Amor y Deseo.

La desaparición de Zay le trae mala espina a Rai, el cuerpo de Zanobar hecho puré y sin rastros de su primo hacían las cosas claras. Todo el día ordenó buscarlo hasta por debajo de las piedras, cualquier cosa que indicara su paradero, incluyendo el veredicto de algún testigo.

Pero no había nada, como si fuese polvo el viento se lo llevó sin dejar rastro. Esta situación no podía quedar impune. Más asuntos requerían su atención, pero por el cansancio de buscar todo el día los dejó de lado. Necesitaba relajarse, y en todo el día no dejó de pensar en un ángel de cabellos como el sol.

Rai escucharía lo que su cuerpo pedía, así que fue a la habitación del ángel donde la encontró pintando las paredes. El rey se quedó observándola, sus expresiones y movimientos con el pincel la hacían ver tan tierna y elegante a la vez. Miraba con ansias esas delicadas manos deseando que lo tocaran a él...

—¿Qué haces tú ahí? —Cuestionó la rubia sin apartar la vista de la pintura.

Rai sonrió por aquel instinto.

—Observo tu belleza. —Se sinceró.

Esa respuesta sorprendió a Lena, frunció el ceño confundida al no saber de dónde venía tanto cariño.

—¿Estás bien?

—Lo estoy... o eso creo. —Afirmó Rai no muy convencido.

Lena se rió, dejó de pintar para dirigirse junto a Rai, pero accidentalmente activó su percepción oculta, y aunque no vio un alma si distinguió un rastro sospechoso de color verde que rodeaba el pecho y el cuello de Rai. Con curiosidad, Lena tocó el pecho del hombre y escuchó una voz femenina reconocible.

—Eres tan tonta... inexperta, tu cuerpo ni siquiera es bonito ¿¡Cómo rayos se fijó en ti!?

¿Leuce?

—¿Qué tienes? —Cuestionó Rai al ver a Lena actuando raro.

—N-Nada. —Evadió Lena.

Según Taiyo, nadie podía descubrir que tenía los poderes del anillo. Desconocía la razón, pero prefería no saberlo.

¿Acaso Rai estuvo con Leuce? Pues si su percepción no fallaba, de eso no cabía duda.

—¿Por qué estás triste? ¿Sucedió algo malo? —Preguntó Rai al ver a Lena entristecerse de repente.

—No pasa nada, todo está bien. —Lena se alejó para lavar sus manos de pintura. —Si eso es todo lo que viniste a hacer, puedes retirarte.

—¿Por qué estás molesta? —Rai se acercó a ella y la tomó del brazo con suavidad, pero Lena se apartó.

—¿Por qué yo, Rai? ¿Por qué me buscas? —Exclamó la ángel con disgusgo. —Debes tener a millones de mujeres a tus pies, todas mucho más bonitas que yo. En cambio a ti te obligaron a tenerme...

—Yo pedí tenerte. —Aclaró Rai, sorprendiendo a la rubia. Ella juraba que estaba ahí porque simplemente no la querían.

—¿De verdad? ¿Tú me elegiste?

—Lo hice. Te vi y no pensé en alguien más digno para cuidar el Infierno. —Rai se acercó nuevamente a la chica y comenzó a acariciar sus hombros. Una de sus manos fue subiendo hacia sus mejillas. —Tú eras la más hermosa de todos, y siempre lo serás... así que porqué no te calmas y me dejas ver tus alas.

Con suavidad el demonio sujetó al ángel hacia su rostro para besar sus labios, Lena trató de dejarse llevar pero el olor y los rastros que emanaba la presencia de Leuce le causaban incomodidad. Cuando Rai quiso quitarle el vestido, Lena apartó de un empujón.

—¿Pero que...?

—No soy tu maldito polvo exótico. —Rai se sorprendió al escucharla maldecir. —No me busques para estas cosas, no quiero eso para mi. Mejor vete con... otras que si están dispuestas a que juegues con ellas.

Rai seguía confundido, hasta que recordó que Taiyo lo había atrapado con Leuce y a lo mejor se lo dijo a Lena. Ahora el rey no sabía como convencer a la Ángel de no sentirse así.

—Esas mujeres... esa mujer no es nada para mí. —Aseguró Rai. —Tú eres la única.

—Se lo debes decir a ella también. —Lena evitó el contacto visual y se cruzó de brazos.

—No lo hago, y no me creas si no quieres. —Rai comenzó a molestarse por el berrinche. —Te he dado lo que fácilmente pude haberle dado a alguien más, pero preferí dártelo a ti porque te vi digna, ¿Y así me pagas?

—¿Digna de qué? —Enfrentó Lena viéndolo a la cara. —¿Del cargo de Guardiana, del Palacio, del anillo? Pagar por esas cosas no me importa porque yo nunca las pedí.

—¿Entonces qué mierda es lo que quieres?

Quiero que alguien me ame...

Era lo que Lena quería gritar, pero sentía que era muy imprudente de su parte. Solo bajo la mirada con tristeza y le dio la espalda a un Rai confundido, tanto por las emociones de ella como por las suyas propias.

—Tú me salvaste. De una forma u otra, me salvaste. Me hiciste vivir. —Pronunció la ángel con voz suave. —Y siento que mi misión es salvarte a ti...

Rai escuchó eso y su primera reacción fue reírse a carcajadas.

—¿Salvarme? ¿De qué? —Le cuestionó incrédulo. —Yo puedo defenderme solo. De los dos, yo soy el más poderoso. Si algo me llega a vencer, lo cual dudo, te vencerá a ti con mayor facilidad.

—No entiendo, si quieres que gobierne junto a ti ¿Por qué me menosprecias cada vez que lo propongo? —Cuestionó Lena encarándolo de una vez más.

—Cada cosa tiene su orden, y sus límites. —Determinó el rey con seriedad. Él no estaba listo para compartir su trono con alguien. —Solo quiero estar bien contigo, Lena, como compañeros...

—¿Así que te acuestas con tus compañeros? Ahora todo tiene sentido. —La rubia rodó los ojos y quiso caminar hacia la salida.

—¡Ven aquí! No puedes hacerme esto...—Rai la sostuvo del brazo. —Tú eres mi reina, solo tú. Dejaré de ver a todas las mujeres del infierno si tu me lo pides, pero por favor ya basta.

Lena lo miró con intriga, y pensó bien en esa propuesta.

—¿Cualquier cosa?

—Solo pídelo.

Lena lo miró a los ojos, y con todo el afecto que sentía dijo lo que su corazón anhelaba desde hace años, pero por más que buscara el amor que llegaba a ella le era arrebatado. Quería amar a alguien, que alguien la amara...

La ángel reconocía que tenía un corazón herido, y que este tenía una cura.

—Me gustaría... que me enseñaras lo que es el amor. —Pidió con sus ojos al borde de las lágrimas.

Rai lo tomó como una insinuación, sin pensarlo rodeó con sus brazos el cuerpo de la ángel que el consideraba que tenía comiendo de su mano y la apegó a su cuerpo.

—Lo que mi reina pida. —Le susurró al oído.

Rai la cargó y consecutivamente la recostó sobre la cama para ir quitándose la ropa. Lena admiraba el cuerpo de La Muerte, que aunque no fuese alto y musculoso provocaba atracción. Con la ida de la ropa también desapareció la esencia de Leuce, lo que hizo para Lena una experiencia más cómoda y no había obstáculo para creer en las palabras de Rai.

El hombre se subió a horcadas sobre ella mientras distinguía con detalle el cuerpo del ángel, juntaron sus labios en un profundo beso a la vez que Rai buscaba como quitarle el vestido.

Sus acciones no se profundizarán más, por que bueno, a la autora no la animan tanto para hacerlo...

...🖤...

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Comments

Vanessa Ibáñez Fernández

Vanessa Ibáñez Fernández

noooooooooooooooooo!!!!!!

2024-03-16

1

Vanessa Ibáñez Fernández

Vanessa Ibáñez Fernández

mmmm a estas alturas nose yo quien tiene a quien comiendo de su mano jajajajajajajajaja

2024-03-16

1

Julia Monta88lvan

Julia Monta88lvan

porqueeee!!!/Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob/
Yo estaba esperando este momento para nada ....
Bueno igualmente la trama sigue buenisima, como siempre esta espectacular, me encamta esta historia y el como se va desenvolviendo
pero igual.....pq/Sob//Sob//Cry//Cry/ me pase toda la madrugada leyendo y esperando este momento(aunque no se pq no apoyan mucho esta historia ,esta re buena )

2023-12-24

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