelo Erlik. Su abuelo fue otro lunático que se obsesionó con conquistar al mundo, aunque nunca lo logró.

—Así que te vuelvo a preguntar, a comparación de tus amigos... ¿Tú qué aportas al grupo, Lena? —Le preguntó Cheshire, menospreciando a la ángel delante de todos.

—Lena es muy importante. —Encaró su amiga Bea, la ángel del fuego, cansada de tal humillación. —Ella no necesita de ningún poder para ser especial.

—¡Ja! Ustedes apenas son unos niños, no saben a lo que se enfrentan. —Argumentó Cheshire incrédulo antes de irse. —Yo si, y no pienso vivir esa desgracia otra vez. Si quieren que los apoye, deshaganse de Elyurias.

—Señor Cheshire, no puede pedirnos tal cosa… —Opusó Haiden, el ángel del hielo.

—No pienso desperdiciar mi tiempo y saliva en alguien que sé que lo destruirá todo.

Cheshire no escuchó más, ese fue su veredicto y nadie lo haría cambiar de opinión, ni siquiera Dios que tenía la autoridad más alta. Rai miró a la reencarnación de Elyurias, no sabía porque verla indefensa y humillada la hacía lucir bastante tierna para su gusto.

En ese momento, Rai tuvo una idea.

La Muerte se encontró con Cheshire y Starling en el salón del trono para llevar a cabo su reunión, y el ángel de cabellos azabache no pudo evitar sorprenderse de verlo presentarse.

—Rai, me alegra que estés aquí. Te presento a...

—Me aliaré con ustedes. —Soltó Rai interrumpiendo a Cheshire.

Starling y Cheshire reaccionaron impresionados, después de haber preparado extensos discursos para poder convencer a la Muerte estos no sirvieron de nada. Ambos cruzaron miradas sin saber qué decir.

¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

—¿Por qué...?

—¡Eso es increíble! —Cheshire no dejó hablar a su Dios.

Ella lo miró molesta, aunque él tenía sus razones, no iban a desaprovechar una oportunidad así.

—Solo con una condición. —Impuso Rai, ahí fue cuando les entró el miedo. —Yo quiero elegir al guardián.

—Por supuesto. —Accedió el ángel sin problema. —¿A quién quieres?

—A la reencarnación de Elyurias.

Starling observó preocupada esa propuesta. Sin embargo, Cheshire sonrió tan satisfecho que aceptó sin dudar el trato que alejaría a la reencarnación de Elyurias del grupo para siempre.

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